Bandera blanca

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Sus párpados comenzaron a jugar con ella, un sueño profundo la venció, mientras más quería aguantar sus ojos abiertos para verla, más pesaban, era como si la estuvieran envolviendo en una nube, la dulzor más maravillosa se apoderaba de ella, pero no quería, necesitaba estar despierta para verla entrar, sabía que iluminaría el cuarto con su presencia, sabía que con su sonrisa cansada, irónica, burlona o simplemente encantadora, la rescataría de toda esa oscuridad donde habitaba. Pero no podía, el sueño le iba venciendo poco a poco hasta que finalmente se durmió

Con gesto un tanto inquieto entró Natalia en la habitación, no le había hecho caso a Cruz, y en cuanto se fue de su despacho se dirigió hasta allí, al entrar y verla descansar, sonrió, no pudo evitar sentir una tranquilidad que ella misma había desatado de manera violenta en su despacho. Allí observándola con gesto apenado, su corazón resistía ante la idea de casarse con ella, ofrecerle todo cuanto tenía para hacerla feliz

A: Natalia... Natalia... (repitió ante el asombro de la Pediatra) Natalia...
N: Estoy aquí Alba (le dijo con dudas y al ver que abría los ojos con dificultad, le sonrió) Trata de descansar, ¿te duele?
A: Un poco la pierna, pero me duele mucho aquí (dijo señalándose el costado derecho)
N: Sí, ahí es donde tienes la fractura, mira si tratas de relajarte todo irá bien dentro de una hora te toca otro calmante, descansa es lo mejor que puedes hacer ahora. Olvídate de todo, hasta de mí
A: No... (mojó con su lengua los labios resecos mientras Natalia volvía a humedecer una gasa y con cuidado la pasaba por ellos mientras sentía como los poros de su piel se estremecían por el contacto, hasta que Alba pudo acabar la frase y entonces, fue toda ella quien se estremeció mientras se quedaba petrificada observándola con la gasa en la mano) De ti no quiero olvidarme... no quiero...

Para Natalia fue imposible contestarle, desde que conocía a Alba, todo cuanto había sucedido entre ellas, habían sido reproches, o frases cruzadas que terminaban con más reproches, pero jamás una palabra amable por parte De Alba, aquella frase que acababa de entregarle, podía significar mucho o podía ser humo, podía significar que realmente la necesitaba a su lado, o que después cuando estuviera más espabilada seguiría atacándola sin piedad. Podía ser su salvación o simplemente, una nueva manera de herirla, ponerle en los labios un roce suave de los suyos para después arrebatárselos de un solo golpe. Así se sentía mientras se sentaba a su lado, por el gesto De Alba sabía que la noche iba a ser dura, pero no le importaba, Alba no quería olvidarla, entonces sonrió al volverlo a repetir en su mente

El reloj de Natalia marcaba las once menos cuarto de la noche cuando Alba comenzó a notar un dolor incesante en su costado, pero también notaba algo más, en su mano una caricia de otra piel, una caricia lenta, suave, que le estaba haciendo sentir un hormigueo extraño en su estómago. Abrió de golpe sus ojos, y aquella caricia se detuvo en seco, pero el dolor continuaba de manera agotadora. Natalua al ver que abría sus ojos, apartó su mano de la suya, carraspeó levemente y aunque había repetido miles de veces la última frase que había dicho Alba, no sabía muy bien como iba a reaccionar

N: ¿Qué tal estás?
A: Me duele mucho (decía negando con su cabeza)
B: Lo sé pero el gotero aún no te lo puedo poner, tendrás que aguantar un poco, trata de relajar el cuerpo, sé que es difícil pero relájate
A: ¡Ay! (se quejó agudamente)
N: Mira ya sé que haremos... te voy a contar algo (Alba la miró con gesto de dolor mientras pensaba "joder... no le he dicho nada") Hoy antes de venirme he estado con Natali jugando, la verdad que está mucho mejor, y como no teníamos llaves de tu casa, y todo ha venido así de golpe (le hablaba mirándola embobada mientras hacía verdaderos esfuerzos por controlar las ganas de acariciarla que tenía) Pues hemos tenido que comprarle algo de ropa, algo de comida, pañales... y bueno... deberías ver como estaba Maria (sonrió y Alba sin ganas esbozó un gesto en sus labios parecido a una quejosa sonrisa) La verdad que está como loca con la niña... tienes suerte, Maria te quiere muchísimo
A: Natalia... yo
N: No te esfuerces ahora (no lo podía hacer pero estuvo a punto de saltar de alegría al escuchar en su voz su nombre sin resentimiento, ni de manera que sonara a reproche) Ahora tienes que entretener tu mente. He hablado con tu madre hace nada, me ha dicho que no aguanta más y que mañana se vendrá con el autobús (Alba asintió) ¿Quieres beber un poco de agua?, ya puedes
A: Sí
N: Vale, a ver, la voy a poner en el vaso y te pondré una pajita, tú no trates de moverte ¿vale?
A: Aunque quiera no puedo (susurró totalmente exhausta) No lo puedo soportar... ¿falta mucho para el calmante?
N: No, menos, a ver, abre la boca (Alba obedeció y Natalia acercó la pajita a su boca, mientras ella sin rozarla en su boca, la sujetaba con los dos dedos) Bebe despacio y un par de sorbos
A: ¡Ah! (volvió a quejarse)
N: Ya... ya está
A: ¡Me duele! (decía con desespero mientras lágrimas llegaban a sus ojos)
N: Venga Alba... aguanta un poco más y te aseguro que...
A: No puedo... no puedo (repetía mientras se aferraba a la sábana y los ojos de Natalia seguían su movimiento, porque le hubiese gustado sujetar su mano) ¡Ay!, ¡que dolor!
N: Está bien... voy a ponerte el gotero (salió por la puerta en busca del calmante)
A: ¡Joder... cuánto más tengo que sufrir!, ¡no es bastante ya! (decía mirando el techo como si de esa manera pudiera desahogarse con Dios) No puedo más...
N: Ya estoy aquí... venga ahora verás (Natalia enganchó el gotero y con gesto concentrado pero también preocupado, lo colgó en el gancho y con cuidado, lo conectó a la cánula que llevaba Alba en su brazo izquierdo) Vale... ahora respira pausadamente para que entre mejor y tenga mayor efecto
A: No lo puedo soportar
N: Venga Alba (lo dijo tan suave que le produjo un escalofrío a Alba y un dolor en su corazón a ella "¿cómo pude hacerle daño?")

Apuesta equivocadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora