Capítulo 48: "La realidad escondida"

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Petrus, Donka y Niara viajaron sobre el lomo del adorado Rebanin Blue; Renra bajo la compañía de Erinko; en el Curuxa Leila, Alan y Adelina; y Bianca, Roselius y Arthur fueron con Rac y otros caballos por tierra, siendo los encargados de llevar gran parte del armamento, formando parte de un factor importante a pesar de que no fueran a la misma velocidad de sus compañeros aéreos.

Tras largas semanas finalmente estaban por salir del bosque para llegar a la entrada de Mazeriver, que estaba a menos de una hora de allí. Por lo que todos sintieron una ola de adrenalina por apurar el paso y llegar a su destino por encontrar a Tristán en la entrada.

-Está oscureciendo -confesó Arthur-. ¿Dónde nos quedaremos por esta noche?

-Eso hay que definirlo -acató Bianca, mirando alrededor con desconfianza. Ya eran pasadas las ocho de la noche, por lo que la oscuridad no les favorecía en su anhelada misión-. Pero es momento de detenerse. Erinko y los demás llamarán mucho la atención a las afueras de este bosque. La gente entrará en pánico si los ve.

-Podríamos quedarnos en esa cueva -sugirió Arthur pegando la vista en un montón de rocas gigantes que cubrían una numerosa cantidad de terreno, casi para 50 hombres. Esta medía más de 3 metros de alto y parecía no tener algún habitante en su interior.

-Buen punto, los llamaré para que bajen... -Roselius parecía totalmente de acuerdo-. Bianca, ¿podrías pasarme una flecha y el arco que llevas en la espalda?

La princesa miró el carcaj y de él sacó el implemento que el pelirrojo había solicitado, entregándolo junto a un arco de madera que aparentemente era de Leila.

El elfo sacó un frasco de su bolsillo que tenía un extraño líquido gris muy burbujeante, y sin dudarlo untó un poco de dicho ungüento en la punta de la flecha. Arthur y Bianca se miraron atónitos al ver que Roselius lanzó la flecha con gran altura hacia el cielo gracias a la ayuda del arco, logrando que la flecha explotara como un fuego artificial ante los ojos de sus compañeros que viajaban por el aire, obligándolos a detenerse para ver qué ocurría.

-¡Chicos, hora de descansar! -gritó Roselius con todas las fuerzas que le dieron sus pulmones.

La morena fue la primera en captar el mensaje desde arriba, por lo que decidió ayudar a su compañero elfo para que todos se percataran de su llamado.

-¡Todos abajo! -repitió Renra a sus compañeros de terreno, en tanto luchaba por que el pelo no le diera en la cara.

-Entendido -Leila tiró hacia abajo las riendas para que el Curuxa descendiera hasta el suelo. Lo mismo hicieron el resto con Blue y Erinko. Hecho esto, los compañeros y hermanos de Arthur amarraron a sus amigos voladores a algún tronco y pisaron tierra firme, listos para realizar cualquier orden por parte de los tres chicos que iban por tierra y que, de forma abrupta, les habían hecho detenerse.

-Bien, llegaremos hasta aquí por ahora -les avisó Bianca, confirmando con la mirada que todos estuvieran presentes-. Arthur mencionó que sería bueno quedarnos en la cueva que está a nuestro lado, pero para eso hay que revisarla y asegurarse de que no hay nadie dentro de ella.

-Yo me encargo -se ofreció Niara caminando hacia la entrada del gigante mural de rocas. Y, como si su vida dependiera de ello, silbó hasta que su sonido se escuchara en cada rincón de la cueva. Pero nada recibió en respuesta.

En el momento en el que ella se internó en el interior de la cueva, todos los presentes esperaron alguna señal de que el sitio era seguro. Niara parecía cada vez más convencida de aquello, palpando entre las rocas por si salía algún animalito oculto en la oscuridad. Pero no había ninguno, solo unos cuantos insectos que no se verían intimidados con la presencia de sus compañeros.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora