Entre tanto Natalia había cerrado los ojos, se había dejado transportar a exactamente una hora antes, cuando aquella rubia de ojos rabiosamente azules, llamada Marisa, se había lanzado a sus labios, había movido sus manos rápidamente tocando su cuerpo, recordaba su aliento jadeante sobre su piel, y su propio deseo despertarse, pero con una sonrisa recordó la manera con la que la apartó, con la que la miró y aunque aquella mantenía su respiración completamente disparada por el deseo, Natalia se mantuvo firme diciéndole con dulzura.
N: Lo siento... no se que te ha llevado para dar este paso, no sé si yo te he confundido y has pensado que es esto lo que necesitaba o deseaba, agradezco este rato de conversación que hemos tenido pero nunca sería infiel a mi mujer.
Marisa únicamente le sonrió de medio lado diciéndole.
Marisa : Que pena Natalia ... debe ser una mujer increíble espero que podáis solucionar vuestros problemas , si cambias de idea ya sabes por dónde encontrarme , cuídate.
Frente a una taza de café, se encontraba una extasiada Marta , aún se preguntaba que había pasado realmente, y sobre todo como había pasado, como alguien totalmente imprevisible en su vida podía hacerle tan extremadamente feliz, como podía haberla llevado al paraíso con una extrema dulzura y allí mientras sentía el calor que la taza le regalaba a sus frías manos, se daba cuenta, que esas manos habían volado por una piel deseada como pocas, que esas manos habían tocado el cielo de una manera tierna y a la vez salvaje, esas manos se habían llevado besos que habían erizado todos y cada uno de los poros de su piel, y si se paraba a recordar, seguían ahí vestidos de fiesta. Bebió un sorbo, lo saboreó, de igual manera que había saboreado otro elixir del que desconocía completamente su maravillosa existencia, un elixir que únicamente había sido creado para su gozo, de igual modo que había saboreado besos humedecidos, entre gemidos arrancados de una garganta extasiada en placer, igual que había dejado que saborearan en su boca, su gusto, su pasión, labios que habían rodado por su piel, por su cuello delicadamente, por lugares que aún a sus treinta y cuatro años seguían siendo vírgenes, labios que habían succionado con cuidado y fiereza sus pezones, labios que le habían hecho estremecerse de la manera más brutal que podía existir y que en aquella noche que no esperaba, que no había imaginado nunca, la mujer que dormía en su cama le había enseñado
Cuatro alturas más arriba, en la cama, seguía la pareja unida fuertemente, estrechadas por un abrazo, cara a cara, pero una de ellas no había podido cerrar sus ojos, había pasado gran parte de la noche observando a la otra dormir relajadamente, había tomado posesión de la copla, y allí en la cama se había convertido en Julio Romero de Torres, pintando a la mujer morena, porque grabó en su mente aquella frente amplia, aquellos ojos cerrados y entregados a sus sueños que eran para ella secretos, pero que cuando los abría transformaba en una mirada penetrante que gritaba aquello que su corazón muchas veces prefería callar, recorrió sin rozar con su dedo índice aquella nariz recta y un tanto prominente, suspiró con una sonrisa verdadera, y pasó a fijarse en aquellos labios sensuales aquella boca perfecta, aquellos labios que cuando rozaba los suyos, se perdía en las profundidades del mar, aquellos dientes tan alineados, como perlas blancas, y aquel cuello, donde tanto le gustaba refugiarse, tan largo y elegante, tan cálido donde dejar que su lengua tuviera un viaje era para ella, volar al Universo, y aquel cabello moreno donde le gustaba enredar sus dedos, que le encantaba que rozara su piel cuando estaba en la cama. Y era entonces cuando Alba se preguntaba, si todo aquello la volvía loca porque le daba miedo el siguiente paso, era cobardía, era recuerdo del pasado o era un precipicio donde caer podía resulta tan maravilloso como aterrador.
En su cocina, ante la taza de café que se había enfriado un poco, seguía Marta navegando en sus recuerdos, suspiró, acomodando su codo sobre la mesa y su mano sobre la frente. Recordó cerrando los ojos paso a paso lo que había ocurrido tras cerrar la puerta de casa de Natalia.
ESTÁS LEYENDO
Apuesta equivocada
FanficTodo empezo con una simple apuesta entre amigas.....dinero, poder, egocentrismo, necesidad, infidelidad, engaño, lujuria, sexo, placer ..... Amor. Una historia dura. Adaptación de fic escrito hace un tiempo.
