Arrepentimiento

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Cuando Maria pudo deshacerse del Embajador de Portugal y su gran borrachera, fue con rapidez hasta la terraza allí se encontró con Marta que salía también

Marta: Ni rastro de una ni de otra

Maria: A Alba la mandé a la bodega

Marta: Estará allí (le dijo un tanto desconcertada)

En aquel mismo momento Alba se miraba al espejo, trataba de calmar su llanto, de arreglar su blusa rota, pero no tenía fuerzas, ¿cómo podría explicar lo que había pasado?, ¿y aquellas palabras?, solo mía, una y otra vez su mente las repetía y sentía un escalofrío recorrer su piel. Fue a salir porque necesitaba que Maria la ayudara cuando pudo nítidamente escuchar la conversación entre las dos mujeres

Maria: Desde luego no sé que le ha pasado a Natalia

Marta: La culpa no es suya

Maria: No te entiendo (la miraba fijamente)

Marta: Todo es producto de una apuesta... estábamos aburridas... apareció Alba y Natalia apostó a que antes de que acabara la noche sería suya (Alba sintió aquellas palabras como un puñal que le iba abriendo sus carnes, se apoyó sobre la puerta y comenzó a llorar) Ya sabes como es... sólo era un juego

Maria: Sois unas inconscientes... de verdad... esta vez os habéis pasado

Marta: Lo sé... voy a ver donde puede estar, igual nos estamos equivocando, si no está aquí, igual ha salido a tomar aire

Maria: Dios lo quiera

Marta: Vale... voy a buscarla

Maria: Pobre Alba... (de repente oyó un sollozo, le llamó la atención y se acercó con cuidado hasta la puerta de aquel lujoso lavabo. Abrió despacio y entonces la vio. Sentada en el suelo llorando desconsoladamente, no tenía que contarle lo que había pasado, las señales en su ropa, en su cuello, sus lágrimas le dieron a entender lo sucedido. Se acercó hasta ella abrazándola sin entender nada) Alba cariño...

Alba: Ha sido horrible (lloraba desconsoladamente apoyada en su pecho)

Maria: Pero... ¿qué has hecho Natalia... qué has hecho?

Alba: Ayúdame Maria... ayúdame (lloraba abrazada a la mujer que mantenía una expresión de pena y dolor en su rostro)

La noche se había cerrado de repente, la luna había sido tapada por una nube, y la luz bajó su intensidad en el campo abierto. Marta, había buscado por todo el local, sabía que no estaba allí, se había apoderado de ella una angustia terrible sin saber porque, quería pensar que a lo mejor su amiga había conquistado a aquella mujer, cosa que por más que quisiera le parecía totalmente improbable. La había buscado sin descanso y justo cuando fue a desistir, vio una sombra sentada en un lugar que sabía era el preferido para Natalia. Se acercó a paso ligero, Natalia la oyó llegar pero no se inmutó. Estaba sentada en una especie de pequeño precipicio, era una montaña que daba a otra más pequeña pero desde donde se podía escuchar el canto de los grillos y demás animales de la noche. Marta no se movió, se detuvo a su lado esperando algún gesto de su amiga, algunas palabras, pero entendió que algo grave había hecho cuando su silencio se hizo espeso como aquel cielo negro sin luz

Natalia: Vámonos Marta, por favor (su tono cansado, opaco y pesado le hizo entender que algo grave había pasado. Entonces despacio como si al arrastrar las palabras sintiera un perfecto castigo le dijo) Me la he cargado

Marta: ¿La has matado? (lo dijo sin poder ocultar en su voz un temblor de pánico y una expresión de horror)

Natalia: Físicamente no, pero sí, le he causado una herida mortal

Apuesta equivocadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora