Capítulo 28: "La dolorosa verdad"

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Arthur estuvo por más de una semana intentando quitarle el pañuelo a Zen, el cual se lo colocaba en el pantalón cada día para que su hermano intentara quitárselo, y aunque era algo sumamente básico, Arthur estaba haciendo planes con el motivo de  conseguir el pedazo de tela para empezar el entrenamiento.

El inexpresivo chico dejaba el pañuelo la mayoría del día a la vista, y Arthur no lograba su objetivo. Mientras Bianca se burlaba de lo estúpida que era aquella misión, aunque tenía muy claro que Zen lo hacía por algo en especial, pero no sabía por qué exactamente.

-¡Agh! Ya casi... -murmuraba Arthur, intentando quitarle el pañuelo, en tanto su hermano se movía de lado a lado, haciendo bailar la tela sobre su pantalón.

Zen bostezó burlón y siguió moviéndose, en tanto Arthur iba de lado a lado para conseguir el objeto. Su hermano mayor era rápido, pero aún así Arthur estaba por alcanzarlo en ciertas ocasiones.

De pronto el menor se dio cuenta de lo que tenía que hacer y sonrió maliciosamente, pues su idea se le ocurrió justo a tiempo.

Ya era de noche, y Arthur ingresó a la habitación de Zen observando como él dormía sin desordenar las mantas que le cubrían. "Es ordenado hasta para dormir" pensó Arthur, y luego sacudió la cabeza para concentrarse otra vez en su meta: Quitarle el anillo a Zen para atacarle fácilmente durante el día, pero... ¿cómo lo haría sin despertarlo?

Lentamente se acercó a las mantas y tocó el anillo de este, comenzando a sacarlo despacio de su dedo, pero cuando estaba por pasar su yema, los ojos de Zen se abrieron de golpe, provocando que Arthur se sobresaltara, retirando por completo el anillo de su dedo.

-Qué idiota... -maldijo Zen en voz baja. Y Arthur aprovechó de ponerse el anillo de super velocidad en la mano izquierda para correr hacia la puerta de la habitación, pero al usar el anillo de su hermano no tardó en estrellarse contra la pared, sin ser capaz de controlar la velocidad-. Insisto. Qué idiota.

Arthur hizo un pequeño puchero en tanto Zen le regañaba, y este no pudo evitar ver a Alan reflejado en el chico de parche, lo que le dio un poco de miedo. Pero ante la amenaza de Zen, este le devolvió su anillo.

-Fracasaste... Pero admito que fue una buena jugada -dijo Zen, estrechando la mano derecha de Arthur-. Pero por si no te das cuenta... es de madrugada, y odio que me interrumpan mientras duermo.

Al decir esas palabras, Zen apretó muchísimo más la mano de Arthur, dejándola un poco roja.

-L-Lo siento... -se asustó Arthur, y Zen le dio la espalda, acomodándose en la cama.

-Cierra cuando salgas.

Arthur salió del cuarto aún algo tenso por la amenazadora actitud de Zen. Y caminó hacia su habitación, sin dejar de pensar cómo podría conseguir el pañuelo. Pero de pronto una extraña sensación de vacío le invadió...

Su anillo no estaba.

Regresó de inmediato hacia la puerta de Zen, intentando abrirla, pero este había puesto seguro desde adentro. Pensó en tocar la puerta para pedirle su anillo de vuelta, pero se arrepintió, ¿acaso Zen pensaba provocarlo?

"Recuperaré mi anillo, y también ese maldito pañuelo" pensó Arthur, intentando idear algún plan para conseguir ambas cosas y darle su merecido a Zen por lo que hizo.

[...]

Karine despertó muy temprano para atender ciertos asuntos. Y Magnus, aún un poco adolorido por la situación de su herida, recién se levantó de la cama. No tardó nada en arreglarse para buscar a su esposa por el castillo, pero en lugar de hallarla a ella, terminó encontrándose con Yamir, que circulaba cerca de la entrada principal junto a otros uniformados.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora