Hydra Lerna vive en un mundo muy diferente al tuyo.
En la nueva sociedad los humanos se extinguieron y su lugar fue ocupado por licántropos: personas que mutaron y adquirieron nuevas habilidades, similares a las antiguas leyendas de hombres lobo. P...
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—Le diré a Max —dijo quitándose las sábanas y parándose de un salto.
—No pienses siquiera en llamar a Deby —demandé.
Ella sonrió, estaba en ropa interior, comenzó a ponerse unos pantalones de plata, con muchos bolsillos laterales, una remera y una sudadera. Toda esa ropa debería pesarle. Enarcó una ceja y acomodó su cabello cobrizo y enmarañado fuera del cuello de la remera.
—¿Tensiones entre ustedes?
—No.
—No importa Deby no puede venir, está con su padre ahora.
—¿Haciendo qué?
Kathie se mostró herida.
—No me dijo —Hizo un sonido con la boca como si saboreara algo desagradable—. Me dijo que Max y yo éramos demasiado tontos para entenderlo.
—Que se pudra.
Kathie se encogió de hombros, ya estaba vestida. Nos fuimos por la puerta de entrada. La ciudad estaba desolada a esas horas de la noche.
Max no esperó en la esquina de una avenida. Estaba descalzo, al igual que nosotros, sobre el suelo húmedo de la ciudad, allí casi nadie usaba zapatos, tenía unos pantaloncillos holgados, el pecho descubierto y una capa metálica atada al cuello. La temperatura era cálida y los árboles de la acera condesaban la oscuridad. No sabía si eran árboles reales o sintéticos, tampoco me interesaba.
Mientras caminábamos nos topamos con mi dibujo, el que había trazado de un lobo pidiendo que no le mintieran. Me preguntaron si yo lo había hecho y lo negué, creí que resultaría divertido lo evidente de la mentira, lo mal hecha que estaba, pero eso en lugar de hacerlos reír los preocupó demasiado, como si hubiera alguien más que yo capaz de dibujarlo.
Se pusieron muy serios y apretaron el paso.
Luego Kath le relató a Max lo que había pasado en la cena de esa noche, él me dio unas palmadas en la espalda felicitándome por mi falta de buen juicio y por ser un cretino con nuestro jefe.
—Boss Raines is an idiot. We dream of screaming at him —Notó mi desconcierto y agregó—. Soñábamos con gritarle, hacerle zancadillas o poner chiches en su silla.
—Oh son tan malvados —ironizó Kath—. Me ponen los pelos de punta. Es la represalia más madura de la historia.
—Nos divertíamos pensándolo —se excusó Max—. Mi abuelo a veces nos daba ideas divertidas.
Ella rio.
—Vaya, cenar con el señor Raines, nunca lo imaginé... Y Jane Raines —rio otra vez—. Parecía que olía mierda ¿o no? Como si le diera asco y miedo.
—Asco y miedo ¿Cómo si se viera la cara al espejo? —preguntó Max—. Si es que su enorme cuello no ocupa todo el reflejo.