-¡Mamá, ya te dije que no me pondré eso! -La pequeña Renra de tan solo siete años se quejaba contra su madre, negándose totalmente a usar un vestido que ella le había obsequiado-. Esa cosa es incómoda para trepar árboles, úsalo tú.
-Renra, sabes que no me quedaría tan bien como a ti -se rio Calisa al ver que su hija le tendió el vestido. Ella deseaba que su hija cambiara su actual atuendo por uno más elegante, en lugar de utilizar su acostumbrado traje de cuero, unos pantalones viejos y unas botas de cuero café.
-Sabes que no -Renra se acercó a una especie de perchero hecho de ramas, y sacó su carcaj de una de ellas-. Ya debo irme -avisó con firmeza, colgándose el artefacto al hombro.
-¿Qué harás? -le detuvo Calisa, instintivamente colocando sus manos en su cintura. A diferencia de su hija ella siempre vestía trajes más sueltos y delicados, como vestidos de diversos colores que los mismos elfos fabricaban.
-Cazar -dijo Renra, dejando sobre su hombro libre un pequeño arco de madera que su padre le hizo a su medida-. Volveré temprano, lo prometo.
-¿Cómo es eso? -dudó Calisa, pero antes de que detuviera a su hija, esta ya había desaparecido de su vista con el arma sobre los hombros-. Esta niña nunca cambia...
Mientras su madre se lamentaba para sus adentros, Renra seguía corriendo por el bosque en la búsqueda de alguna presa que podría llevar a la aldea para su familia y compañeros. Egranor, su padre, era el principal responsable de que ella estuviera interesada en este tipo de actividades, sobre todo porque el líder del pueblo élfico era quién le había enseñado a la elfa a usar el arco y flecha, además de diversas armas blancas hechas a su medida.
Renra estaba emocionada por dentro, puesto que era la primera vez que salía de caza sin la compañía de su padre, y esperaba con todo su corazón llevar una buena presa por la tarde, para que Egranor estuviera orgulloso de su trabajo.
-Con cuidado... Con cuidado... -empezó a decirse a sí misma mientras caminaba con lentitud, tratando de no hacer ruido por sobre las hojas secas que estaba obligada a pisar.
La niña debió estar cerca de una hora y media buscando en el silencio del bosque algún objetivo tentador, pero no hallaba ninguno lo suficientemente grande para llevarlo de regreso a la aldea. Lo único que pudo atrapar fue una pequeña liebre que no serviría ni para alimentar a dos personas en una cantidad decente.
Intentando no perder las esperanzas miró hacia ambos lados, confirmando si una criatura estuviese rondando cerca de allí, pero al percatarse de que no había nadie, suspiró y decidió regresar a la aldea a paso lento pero seguro. Ya conocía el bosque tan bien como la palma de su mano, por lo que no tenía problema alguno en regresar dónde sus padres.
Pero de pronto sintió que un arbusto a su espalda se movió con brusquedad. En el acto descartó la posibilidad de que se tratara del viento, y también de que fuera un animal pequeño por la enorme fuerza con la que las hojas se movieron. Alerta al encontrar finalmente un tentador objetivo, sacó una flecha y la tensó en su arco de madera hacia el arbusto que acababa de moverse, preparada para cualquier cosa. La frente de Renra se llenó en una capa de sudor, y de pronto de entre los arbustos saltó hacia ella una figura peluda de no más de un metro y medio: era un hombre lobo, o mejor dicho, un niño lobo.
-Quieto, quieto... -le ordenó Renra al notar lo alterado que estaba el animal, rugiendo y enseñando sus amarillentos y filosos colmillos.
La elfa poco a poco empezó a bajar el arco, hasta dejarlo cuidadosamente en el suelo. El hombre lobo lo notó como una señal de paz y relajó la mandíbula, cerrando completamente su hocico.
-¿Quién eres? -le preguntó Renra, recordando algunos cuentos en los que su madre le contaba sobre los hombres lobo y lo colaboradores que habían sido con su aldea hace muchísimos años, pero que por motivos de la vida se habían separado-. Yo soy Renra. Renra Mingonar.
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Los nueve descendientes II
FantasySegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
