Apenas atravesaron la cascada, Petrus volvió a su forma humana y miró a Niara unos segundos, colocando sus manos ensangrentadas sobre las mejillas de esta.
-¿Estás bien? -le preguntó, y los ojos de Niara se llenaron de lágrimas.
-¡Yo soy la que debería preguntar eso! -le respondió a su amigo, el cual no tardó en caer sobre sus brazos-. ¡Petrus, no hagas esto, por favor!
La princesa intentó poner a Petrus en su espalda, pero él era tan alto que no podía sujetarlo correctamente.
-¡A-Ayuda! ¡Por favor! -gritó hacia las casas de madera, pero nadie parecía estar cerca.
Niara envolvió los brazos de Petrus alrededor de su cuerpo y comenzó a llevarlo con cuidado hacia la población, asegurándose de que Blue les siguiera con su pata coja. Pero tras dar unos cuantos pasos débiles, ella cayó al suelo con Petrus en su espalda.
Intentó incorporarse en vano, terminando de cara contra el suelo. Apenas tenía fuerza para levantarse, y menos podría ahora que Petrus aumentaba el peso que debía sostener.
-¡Rápido, las camillas! -sintió de pronto una voz femenina que se aproximaba hacia ellos, y luego percibió como aquella dueña de tal femenina y profunda voz se sentó en frente suyo-. ¿Puedes moverte?
Niara sintió que aquella pregunta era para ella, pero por algún motivo no pudo levantar de inmediato la cabeza para mirar a la chica, por lo que esta la movió un poco por los hombros, incitando que la princesa optara por alzar levemente la vista.
Los ojos de Niara se encontraron con dos rasgados ojos marrones, que estaban situados en un rostro moreno de puntiagudas orejas, tras las cuales se ocultaban mechones de su cabello café. Estos dejaban su rostro al descubierto, y con ello, un detallado tatuaje azul que atravesaba el lado derecho de su rostro.
-Y-Yo... ¿te he visto antes? -dudó Niara, tras breves segundos analizando a la muchacha. Y la elfa pareció reconocerle también.
-No lo sé... -dijo ella-. ¿Cuál es tu nombre? ¿Vives por aquí?
-Yo soy Niara Windlander -se presentó, aún muy asustada, y la chica le examinó de pies a cabeza, para luego mirar a Blue, que venía un poco más atrás.
Pero antes de que la elfa fuera capaz de responder, unos elfos cargaron a Petrus hacia una camilla de tela vieja, y al dejarle el rostro a la vista, la morena pareció quedarse sin habla.
-Petrus -se asombró, volteándose nuevamente hacia Niara.
-¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué están en estas condiciones? -le preguntó un elfo a la princesa, y esta comenzó a temblar.
-Yo... lo lamento mucho... -tartamudeó la muchacha, señalando la entrada de la cascada-. Los guardias...
-¿De qué habla? -se preguntaban los elfos, mientras otros se llevaban a Blue para curarle. Y la morena en tanto, intentaba procesar todo lo que estaba observando.
-Los guardias nos atacaron... ¡Petrus pudo morir! -decía ella, y la elfa al oír sus palabras, le acarició la espalda unas cuantas veces, y luego se colocó de cuclillas frente a ella.
-Cuéntame todo cuando estés mejor, estás muy alterada y herida -le dijo ella, y Niara asintió, rodeando a la elfa para subirse en su espalda.
De inmediato la chica de puntiagudas orejas se levantó cargando a la princesa, la cual se asombró ante la facilidad de la elfa para tomarle.
La muchacha llevó a Niara hacia una cama de madera y la recostó sobre esta, curando con cuidado sus heridas con ayuda de otros elfos. Le pusieron una venda en el brazo, y mojaron varias zonas de su cuerpo con un paño frío. Y en tanto a Petrus, quedó justo en una cama continua a la de su amiga. Y Blue fue el único que debieron curar al aire libre.
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Los nueve descendientes II
FantasySegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
