Capítulo 3: "Tentadora propuesta"

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Varios días transcurrieron desde que Tristán fue a Tunderriver. Mientras que en el hostal seguían los cuatro hermanos, intentando reponerse de tal shockeante noticia que les atormentaba. No pensaban moverse de allí, pues con Leila en ese estado, probablemente no llegarían a ningún lado.

-¡Arthur! ¡Arthur! -gritaba Colin, montado en Hércules. Pero nunca obtenía una respuesta.

Todos los días desde que escaparon del castillo, Colin ha salido en la búsqueda de Arthur, generalmente una vez en la mañana y otra en la noche. Y siempre con las mismas esperanzas de que su hermano sigue con vida en algún lugar. Alan de vez en cuando le acompañaba, para que Colin no se rindiera en encontrar a su hermano menor.

-No hemos visto a nadie con las características que nos dices, muchacho -le respondió una mujer-. Pero te avisaremos si lo vemos.

-M-Muchas gracias -agradeció Colin, tirando de las riendas suavemente, y provocando que Hércules comenzara a correr hacia otra dirección.

-¡Arthur! -le llamaba Colin-. ¡Ar...! -iba a nombrarle nuevamente, pero se interrumpió a sí mismo al ver a Tristán, el cual atravesó rápidamente frente a él sobre un caballo que Adelina le había prestado-. ¡Tristán!

Al verle, Colin dio media vuelta y empezó a seguir al príncipe. Le sorprendió bastante ver la expresión de Tristán, pues algo en su rostro se veía diferente. Sin duda él estaba molesto.

-¡Tristán! ¿Por qué regresaste? -le interrogó Colin, quedando junto al rubio. El cual rodó los ojos y ladeó exageradamente la cabeza.

-Colin, si un día te enamoras, ten ojo en la clase de mujer que sea -le aconsejó Tristán, frunciendo levemente el ceño-. Las mujeres son tan particulares...

-¿Por qué dices eso? -preguntó Colin-. ¿Pasó algo en Tunderriver?

-Supieras tú... -fue la respuesta de Tristán, el cual tiró con fuerza de las riendas, provocando que el caballo se detuviera frente al hostal de Adelina-. Tu prima es tan... ¡Agh! -comentó, bajando del lomo del animal y pateando con fuerza una pared de madera.

-Cálmate, Tristán -le pidió Colin, bajando del caballo para calmarle.

El pecoso rubio guio a Tristán dentro del hostal, dándole una palmada para tranquilizarle. Pero el vanidoso rubio estaba demasiado alterado para mantener la calma.

-Tristán... ¿Qué sucedió? -preguntó Adelina, al ver que Tristán atravesó la puerta junto a Colin. Leila y Alan, que estaban sentados en el comedor, también se voltearon a mirar a ambos rubios.

-Solamente he perdido el tiempo en Tunderriver -musitó el rubio de armadura roja-. ¡Karine no tiene remedio! ¡Quién entiende a las mujeres!

Apenas dijo eso, Tristán se sentó en una de las sillas y apoyó sus codos sobre su regazo, llevándose las manos al rostro. Leila, sentada a su lado, empezó a acariciarle la espalda en señal de apoyo.

-Karine me ha pateado -explicó Tristán-. ¿Pueden creerlo? ¡A mí! ¡Al príncipe de Glazerunner!

-¿Qué? -preguntó Alan, sin poder creerlo.

-Al verme lo primero que dijo fue: "Así que tuviste las agallas para regresar" -les comentó Tristán-. Se negó totalmente a hablar conmigo. Discutimos un poco, y luego me ordenó que no regresara nunca más. Decía que me odiaba, que no quería verme...

-Eso no es propio de Karine -opinó Leila.

-No es todo -añadió Tristán-. Cuando llegué a Tunderriver, me di cuenta que el pueblo estaba de luto. Me preocupé al ver tanta gente triste, y al preguntar, ellos me explicaron que los reyes habían muerto, pero desconozco el motivo.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora