Capítulo 34: "Reunión decisiva"

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Eran pasadas las 2 de la madrugada, y Zen había despertado por los fuertes ronquidos de uno de sus vecinos de habitación: Alan.

-¡Sh! -exclamó golpeando la pared para que su hermano reaccionara, pero los ronquidos se mantenían-. Colin, ¿estás despierto? Ayúdame a callar a Alan -le pidió en voz alta.

Colin despertó ante la queja de Zen y miró a Alan, su compañero de cuarto que roncaba con tal fuerza que a veces sonaba como un ogro gigante.

-Alan... -le nombró Colin frotando sus ojos-. ¿Qué tal si duermes en otra posición? Parece que Zen no puede dormir por tus ronquidos.

Alan seguía dormido.

-Alan -le llamó Colin. Pero este no reaccionaba-. Alan.

-¿Qué? -balbuceó el rubio, sin siquiera abrir un ojo para responder.

-Cállate, Alan -fue la respuesta de Zen desde la habitación de al lado.

Alan hizo un puchero y cambió su posición para dormir. Colin retomó su postura también. Y Zen se relajó. Los ronquidos habían cesado.

Alan estaba a punto de quedarse profundamente dormido cuando nuevamente sintió un golpe en su pared, aunque por el sueño no se percató de que no fue un golpe desde la habitación siguiente, sino que desde las afueras de la ventana.

-Zen, ya dejé de roncar... -balbuceó Alan, y nuevamente golpearon la ventana-. ¡Zen!

-¡No he sido yo, cabeza hueca! -le regañó Zen, y Alan se extrañó.

-¿Qué ocurre ahora? -preguntó Colin aún algo dormido, y otro golpe en la ventana le hizo morderse la lengua del susto.

-Sh... -dijo Alan, intentando escuchar a través de la ventana de madera:

-¿Habrá alguien? -escuchó una voz muy grave. Era un hombre.

-Quizás tocar la puerta a estas horas sea descortés -opinó un hombre de voz un tanto más casual. Ni muy grave ni muy aguda-. Esperemos hasta mañana.

-¿Y qué la espera nos mate? No, gracias -reconocieron una voz femenina, aunque no estaban muy seguros de que se tratara de la persona que creían: Niara.

-Colin, abre la ventana. Yo me encargaré de estos ladrones -dijo Alan.

Al decir eso Alan agarró su querido mazo, y lo inclinó hacia atrás para ganar impulso.

-1...2... -contaba Alan-. ¡3! -Apenas llegó a aquella cifra, Colin tiró de la ventana de madera hacia arriba para abrirla. Y Alan casi por acto reflejo dirigió el mazo hacia el rostro de quien estaba en la ventana: Niara.

Cuando el rubio de largo cabello se percató de que se trataba de su hermana ya no pudo volver a atrás el mazo, pero Petrus se atravesó justo a tiempo recibiendo el golpe, aunque no le afectó en absoluto. Pues como hombre lobo él era muy fuerte y resistente al dolor.

Petrus atravesó la ventana de un salto y comenzó a rugirle a Alan, mientras Colin se echaba de espaldas contra la pared, asustadísimo por la presencia de aquel tenebroso animal.

-¡Espera, Petrus, son ellos! -gritó Niara, en tanto Alan se acorralaba en una esquina del cuarto para que Petrus no le hiciera daño.

-¡Niara, dile a tu perro que no me muerda! -gritó Alan chillando desesperado.

Niara y Roselius ingresaron por la ventana intentando alejar a Petrus de Alan. Mientras Blue se quedó afuera con Renra, la cual miraba la situación a través de la ventana, avergonzada del alboroto causado por su amigo.

Los gritos de Alan inundaron la habitación, por lo que Leila, Adelina, Arthur y Tristán llegaron corriendo, pensando que quizás alguien le estaba desgarrando el alma a su chistoso hermano. Mientras que Zen y Bianca llegaron más "calmados", pero muy confundidos.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora