Capítulo 30: "La aceptación del trato"

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En una pequeña casa en Mazeriver, Abrahela y Urasías estaban sentados en el comedor. Aunque ambos se conocían hace poco, tuvieron la confianza de contarse mutuamente sus historias de vida, y el motivo por el que Padre los eligió para esta importante misión: Tomarse el reino de Mazeriver.

-Debió ser fuerte ser abandonado por tu familia -balbuceó Abrahela-. ¿Nunca fueron a ver si estabas con vida?

-No necesitaban ir, después de todo estaban ocupados con su nuevo bebé -bufó Urasías-. Yo solo era un peligro para ellos.

Abrahela miró los guantes que cubrían las manos de Urasías y tomó su mano con lentitud.

-Hace muchísimo tiempo no puedo tomar verdaderamente la mano de alguien -explicó Urasías, y la chica le acarició el guante-. No recuerdo ni siquiera cómo se siente.

-Me gustaría poder recordártelo -confesó ella-, qué ironía... tú quieres ser tocado, y yo... bueno ya sabes.

-Sí...

-¿Cómo dijiste que te llamabas? -le interrogó Abrahela, soltando su mano.

-Elián Manflare -Abrahela le miró y suspiró.

-¿Sabes? Me gustaría haber tenido una verdadera familia... -confesó Abrahela-, me entiendes, ¿no? ... debe ser lindo tener a alguien que te apoye incondicionalmente.

-Esa gente no existe -recalcó Urasías-, todos te fallan, conscientemente o no.

Abrahela no se atrevió a decir nada respecto a eso, porque tampoco tenía como responder. No conocía a nadie que le apoyara a pesar de todo, excepto Padre.

-Bueno... ahora nos tenemos entre nosotros -le sonrió un poco-, yo no te fallaré, Urasías. Lo prometo.

El albino asintió y posó sus manos, cubiertas con guantes de cuero mágico, sobre la cabeza de su compañera. Ella a diferencia de otros no le asustaba el albino, y no le molestaba que le tocara tampoco. Era como si realmente fueran hermanos.

De pronto el sonido de la puerta les interrumpió, y Abrahela se incorporó para abrirla, sorprendiéndose al ver que Padre, usando su acostumbrada capucha y una máscara de tonos oscuros, venía acompañado de otro hombre encapuchado. Ya era tarde, por lo que era muy raro que Padre regresara con alguien a casa, pero por la forma de caminar de su acompañante se veía que apenas podía mantenerse en pie, sus piernas temblaban bastante, "¿estará herido?" pensó Abrahela al verle.

-¿Quién es? -preguntó Urasías algo desconfiado, mientras Padre ayudaba al encapuchado a sentarse en una silla.

El recién llegado se lanzó sobre una silla y Padre bajó la capucha de este, dejando a la vista un rostro con rastros de barba recién crecida, y unos ojos marrones que por unos cuantos segundos cambiaban a tonos rojizos. Los brazos del muchacho temblaban a ratos y parecía que su antebrazo izquierdo fuera a colapsar hasta explotar, como si hubiera algo en su interior.

Aquel chico que estaba transformándose en demonio era Magnus, el cual había sido recogido del castillo por Padre, que le había estado mirando durante un tiempo. Apenas Magnus se percató en la biblioteca de su apariencia inusual demoníaca corrió al baño, pero en el pasillo Padre se le apareció y le dijo: Sígueme, yo te ayudaré. Y Magnus aceptó por la desesperación, siguiendo al demonio fuera del castillo.

-Ya ha pasado... -se limitó a decir Padre, y ambos demonios miraron a Magnus-. Su primera transformación.

-¡Agh! -se quejaba Magnus, gritando desesperadamente con ambas manos sobre su cabeza-. ¡Ah!

Magnus gritaba como loco, gritos de dolor, desesperación, terror. Y cuando Urasías y Abrahela pensaron que se había calmado, este empezó a temblar con furia, en tanto caían lágrimas de sangre por sus ojos.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora