Camino a la fiesta

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En aquel enorme salón, ya estaba todo preparado, el nerviosismo se hacía patente en todos, pero sobre todo en Maria que no paraba ni un segundo quieta, era su equipo de siempre excepto una chica nueva. Una de sus chicas se había puesto enferma y en su lugar mandó a su amiga que estaba necesitada de dinero, y quien le aseguró era una espléndida camarera. No le perdía detalle y ante uno de sus movimientos que no le gustó la llamó

Maria : ¡Alba Reche!, venga para aquí

Alba: ¿Sí? (le preguntó con temor pues su amiga le había asegurado que Maria era una muy buena jefa pero muy exigente)

Maria: He visto que has pasado la mano por una de las sillas (la miraba fijamente por encima de sus gafas)

Alba: No me he dado cuenta

Maria : Que no se vuelva a repetir

Alba: De acuerdo (suspiró un tanto nerviosa y al entrar en la cocina trató de tranquilizar sus nervios respirando profundamente) No pasa nada, es un acto más... una cena más... ¡mierda qué nervios!

A la hora prevista, los coches ya estaban en la puerta de la mansión dispuestos a llevar a la familia al completo al lugar de reunión. En el primero ya estaba subida Carmen que no podía evitar mostrarse algo nerviosa, después del incidente de la comida, no había podido hablar con Natalia. En el segundo coche ya estaban montados Santi y su mujer, que llevaba un vestido estampado en colores vivos y un fular que rodeaba sus hombros, por muy guapa que era, por mucho que lo intentara, no podía hacer sombra a su cuñada

Santi: A ver como nos sorprende mi hermanita

Diana: Yo creo que ha sido un error hacerla venir, seguro que arma algún revuelo

Santi: No entiendo porque mi madre se ha empeñado en que venga y dar la visión de la familia perfecta, cuando todo el mundo sabe que no es verdad, lo único que hace es avergonzarnos

Diana: Sí cariño

Fuera de si, con los nervios a flor de piel se encontraba Elena llamando a voz en grito a su hermana.

Elena: Nos vamos a llevar una buena reprimenda de papá y esta vez con razón Natalia, ¡quieres hacer el favor de bajar ya!

Natalia: Ya voy (se oyó su voz desde lo alto)

Elena: Ya voy... ya voy... (repitió imitando el tono de su hermana pero con cierto rintintín. Levantó la mirada y cuando la vio bajar de manera descuidada como si no fuera con ella tanta belleza silbó y le dijo) Caray hermanita, ¡qué tiemblen todas las mujeres de la fiesta!, estás impresionante.

Natalia: Pelota (le dijo sin más) ¿Nos vamos?

Elena: Tendrás morro después de todo lo que llevo esperado por ti

Natalia: Vamos a esa maldita fiesta (dijo con voz triunfantemente triste).

Al salir su padre se percató de la belleza que guardaban sus hijas, sin duda, habían salido a su madre pensó. Sin decirles nada entró en el coche y se estiró su traje perfectamente planchado

Mikel: Yo también (le cogió la mano) Estoy orgulloso de ellos, tenemos tres hijos de los que podemos presumir

Carmen: Al menos en eso si cuentas a Natalia

Mikel: Lo que daría porque volviera a ella la sensatez.

Natalia iba en el coche pensativa, su hermana estaba contándole sus últimos escarceos con uno de los vendimiadores llegados de Marruecos, ella, lejos de escuchar todo cuanto tantas veces había escuchado ya, se entregó a una sensación extraña que se había adueñado de todo su interior, se miró las manos vacías de joyas, miró las de su hermana con dos buenos pedruscos como ella les decía, miró a su hermana, tan joven y vestida como si fuera una señora de la alta sociedad, se miró ella, vestida como si fuera una joven loca, sin más pretensión de que pasaran las horas lo más rápido posible. Lo único que calmaba sus nervios y su mal humor, era saber que iba a contar con la presencia de su inestimable amiga de la niñez, Marta. Conforme iban bajando de los coches, les esperaba una alfombra roja por donde debían pasar hasta el recinto decorado exquisitamente por la Señora Lacunza, que les adentraba a aquel mundo de hipocresía y lisonjero, a un mundo en el que Natalia ni tenía ni quería tener cabida. Su mirada recorrió rápidamente el salón, allí todos los grandes amigos de papá, algunos políticos, y de los mejores empresarios del lugar. Notó como algunos giraban su cabeza para observarla, sabía que era la comidilla del lugar pero no le importaba, todo porque era incapaz de pensar que la miraban porque estaba espectacular. Un traje chaqueta ceñido a su torso de color negro, una camisa con un escote que llegaba justamente hasta el estómago. Sus zapatos negros de tacón con una fina correa atada al tobillo, y un collar largo que terminaba justo bajo el vientre. Y su melena negra, libre al viento con su raya al lado, y dejada caer a ambos lados de la cara como si fueran dos cascadas a ambos lados de la misma. Como a ella le gustaba, el maquillaje era suave y todo hacia que su belleza natural fuera mucho más espectacular.

Santi: Te has pasado (le murmuró su hermano acercándose a ella una vez entraron)

Natalia: Jero, vete a la mierda hazme ese favor (entonces vio como Marta la saludaba desde una esquina, se alegró tanto de verla que no dudó en dejar a su hermano con la palabra en la boca y se dirigió hasta su amiga) ¡Martaaaaa! (se abrazaron)

Marta: No me achuches mucho que una tiene su reputación

Natalia: No cambias nunca... por eso creo que te aguanto porque eres única Marta: ¡Toma por eso te aguanto yo a ti!, ¿o qué?

Carmen: Hola Marta (la saludó un tanto perpleja al verla)

Natalia: ¡Ah mamá se me ha olvidado comentarte que he invitado a Marta! (la mirada casi asesina de su madre se clavó en aquella belleza de hija que tenía, pero sin duda para ella tan inconsciente como bella)

Carmen: Bueno... no pasa nada ya veremos donde te ubicamos en la cena. Perdonarme

Marta: Ubicarme... ¡joder! ni que fuera un mueble, pero Natalia me dices que venga y a mamá Lacunza no le dices nada ¡estás loca!

Natalia: Pues sí, ¿algún problema? (la miró de aquella manera tan intensa con la que sus ojos sabían mirar)

Marta: Nada, no pasa nada (le sonrió)

Natalia: Creía... oye cuanta gente (dijo echando un vistazo al lugar)

Natalia: Y a mí (contestó mirando alrededor). Ambas amigas soltaron una gran carcajada y se perdieron entre la gente a un lugar apartado donde poder hablar tranquilamente como les gustaba hacerlo.

Apuesta equivocadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora