Karine se encontraba en un prado lleno de flores usando un hermoso vestido blanco. Magnus estaba junto a ella, sosteniendo su mano con seguridad. Lo único que se escuchaba era el sonido de los pájaros cantando a su alrededor, y a simple vista todo se veía muy bello y tranquilo.
El vientre de Karine estaba bastante abultado, y Magnus lo miraba a ratos, preguntándole a su esposa si se encontraba bien.
-Estoy de maravilla -decía ella-. No te preocupes.
-Voy a buscar algo para comer... ¿Estarás bien sola? -le preguntó Magnus y ella asintió, recostándose en la hierba.
-Ve con calma, yo te esperaré aquí -aclaró, cuidando no aplastar mucho al bebé. Y Magnus, un poco desconfiado de dejar sola a la chica, se alejó lentamente entre los árboles.
Karine cerró los ojos en tanto, intentando relajarse de todo el estrés que le provocaba manejar el reino, pero al instante su relajación terminó, debido a que unas manos comenzaron a rodearle el cuello con fuerza. No fue capaz de abrir los ojos debido a que el peso de sus párpados aumentó excesivamente, pero aún así pudo reconocer que se trataban de las manos de una mujer. Ella empezó a soltar gritos ahogados, pero no escuchaba a Magnus regresar.
De pronto Karine despertó sobresaltada, sin tener idea de qué había pasado. Se tranquilizó al percatarse de que se encontraba en el cuarto matrimonial, y Magnus estaba a su lado, moviéndola por los hombros para que reaccionara.
-Karine... Qué susto me has dado -suspiró Magnus-, ¿te encuentras bien? Empezaste a gritar en sueños.
Karine se llevó ambas manos al cuello, y Magnus le miró en silencio esperando una respuesta, pero ella en cambio optó por acercarse a él, abrazándole en la cama sin decir palabra.
-Me atacaron, Magnus... -explicó, envolviendo sus brazos con fuerza alrededor de su esposo-. Soñé que estábamos tú y yo en un hermoso lugar floreado, pero cuando te ibas una mujer me atacaba.
-¿Una mujer? -se interesó Magnus, más serio que de costumbre-. ¿Cómo era ella?
-No la pude ver... -comentó-, pero me asusté mucho. Pensé que había perdido al bebé en ese sueño.
Magnus tensó un poco la mandíbula, y pasó sus dedos con cuidado por el cabello de su esposa, mientras esta intentaba calmarse. El demonio no dudaba ni un poco de que aquella mujer que se le apareció en sueños a Karine era Abrahela, así que pensaba buscarle y hablar con ella.
-Karine, anda a tomar un poco de agua -le sugirió el rey-, y no hagas caso a esas cosas, fue un simple sueño.
-No lo entiendes, Magnus -susurró ella-, fue tan... real.
-Lo entiendo, pero... esta es la realidad, Karine -le tranquilizó Magnus-. Y mientras yo viva, no dejaré que nadie te ponga un solo dedo encima, y tampoco a nuestro hijo.
-Magnus...
-Lo sabes, ¿no es así?
-Sí, lo tengo muy claro, y no sabes lo agradecida que estoy de tus palabras -tras decir aquello, Karine se levantó de la cama y besó la mejilla de Magnus, para luego ir a buscar algo de agua, con la intención de no molestar a las sirvientas a esas horas de la madrugada.
Apenas Karine se retiró de la habitación, Magnus fue hacia la baranda que daba en el cuarto, segurísimo de que Abrahela estaba escuchando su conversación.
-Abrahela, no me engañas... ven aquí ahora -le ordenó Magnus.
Silencio.
-Ya... ya... -se apareció, sentándose sobre la baranda mientras cruzaba ambas piernas-. Sí, sé que estuvo mal actuar sin tu consentimiento, pero la idea era que asesinara a Karine en sueños, ¿no? Entonces... ¿Cuál es el problema?
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Los nueve descendientes II
FantasiaSegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
