Capítulo 53: "Huele a peligro"

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El campamento al interior del bosque ya estaba casi listo para llegar al castillo y atacar, esto gracias a las órdenes del príncipe Tristán de Avelion, que se dedicaba a aplicar las técnicas de lucha en sus soldados.

En ese tiempo, Arthur y compañía no habían dicho palabra de la muerte de Colin. Creían que lo mejor era esperar a que todos los hermanos estuvieran reunidos para charlar de aquello. Y en tanto, Tristán y Zen tampoco preguntaban mucho, ya que estaban centrados en preparar las tropas.

En cuánto a los poderes: Arthur ya usaba tan frecuentemente su poder que con el simple hecho de tocar a otra persona le podía curar las heridas de cualquier tipo, Bianca por su parte cada vez gastaba menos energía para los golpes, Zen se volvió tan rápido que apenas se le divisaba al verle correr y Niara cada vez podía interferir de forma más completa en los animales, hasta casi poseerlos por completo.

Pero un día no muy lejano de aquellos, el pequeño dragón que Niara envió había regresado. La princesa de trenza lo recibió de un abrazo y le obsequió un pedazo de pan, segundos antes de que una gigante lengua le bañara el rostro en saliva: Era Blue, que venía con Alan y Adelina sobre su lomo, un poco más atrás Erinko llevaba a Leila y Petrus, y por último Renra iba en el Curuxa.

-¡Llegaron! -gritó Niara llena de felicidad, abrazando a las criaturas y luego a sus compañeros, que no tardaron en bajar de los animales-. ¡Los chicos llegaron!

Al oír los gritos de Niara en la lejanía, el resto se acercó para recibir a los recién llegados. Bianca, Roselius, Arthur y Tristán saludaron a sus compañeros con una sonrisa de oreja a oreja. Excepto Zen que se limitó a saludar a la distancia y muy serio.

Luego de que los visitantes acomodaran sus cosas y las criaturas fueron alimentadas, todos ingresaron a la carpa del príncipe de Glazerunner y se sentaron en círculo para platicar de todo lo que había sucedido en este período de tiempo. Pero debido al desorden y la cantidad de personas que habían llegado, Tristán no notó de inmediato la ausencia de Colin, pero Zen sí.

-¿Qué pasa, Zen? -preguntó Leila-. Te ves más serio de lo...

-¿Y Colin? -le interrumpió en tono autoritario, provocando que todos se miraran con los ojos muy abiertos.

-Oh, es cierto -Tristán se veía preocupado-. ¿Dónde está?

Todos menos Tristán y Zen se quedaron en completo silencio, intercambiando miradas de preocupación. Ninguno se atrevía a hablar por miedo a explotar en llanto, hasta que tras dudarlo mucho, Niara lo confesó:

-Colin se ha ido -confesó la chica de trenza, notando que se le desfiguró el rostro a Tristán-. ¡Colin fue... Él fue asesinado por esos malditos demonios!

El príncipe de Glazerunner se quedó aturdido, sintiendo un leve mareo que casi le hace caerse de espaldas. Mientras que Zen, a pesar de su constante seriedad, parecía un poco sorprendido respecto a la noticia.

-Debe ser broma... -se negaba a creer Tristán-. No pudo morir... Colin no...

-¿Quién lo hizo? -preguntó Zen con más furia que nunca.

-Fue Urasías, el demonio del toque de la muerte -aseguró Renra, en tanto Tristán temblaba de pena-. Tocó a Colin y yo... Llegué tarde con Arthur al hostal, solo conseguí cortar una de sus malditas manos antes de que asesinara a Alan también.

-¿Y? No me basta eso -se apresuró en decir Zen, cruzando los brazos con impaciencia, casi desesperado-. ¿Qué fue exactamente lo que pasó?

-Colin era el más puro de todos nosotros... ¿por qué él? -se preguntaba Tristán para sí mismo, con la voz temblorosa por el llanto que intentaba contener.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora