El intento de olvidarte

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Durante el resto de la mañana, se encargó de vigilar, mimar y sonreír a su sobrina, quería así olvidar el desagradable incidente que había vuelto a sufrir con aquella pediatra que parecía un ángel cuando actuaba como médico, y un puro demonio cuando se convertía en persona, en mujer, y de aquella manera la encontró Encarna cuando volvió.

Después de besarla a ella, y a su nieta por la que sentía adoración, se sentó en la silla justo delante de su hija que lo hacía sobre la cama, aprovechando un momento que la niña dormía. Encarna trató de ayudar a su hija

En: ¿Ha venido la Doctora?

A: No (dijo borrando la sonrisa de su rostro)

En: ¿Vas a contarme que me he perdido?

A: No te entiendo (la miró entrecerrando sus ojos mientras unas arrugas en su frente daban muestras de su preocupación ante la pregunta de su madre) ¿Qué te has perdido?

En: Eso te lo he preguntado yo, desde que viniste de Jerez estás triste, ojerosa y con muy mal carácter (Alba cerró los ojos ladeando la cabeza, sabía lo que venía después, aunque en ese momento no imaginaba lo distinto que iba a ser a lo que su madre la tenía acostumbrada) Sé que te ocurrió algo allí, y justamente me enteré ayer que la Doctora Lacunza es hija del famoso Mikel Lacunza, y sé que fuiste a la fiesta que su padre hacía

A: Mamá (se puso nerviosa sin poderlo evitar, "¿cómo le cuento yo?, me muero de vergüenza", pensó con rapidez)

En: ¿Qué te ha pasado con ella en aquella fiesta?

A: Nada (desvió la mirada poniéndose en pie y acercándose a la ventana)

En: Me acabas de confirmar que algo ha pasado (se levantó tras ella y se puso a sus espaldas) Siempre huyes cuando tienes un problema

A: No tengo ningún problema mamá (se abrazó ella misma pues aquel escalofrío dichoso volvía a ella nuevamente al pensar en Natalia)

En: ¿Tan grave ha sido para no contármelo?

A: No quiero contártelo

En: Cariño (le acarició el brazo e hizo un gesto de malestar) He visto como te mira (Alba cerró los ojos sabía que su madre era una de esas personas que no necesita que hablen para saber lo que piensan, observaba y muy pocas veces se equivocaba) He visto en sus ojos pasión al mirarte, hasta diría yo cierta devoción, las dos sabemos lo que es

A: Es muy desagradable (se defendió de aquello que ella no quería escuchar ni a su madre, ni a su mente, ni a su corazón)

En: ¿Te ha pedido algo? (esperaba tranquila, sabía que su hija se vendría abajo pronto y le contaría) Grave es para que no lo cuentes aún haciéndote tanto daño, ¿sabes a lo que me recuerda?

A: ¡Mamá! (la detuvo girándose con rapidez, mirándola con dolor) Está bien, ¿lo quieres saber? (le preguntó más como una amenaza que como una pregunta) Sí, es lesbiana, y aunque parezca ridículo o increíble decirlo, en la fiesta se hizo una apuesta que acabaría acostándose conmigo, como me resistí la señora no tuvo nada mejor que hacer, que encerrarme en el lavabo y... bueno... violarme (su madre cerró los ojos) Fue horrible, era como si estuviera loca... me hizo tanto daño... la odio tanto...

En: Hija (pasó su mano por la frente de una Alba quien mostraba lágrimas en sus ojos, entonces la abrazó contra su pecho) No sé que decirte...

A: Hoy me ha regalado un ramo de rosas blancas, dicen que es el color del perdón, de la pureza, sabe lo que hace la tía (murmuró con gesto repelente y voz gruesa) Debe pensar que con eso voy a perdonarla

Apuesta equivocadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora