Ha pasado un largo tiempo desde que Bianca y Donka emprendieron su viaje a Searriver. Habían intentado tener pausas breves y constantemente llenaban sus cantimploras con agua del río. Todo iba de maravilla hasta que llegaron al humilde y pequeño pueblo bajo el mandato de Mazeriver, donde debieron dejar al Curuxa amarrado a una distancia prudente del hostal de Adelina. Y aunque solo debían caminar unos cuantos metros, para ambas la distancia se hizo más larga, puesto que el viaje les había dejado realmente agotadas.
-Bien, procura comportarte -le advirtió Bianca alzando los nudillos frente a la puerta. Era una de las pocas veces en las que le había dirigido la palabra a la hija de Tobel-. Debo darles una información importante.
-Sí, no te preocupes -le tranquilizó la mujer de gafas, llevándose el dedo índice a los labios.
Bianca suspiró para calmarse un poco y tocó la puerta algo nerviosa. No tuvo que esperar ni un minuto cuando Niara le abrió la puerta, sorprendida de volverle a ver y con algo de miedo en la mirada que le costaba mantener en alto.
-Bianca, veo que vienes acompañada... -dijo Niara ladeando la cabeza, y luego bajándola hasta el suelo.
-Lo explicaré frente a todos, no pienso repetirlo dos veces -Fue la precisa respuesta de Bianca, que produjo que Niara se hiciera a un lado, dejando pasar a ambas muchachas y cerrando la puerta tras ellas.
Apenas Bianca y Donka ingresaron al hostal, la princesa menor de Mazeriver notó la ausencia de Colin en la mesa, pero no fue capaz de preguntar por él, pues las preguntas empezaron a llover de una en una.
-¿Dónde están Zen y Tristán? -se interesó Leila.
-¿Quién es la mujer a tu espalda? -agregó Roselius.
-¿Pasó algo malo? -añadió Niara.
Bianca tomó aire para empezar a explicar la extraña situación en la que estaba involucrada.
-De camino a Glazerunner nos encontramos con esta chica -le presentó Bianca con ambas manos en la cintura-. Su nombre es Donka, es la hija de Tobel.
-¿Qué? -preguntó Arthur-. ¿Su hija?
-Llegamos con ella a Glazerunner, luego se pueden presentar personalmente con ella si quieren -prosiguió la princesa-. En fin, los reyes aceptaron darnos tropas, pocas pero una cantidad decente. Ellos van directamente a Mazeriver. Y nos mandaron a nosotras a buscarles, para que nos encontremos con Tristán en la entrada de Mazeriver. Él y Zen llegarán con las tropas.
-Espero que estén bien -comentó Adelina en voz alta.
-Sí, ahora deben preparar sus cosas para marcharse de este lugar -les ordenó Bianca con la precisión que le caracteriza-. Lleven sus armas y los objetos que necesiten. Avísenle a Colin también que debe prepararse. Él tiene una daga, ¿no?
Bianca examinó a Roselius, Renra, Petrus y a sus hermanos. Todos se veían muy tensos por alguna razón, como si estuvieran ocultando algo importante. Y justamente es una de las cosas que ella realmente odia: la mentira.
-¿Qué pasa con ustedes? -preguntó sin darle muchas vueltas, pensando que Colin podría estar en alguna habitación o concentrándose por usar su anillo. Para sorpresa suya todos se miraron con nerviosismo, situación que le asustó un poco.
-Bianca, hay algo que tenemos que explicarte -Adelina se atrevió a hablar, aunque su voz temblaba un poco-. En la ausencia de ustedes tres... pasó algo grave. Muy grave.
-¿Qué? -Bianca estaba cada vez más intrigada-. ¿Qué pasó?
Leila suspiró y tuvo el valor para decirlo.
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Los nueve descendientes II
FantasiaSegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
