Draco Malfoy nunca se había llevado bien con Harry y Hannah Potter por el hecho de que eran Potter. No es hasta que en el tercer año, Draco y Hannah empiezan a tener acercamientos más seguidos y los pensamientos del rubio empiezan a cambiar, así com...
—Es mi rata, no es una rata, bueno era una rata, la de mi hermano Percy, pero al regalarle una lechuza...
—El caso es que sabemos la verdad, créanos por favor—le interrumpe Hermione.
—Les creo, señorita Granger, pero me temo que la voz de tres magos adolescentes a pocos convencerá —camina hacia donde está Ron y los tres chicos que están de pie se giran hacia ellos.—La voz de un niño, por sincera que sea, apenas tiene valor para los que han olvidado escuchar —le da dos golpecitos en la pierna a Ron y este emite un gemido de dolor.
Hannah sonríe mirando su cara de dolor, ya que le hace gracia como aguanta la respiración y muerde su labio inferior tratando de que el dolor cese. Harry le da un codazo leve para que deje de reírse de su amigo y está vuelve la vista hacia Dumbledore.
Las campanas de Hogwarts comienzan a sonar hacia que Dumbledore estire su dedo índice para que los chicos escuchen, y entonces, sonríe.
—Misterioso asunto el del tiempo, ¿eh? —dice caminando hacia ellos.—Poderoso, y cuando se juega con él, peligroso —le da un pequeño apretón al hombro de Hermione y camina hacia la puerta.—Sirius Black está en la celda más alta de la Torre Oscura, conoce las leyes, Granger —abre la puerta y se gira hacia la castaña.—No debes ser vista, haría muy bien en regresar antes de esta última campanada, si no, las consecuencias serían desastrosas. Y si todo va bien, más de una vida inocente puede ser salvada hoy —pone un pie fuera de la sala, pero después retrocede y mira a los adolescentes.—Tres giros serán suficientes —les guiña un ojo y sale de la habitación.