Arthur, Tim, Roselius y Katia tomaron asiento alrededor de la fogata. Roselius junto a Katia. Y Tim al lado de Arthur.
Tras el tiempo que llevaba el príncipe en la aldea, los elfos ya no se le apartaban, incluso algunos se le acercaban a conversar un rato, aunque ese día se le acercó alguien con quién no se dirigía más que un breve saludo: Aquel elfo era Egranor, el cual tomó asiento justo al lado suyo.
-Buenas noches, jefe Mingonar -le saludó Arthur con una sonrisa y el elfo respondió haciendo un gesto con la cabeza.
-¡Jefe Mingonar! -le nombró Katia, al percatarse de su presencia-. Qué raro verle aquí...
-Es un gusto tenerle presente en el festín -añadió Roselius-. ¿Y la jefa Calisa?
-Vendrá pronto -respondió él, y Roselius se limitó a asentir, para luego seguir conversando con Katia.
Mientras la pareja charlaba, Tim jugaba con sus pies en el lugar, y Arthur, algo incómodo, bajó la vista hacia la fogata. En tanto el jefe Mingonar le miraba de reojo.
-¿Ya le contaste a Renra? -preguntó de pronto su padre. Y Arthur, teniendo claro a qué se refería, negó con la cabeza.
-No, aún no. Solo tuve tiempo de contarle a Katia y Roselius. No he visto a Renra hoy.
Egranor asintió con la cabeza muy levemente, y Arthur bajó la mirada, sin tener muchas ganas de pensar en eso ahora.
-Mamá, es suficiente... -sintieron de pronto la voz de Renra a sus espaldas.
-Vamos... Si te ves tan bonita -comentó Calisa en cambio. Y Arthur, sintiendo curiosidad ante aquel comentario, se dio la vuelta para mirar a sus espaldas, encontrándose con Calisa y Renra, llevando esta última un vestido turquesa, junto con una pequeña flor del mismo tono al lado izquierdo de su cabeza-. Tengo razón, ¿Cierto, Arthur?
Ante la pregunta Arthur asintió algo nervioso, debido a que el padre de Renra le intimidó con la mirada mientras esperaba su respuesta. Pero el príncipe no había mentido, realmente creía que Renra se veía bien.
-Ay, se ve tan linda -comentó Calisa, tomando asiento junto a su esposo, mientras que Renra se fue al lado contrario, sentándose junto a su amiga Katia-. Jamás pensé que lograría convencerla de usar un vestido. Cuando ella era pequeña nunca le gustaron, siempre que le regalaban uno, ella me lo daba a mí. Obviamente no me quedaban buenos... Habrá tenido unos siete años.
Arthur soltó una risa ante tal anecdóta, segundos antes de que los tambores comenzaran a sonar, dando inicio al festín.
Al instante la música empezó a sonar, mucho más rápido que la primera vez que Arthur estuvo presente. Y los elfos se levantaron de sus asientos, agarrando a una pareja para bailar. Calisa intentó levantar a Egranor, pero este no se levantó, por lo que optó por ofrecerle sus manos a Tim, el cual aceptó encantado.
Arthur rió, pues aunque su sobrino no superaba ni en broma en altura a Calisa, realmente le ponía empeño para bailar.
Luego el príncipe observó a Roselius y Katia, que bailaban muy animados alrededor de la fogata. E inconscientemente buscó a Renra con la mirada, pero cuando dirigió su vista hacia el tronco en el que ella estaba anteriormente, ya no había nadie. Lo primero que pensó fue que
alguien se le había adelantado, y su mente se quedó en blanco por unos segundos, pensando donde podría estar.
-¿Vamos? -reconoció de pronto la voz de su amiga, la cual le habló en voz tan baja que apenas pudo escucharle.
Arthur pensó que su mente le engañaba cuando vio a la morena en frente suyo, ofreciéndole su delgada mano con timidez. Él pudo percibir que la chica estaba muy nerviosa, pero aún así, ella no bajaba la mano ni un centímetro.
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Los nueve descendientes II
FantasíaSegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
