Yamir había terminado su turno. Eran cerca de las seis de la mañana, y pensaba ir a ver a la princesa Karine a la biblioteca, en caso de que ella necesitara de su ayuda. Inconscientemente estaba haciendo caso a las palabras de Tristán, aunque pensara que él se había vuelto loco.
Pero antes de tocar la puerta para entrar, reconoció la voz de Magnus al interior del salón, por lo que retrocedió instantáneamente, pensando que estaría charlando con la muchacha.
-Así que hoy saldrá de la aldea... -reconoció la voz de Magnus-. Muy bien. Justo a tiempo diría yo...
-¿Qué harás? -escuchó una segunda persona. Era una voz femenina y profunda, pero Yamir estaba totalmente seguro de que no se trataba de Karine.
-Es mi hermanito... Me corresponde darle una sorpresa, ¿No es así? -escuchó a Magnus nuevamente-. ¿Nada más que reportar?
-Ah, sí... -respondió la mujer-. No sé si sea muy útil, pero hay una chica que se ve bastante cercana a él.
-Puede servir, ¿Cómo se llama? -preguntó el rey.
-Por lo que he escuchado se llama Renra Mingonar, es hija del líder del pueblo élfico -replicó la chica.
-Interesante... Así que una elfa -comentó Magnus-. ¿Sabes qué beneficios tendrán los líderes élficos?
-Tienes que estar bromeando... No me digas que piensas casarte con una elfa ahora -le regañó la muchacha.
-No sería capaz de involucrarme con esa raza de ladrones. Solo terminaría por perjudicar mi imagen -aclaró Magnus en tono burlón.
-Y eso es lo que menos debes hacer ahora -le advirtió ella-. Además, tendrás todas las mujeres que quieras al tener los tres reinos bajo tu dominio, y eso pasará cuando te decidas a cumplir lo que te corresponde con tu querida esposa.
Al oír aquello, Yamir pegó su oreja a la puerta aún más, asumiendo que estaban hablando de la reina Karine.
-No tenemos toda la vida... ¿Cuando piensas hacerlo? -preguntó ella.
-Pronto... Tienes que ser paciente, aún no es el momento -escuchó que respondió el rey.
-No me digas que de verdad te estás enamorando de ella... Porque si es así, voy a golpearte por imbécil -asumió ella, al mismo tiempo que Magnus soltó una carcajada.
-Claro que no, Abrahela, ni de broma me enamoraría de ella... -respondió-. Es una inútil. No sabe defenderse, y apenas debe tener claro cómo tomar un arma.
Tras oír aquella conversación, Yamir quiso presionar al rey y asegurarse de ver con quien hablaba, por lo que con muy poco valor llamó a la puerta con dos golpes suaves, intentando no sonar desesperado.
-Disculpe, su alteza -dijo Yamir-, pero el desayuno está listo. Se va a enfriar si no llega pronto.
-Ah, claro, abriré en seguida -respondió este, produciendo cierta inquietud en Yamir, el cual pudo notar que Magnus cambió su tono de voz al responderle, llegando a sonar mucho más amable que hace unos segundos.
Yamir dio un paso hacia atrás, en el instante en el que la puerta crujió al abrirse. El escolta hizo una reverencia al verle, y se sorprendió al ver que Magnus salió del cuarto completamente solo.
-Buen día, su majestad -le saludó Yamir, espiando disimuladamente dentro de la biblioteca. Al interior de ella no había absolutamente nadie...
Magnus saludó de vuelta al uniformado, haciendo un ademán con la cabeza mientras se alejaba con una pequeña sonrisa, pero justo en ese instante, Karine apareció desde uno de los pasillos, lanzándose a los brazos de su esposo. Mientras Yamir ingresaba a la biblioteca, para escuchar disimuladamente la conversación entre los reyes.
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Los nueve descendientes II
FantasySegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
