Querer y no poder

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Una vez habían cambiado a la niña, salieron con el ambiente fresco y el olor a tierra mojada tan penetrante, iban una junto a la otra sin rozarse pero tan próximas que sus pieles podían intuirse, Natalia  la llevó a uno de los bosques que habían próximos a su casa

N: Por eso acabe quedándome esta, porque a cinco minutos está esta maravilla que además respetan y podemos disfrutarla, es de los pocos lugares que quedan, todo un pulmón (decía entrándose por el camino)
A: Sí, la verdad que es una maravilla de lugar
N: En verano por las noches siempre tienes que utilizar una mantita, y eso no hay precio que lo pague
A: ¿Vienes aunque trabajes?
N: Sí en mi moto estoy en un par de horas no llega
A: ¿Y vienes de noche con la moto?
N: Pues... sí (la miró sonriendo)
A: Es verdad que tú eres muy buena... para todo
N: Exacto (sonrió) Anda dame yo la llevo un rato
A: Como pesa (se la dio poniéndola en sus brazos, al a rozó su pecho y se sonrojó) Perdón
N: ¿Por qué? (le preguntó sabiendo perfectamente el motivo por el cual lo decía)
A: Esto... que bien huele ¿eh?
N: Claro a naturaleza, ¿por qué tenía que perdonarte? (insistió aguantándose la risa y la miró algo enfadada) Sí que huele bien, sí.
A: Nat puedo preguntarte algo...
N: Sabes que si
A: ¿Tú crees que en el trabajo la gente se va a meter conmigo? (metió sus manos en los bolsillos del anorak)
N: ¿Y eso por qué? (se detuvo mirándola fijamente)
A: Está empezando a llover
N: Será mejor que vayamos a la tasca está cerca
A: He cogido esto para tapar a Natali por si acaso
N: Bueno... tampoco llueve mucho
A: Sí pero será mejor

Aligeraron el paso hasta llegar a la tasca, una vez allí, pidieron una mesa y el dueño que mostró un gran cariño hacia Natalia las sentó cerca de la chimenea para que la niña no tuviera frío, pidieron para cenar algo suave, y un poco de vino pidió Alba

N: ¿Vino?
A: Y se fue (dijo riéndose a carcajadas mientras Natalia no podía evitar mirarla con una sonrisa) Es como lo que dijo Marta de los huevos
N: Lo que yo diga, Marta es una mala influencia para ti, no hay más que verte
A: Que va... es un encanto (Natalia iba a beber y se quedó con el vaso a mitad camino de su boca mirándola con su ceja derecha levantada y mirándola fijamente) ¿Qué?
N: Marta... mi Marta... perdona ¿estás hablando de mi Marta?
A: Sí, de nuestra Marta (le dijo elevando sus cejas de manera un tanto provocativa)
N: ¡Qué fuerte! (murmuró y después bebió su agua)
A: ¿No quieres un poco de vino?
N: Deja... deja (sonrió)

El camarero les sirvió la cena que habían pedido y Natalia observaba a una Alba que se mostraba radiante, podía hacer cábalas de porque había pedido vino, lo primero que pensó fue...

N: ("Ha pedido vino para que la ayude... pero yo no quiero que beba... quiero que esté bien, y si por fin se da a mí que sea sin la ayuda del vino...") Tú tampoco deberías beber
A: ¿Por qué?, me apetece además con la pierna de cordero es muy apropiado... joder está de muerte (dijo mientras comía)
N: Eres una glotona
A: Sí...
N: A ver dime una cosa... ¿por qué me has dicho antes eso de que si la gente se va a meter contigo?
A: ¡Ah sí! (se limpió los labios con la servilleta de tela mirando a Maca le parecía encantadora, cada gesto que hacía cada movimiento, toda ella) Pues eso... no sé... ¿se meten contigo?
N: ¿Conmigo?, ¿y por qué van a meterse conmigo?, que yo sepa no he hecho nada (le decía como si no supiera de que hablaba pero sabiendo perfectamente que quizá necesitaba entender algunas cosas)
A: Bueno... no te ofendas ¿eh? (le dijo con temor) Por ser... (tragó saliva y bajó la voz) Por ser lesbiana
N: No hace falta que lo digas como un secreto, aquí todos lo saben (dijo con tranquilidad dándole un mordisco a su trozo de lenguado que tenía en su tenedor)
A: Perdona... (notó un cierto malestar en su voz)
N: No pasa nada Alba (le sonrió amablemente) Nadie va a decirte nada, porque nadie tiene porque decirte nada, tú eres libre de elegir y nadie tiene derecho a recriminarte nada. Al menos a Julia nadie le dijo nada nunca, y a mí mucho menos
A: Bueno tú porque impones mucho
N: ¿Ah sí, impongo? (le sonrió graciosamente demostrándole que estaba encantada en ese punto de la conversación)
A: Eso me dijeron... pero la verdad, a mí no (le sonrió sacándole la lengua)
N: ("Yo quiero que tú sientas por mí otra cosa mucho mejor... creo que seríamos felices" pensaba mientras la miraba fijamente con el tenedor en la mano y Natali en el brazo)
A: ("Joder como me mira... ¡lo qué debe estar pensando!... me estoy poniendo colorada y voy a explotar") Ahora hace calor, ¿no? (pero Natalia seguía mirándola sin contestar, ella insistió) Nat
N: Perdona... ¿qué?
A: Que ahora hace calor
N: Un poco, pero bueno, el vino te debe estar haciendo efecto
A: Que va... estoy muy bien, tranquila
N: Pues como te iba diciendo, no tienes que preocuparte porque como yo impongo tanto, nadie se atreverá a meterse contigo (Alba dio una carcajada enorme y se tapó la boca con la servilleta) No te rías... es verdad
A: Ya... ¿crees que yo no me sé defender?
N: Pero a ver... ¿de qué te tienes que defender?, no lo entiendo... la gente no le importa que estés casada conmigo o con un médico... bueno.. vale... sí... un poco iras de cotilleo en cotilleo, pero eso como todos los demás, si es que da lo mismo Alba, estás casada conmigo y dirán, pero si estuvieras casada con un médico dirían igual
A: Ya... no si tienes razón
N: ¿De verdad te preocupa tanto? (la miró fijamente) porque si es así no sé porque quieres engañarte en pensar que con tiempo y mi comprensión puedes cambiar hacia mí... (Alba guardó silencio, se sintió de pronto incomoda e infantil) Yo puedo esperar y te puedo dar tiempo Alba, pero si ya eres tú la primera que tiene esos prejuicios como pretendes pensar que algún día tú y yo podamos ser algo más que amigas
A: No lo sé... no lo sé...
N: Creo que será mejor que acabemos de cenar (le dijo de repente al ver que ella se mostraba algo nerviosa)

Apuesta equivocadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora