Contradiccion

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Al entrar Natalia , una sonrisa se dibujó en su rostro, verla dormida le producía una calma tremenda, sabía que no había estado bien ponerle aquel pedazo de pastilla, pero también sabía que de otra manera no iba a descansar. Antes que nada, se quitó los pantalones empapados, se fue al cuarto de baño y se secó con una toalla, después los tendió en el tenderete que tenía Alba en una especie de cuarto con una ventana. Que casa más triste pensó. Una vez terminó con la camiseta interior y con las bragas como únicas prendas, fue lentamente hasta el lado de su cama, se sentó observándola, le apartó con cuidado un mechón del cabello para poder disfrutar de ese rostro tranquilo, repleto de paz justamente todo lo contrario a lo que había visto reflejado durante su discusión. ¿Por qué le había hablado de aquello?, era la pregunta que más se repetía, suspiró profundamente mientras apoyaba su codo sobre la almohada, quizá porque necesitaba demostrarle que le importaba realmente, que ya podía dominar sus instintos más bajos, que en ese momento, ella podía observarla sintiendo un amor profundo que ni siquiera Julia había provocado en ella. La verdad era simple, había hablado de aquello simplemente porque necesitaba decirle que ella había cometido un error, pero no quería hacerle daño, ella estaba ahí no le había dado la espalda, al contrario, la amaba profundamente y quería que se percatara de aquello. Con delicadeza, le dejó un suave beso en la frente, entonces miró alrededor, aquella habitación tan pobre, tan triste, pero a la vez con tanto amor, sonrió porque sus pensamientos le empujaron a soñar con una familia formada por ellas tres, si pudiera adoptar a Natali... si pudiera...

N: ¡Un momento! (aquel pensamiento le obligó a sentarse en la cama con un gesto de máxima concentración) No... eso no lo puedo hacer... (entonces volvió a mirar a su amor y le susurró) Daría todo por poderte ayudar, ojalá algún día me puedas perdonar.


Unos rayos de sol en la cara De Alba la sacaron de aquel intenso sueño, fue abriendo poco a poco los ojos y al despertar, una voz que conocía muy bien le hizo volver a la realidad de golpe. Era ella, sí, allí estaba hablando con Natali, la tenía cogida en brazos, las piernas colgaditas la cabeza apoyada en su pecho, y ambas asomadas a la ventana, no quiso moverse, tan solo contempló la escena, oía como Natalia le cantaba una nana, y veía con asombro que la niña, ni siquiera protestaba, movía sus brazitos como si quisiera demostrarle que le estaba haciendo feliz con aquel suave movimiento y aquella voz susurrándole. ¡Qué voz, sugestiva, suave y melancólica!, ¿por qué tenía aquella voz?, podía desmontarla con tan solo un susurro. Entonces la miró y con gesto un tanto desconcertado se dijo a si misma "joder va solo con bragas". Pero entonces aquel maravilloso momento para las tres mujeres que habitaban en aquel cuarto, fue interrumpido por el sonido de un móvil

N: ¡Mierda!... a ver cariño... vamos a ver quien llama quien osa romper nuestra tranquilidad (Alba vio como le dejaba un beso dulce sobre su cabeza)
A: Damela (le dijo levantándose mientras la cogía entre sus brazos y la besaba escuchando disimuladamente)
A: ¿Sí?, hola Julia (Alba agudizó mucho más el oído mientras hacía como que observaba el pañal de la pequeña) Bueno... eso es normal no te preocupes, sí, sí entro ahora, sí nos vemos... vale... adiós. ¿Qué tal has descansado?
A: ¿Qué le echaste a la leche? (le preguntó sin mirarla pero con voz lúgubre)
N: ¿Yo? (puso gesto de niña buena negando con un suave movimiento de cabeza que le hacía una expresión divertida) Nada
A: No sé porque me fié de ti, era demasiado probable
N: Necesitabas descansar, te ha ido bien, ¿no?. Pues ya (le entregó una sonrisa amable)
A: ¿No te habrás acostado conmigo? (le dijo mirándola de arriba a bajo)
N: No, si me hubieras dado algo no iría con ropa interior. Puedo equivocarme una vez, pero aprendo de mis errores (le sonrió con delicadeza aunque se moría de ganas de besarla)
A: ¿Ya te vas?
N: Ahora sí, Natali está perfecta ¿verdad cariño? (al acercarse para darle un mimito rozó intencionadamente su pecho derecho con el brazo izquierdo De Alba que sintió cierto molestar) Bueno... pues me voy... si necesitas algo me llamas (fue a por su pantalón y se lo puso en el cuarto de baño)
A: No necesito nada (le dijo girándose para que no pensara que le interesaba verla)
N: ¿Vas a ir al hospital por lo del trabajo?
A: No
N: No seas cabezota Alba
A: ¡Mira déjame en paz!, me cansas, me agobias, me ... (entonces Natalia le cogió por la mandíbula y le dejó un beso en la mejilla y salió corriendo) ¡Será...!... está loca, completamente loca y más aún si cree que con estas cosas me va a tener comiendo de su mano.


Cuando entró en el hospital, la cara de Sonia era todo un poema. Firmó corriendo y le dijo casi sin parar

N: Ya lo sé llego tarde
H: Nat ¡menuda cara nos trae!, ¿noche loca? (le preguntó bajito)
N: Yo no soy como tú, Héctor
H: Eres peor...
N: ¿Me has dejado servible a Marta? (le decía mientras iban camino a la sala de médicos)
H: No sé... está en casa... (dijo elevando los hombros)
N: ¡Ya os vale!
V: ¡Ya era hora todo el hospital esperando a Natalia!, y Natalia desaparecida
N: Lo siento... lo siento
V: ¿Recordabas qué teníamos reunión? (le preguntó mirándola fijamente como solo Vilches sabía mirar)
N: Sí Vilches... lo siento de verdad
C: Tienes mala cara Nat
N: Luego te cuento
C: Alba (afirmó)
N: Alba (confirmó)
C: Tienes cara De Alba... sí
N: Que mala eres (le dijo sonriendo)


Mientras la reunión se celebraba, Alba en su casa no cesaba de recordar todo cuanto había ocurrido, miraba a la pequeña juguetear en el sofá y sonreír, y no podía creer todo cuanto le había pasado. Parecía que cada vez que ponía punto y final a la aparición de Natalia, algo pasaba que ésta siempre terminaba volviendo, siempre volvían a encontrarse por un motivo u otro, y sus palabras, no podía olvidar sus palabras, ¡qué falsa era!, decirle que olvidara su pasado.

A: ¿Sabes una cosa Natali? (se abrazó al almohadón y se refugió en aquella postura que a ella misma le daba a entender el miedo que sufría) Nadie me había tratado así... sé que me quiere ayudar pero... no puedo aceptar su ayuda, sería ir contra mi misma, no puedo cariño... ¡me da tanta rabia!, ¡joder cómo puede saber tan bien lo que me pasa!, mi madre nunca debió decirle nada... ¿pero qué sabrá ella cómo me siento realmente?, si estoy así es gracias a ella sabe hablar muy bien, le queda todo muy bonito... pero no sé da cuenta que no la soporto, por muy bien que me besara (notó ella misma como se puso colorada) por muy bien que me hiciera sentir entre sus brazos... ¿sabes cariño?, estoy baja de defensas, porque estoy segura que si ahora llamara Fernando, lograría lo mismo que ella ¡pero no por eso es que me guste ella, cariño!, no, eso jamás. Voy a ducharme y te voy a ir preparando porque tendré que ir a dejarte a casa de Maria y luego irme a trabajar... (dejó a un lado el almohadón y se acercó hasta la pequeña con una sonrisa enorme) Tengo que aceptar ese trabajo mi vida, ¿pero y el resto de cosas?...


La reunión había transcurrido de una manera normal tal y como se esperaba, pero Natalia había estado más ratos ausente que presente, la voz de Vilches iba y venía de manera continua, se iba intercambiando por la voz asustada, herida y ofendida De Alba de la noche anterior, sus muecas que se alternaban según sus pensamientos, iban dando a entender a una Cruz que la observaba de reojo, que algo había pasado entre ellas, sin acertar muy bien que... estaba segura que aquella sonrisa De Natalia al entrar se debía sin duda a un acercamiento con Alba, pero entonces, no entendía como de vez en cuando, a medida que transcurría la reunión, su gesto iba volviéndose sombrío

V: Y esto es todo... ahora nuestra querida Pediatra va a ser la elegida para que haga el acta de reunión (la miró sonriendo burlonamente)
N: Pero... (los demás se levantaron sonriendo)
H: Te tocó
J: Vamos Nat que con un par de horas que te pongas a prepararla vas sobrada (dio una carcajada y salió burlándose de su compañera)
N: Es injusto (murmuró)
L: Joder Nat que se te notaba de bien lejos, ¿Julia? (Laura enarcó una ceja pero ante la mirada reprobatoria de Cruz le hizo volver la sonrisa en una mueca de fastidio) Vale, vale, me voy pero cuando tengas el acta me la pasas
C: Bueno...
N: Necesito un café
C: Necesitas más una charla que un café (se levantaron a la vez saliendo hacia el pasillo) Por un momento he pensado que todo iba bien (Natalia mostró un quejido gutural que demostró inquietud) ¡Ay Natalia, Natalia!
N: Es injusto, hacer el acta de la reunión... totalmente injusto (volvió a repetir contundentemente mientras Cruz soltaba una carcajada y un golpe en el brazo de Natalia que sonrió finalmente)

Entraron y se prepararon un café, se sentaron en la mesa más apartada de la cafetería para poder charlar tranquilamente, pero en el momento en que iba a comenzar a relatarle a Cruz lo ocurrido, apareció Sonia quien le hizo un gesto y se fue a por su café

C: Dice que esperes
: ¿Qué espere qué? (la miraba sin entender)
C: ¡Joder Natalia... que es Sonia!
Sonia: Ya estoy aquí. Venga suéltalo (se sentó junto a Cruz de esa manera ambas podían observarla fijamente mientras hablaba)
N: ¿El qué?
Sonia: Me haces tonta, ¿es eso? (la miró con dudas con su frente arrugada) Cariño tienes cara de haber pasado la noche con Alba, sí, tienes cara De Alba
N: ¡Pero bueno!... ¿Cruz? (la miró intensamente a modo de riña)
C: Yo no le he dicho (levantaba las manos mientras sonreía divertida)
Sonia: Tengo un cuarto de hora, ¿vale?
N: Está bien... me llamó anoche (ambas la miraban fijamente acodadas sobre la mesa y ojos bien abiertos para captar gestos) La niña se había puesto con fiebre, la verdad que la note muy histérica... demasiado y pensé que era algo grave, cuando llegué, Natali no paraba de llorar, ella también
Sonia: Y la consolaste (lo dijo tranquilamente antes de beber de su café)
N: No (sus ojos la miraron intensamente)
C: Deja que nos lo cuente Sonia
Sonia: Es que me pone nerviosa, va sintetiza, ¿no te lo enseñaron en el colegio?, ¿o a es clase faltaste?
N: Eres estupenda Sonia, lo que daría por haberte tenido de madre
Sonia: Entonces no lo sería, sería la pesada de tu madre (dijo con un gesto gracioso en su cara)
C: Eso es verdad. Va sigue
N: Pues eso... la niña tenía un empacho, mucha fiebre es cierto pero ella es enfermera. Así que pensé que lo que ella tenía en realidad era miedo
C: ¿Miedo?
N: Sí, su madre se ha marchado con su otro hijo y la ha dejado sola
Sonia: Es decir, te ha dejado el camino libre, una mujer inteligente (confirmó con sus palabras y un gesto contundente)
N: Algo así, pero, además Cruz sabes que está con los papeles de la adopción
C: Sí, ¿y?
N: Paco le ha dicho que lo tiene francamente difícil porque claro su situación es bastante mala
C: Así que lo que anoche necesitaba era compañía de alguien que le diera seguridad y algo de mimos, imagino (le dijo sonriente) Y claro, con lo cargadita que ibas tú de chocolate...
Sonia: ¿Chocolate?, ahora lo entiendo todo (elevó su mano izquierda como si saludara a todos los que allí estaban)
N: Bueno... vale ya de burlaros de mí, que esto fue bastante desagradable. Volvimos a discutir, a pelear, por muy poco me libre de un sopapo
Sonia: Pequeñita la rubia pero matona
N: Sí, es todo un amor (en su rostro se dibujó una sonrisa amplia de enamorada)
C: ¡Joder! (murmuró tapándose la cara ante la sonrisa de Natalia) ¡Cómo la tenemos!
N: Ya te digo, me tiene loquita, no si eso te lo digo yo. Total que conseguí que se calmara después de una discusión intensa, su pasado es horrible, ha sufrido mucho y bueno... (suspiró intensamente) Digamos que yo no he contribuido a mejorarlo
C: Claro
Sonia: No tienes perdón
N: Lo sé no hace falta que me lo recrimines tú también, con ella tengo suficiente. Pero bueno logré ponerle medio valium en la leche
C: ¡Pero Natalia! (la miró perpleja)
N: Sabía que no iba a dormir y después del ataque de locura que tuvo, necesitaba hacerlo, ¡solo quería que descansara! y me he pasado toda la noche allí a su lado, con la niña en brazos sin pegar ojo, disfrutando de algo que no imaginaba, la verdad
Sonia: Como si fuerais una familia, ¿no?
N: Exactamente igual
C: ¿Y te ha reprochado mucho esta mañana? (enarcó sus cejas)
N: Lo normal pero...
Sonia: ¿Pero?
C: ¿Qué?
Julia: Hola Nat... te estaba buscando
Sonia: ¡Vaya ya nos aguaron la fiesta! (murmuró con el tono suficiente como para que ella la oyera con claridad)
C: Bueno Sonia... creo que mejor nos vamos a ver si nos necesitan
N: ¿Qué pasa? (le preguntó con distancia pero con calma y educación)
Julia: Tienes mala cara...
N: No he dormido mucho (hizo una mueca de cansancio)
Julia: ¿Por ella?
N: ¿Qué? (la miró con dudas)
Julia: Por esa chica... la que nos vio en el pasillo...
N: Alba (murmuró como si al hacerlo pudiera tenerla cerca)
Julia: Vaya... se llama Alba...
N: Bueno que quieres Julia, se me ha pasado la hora de descanso
Julia: Saber como estabas
N: Pues ya ves... estoy bien...
Julia: A mí no me puedes engañar, no estás bien, ¿qué pasa con ella? (ante la mirada un tanto oscura de Natalia añadió) Quiero al menos ser tu amiga, si pudiera ayudarte, al menos déjame ser tu apoyo (le puso su mano sobre la de Natalia que la retiró con cuidado de no herirla)
N: Te lo agradezco Julia, pero tengo apoyos suficientes, no necesito el tuyo gracias (se levantó y se marchó un tanto dubitativa por la actitud de Julia, entonces sonó su teléfono móvil, era inevitable, ahí estaba el Pitufo Gruñón) Dime Marta
M: Oye, ¿se puede saber dónde has pasado la noche?
N: ¿Desde cuándo tengo que darte explicaciones?
M: ¡Eh, alto, detente!, loca más que loca (le gritaba con timbre afilado)
N: ¿Y eso por qué?, ¿qué pasa ahora?
M: ¿Tú has estado con...?
N: Oye Marta ahora debo dejarte, escucha habla con Maria llegaba esta mañana, ya debe estar en casa, dile que nos la llevamos a cenar, ¿vale?
M: A sus ordenes... pero me debes una explicación, ¿me oyes?, ¿Natalia?... ¡es que la tengo que matar, eh!, mira que sabe que me jode me dejen con la palabra en la boca, y la tía, cuanto más lo sabe... más lo hace... pero ese tonillo, esa sonrisita facilona... ¿cómo podría yo hablar con Alba sin que acabe con mi vida?... ¡ay el amor que complicado es! (entonces sonó el timbre de la puerta) ¡Voy!. ¡Maria de mis entrañas! (gritó abrazándose a ella
Ma: Vamos, vamos que me vas a tirar (decía feliz de ver su sincera reacción)
M: No sabes lo que te he echado de menos
Ma: Ya... ¿qué, tú sola no puedes con Natalia?, ¿no?
M: ¡Pero qué mujer más inteligente por Dios! (se puso las manos en la cintura)
Ma: Ya. Anda prepárame un café que tengo cosas que contarte, vamos a tener que estar muy pero que muy vivas
M: ¡Ah pero que no lo estamos!, yo te aseguro que después de la nochecita que he tenido, lo estoy...
Ma: ¡No me vengas con esas, eh! (la riñó con mueca de fastidio)
M: ¡Ay, habló la puritana!. Venga empieza mientras preparo el café
Ma: Sí que espero visita y no puedo entretenerme mucho (le contestó mirando el reloj)
M: ¡Caray tan poco tiempo en Madrid y ya tienes amistades!
Ma: Está amistad es especial
M: ¡Ah vale!. ¿Me cuentas, por favor? (le dijo una vez había dejado la cafetera sobre la vitro cerámica y se había sentado a su lado)
Ma: Ayer tuve visita
M: No me digas más, mamá Lacunza
Ma: Exacto. ¿Sabes qué me dijo?
M: Que vigiles a Natalia...
Ma: Más o menos, me vino a decir a mi propia cara que yo estaba protegiendo a su hija de todo cuanto hacía, vino de malos modos, con toda su clase
M: La he sufrido en mis propias carnes, en esa actitud ponderosa muchas veces como te diría yo... tipo Ángela Chaning de Falcón Crest, sí, insoportable
Ma: Cree que está con Alba
M: Le ha puesto un detective a Natalia, pero esto, entre tú y yo ¿eh?, que ya sabes como se toma Natalia estas cosas
Ma: ¡Qué barbaridad! (murmuró más indignada que sorprendida) Pues está dispuesta a todo por no dejar esa relación en paz
M: ¡Y a ella qué más le da!, es la vida de Natalia (decía indignada)
Ma: Pero ya sabes, todo cuanto hace Natalia les preocupa
M: Ya, y las amantes de Santi no, y los escarceos de Elena con todos los vendimiadores tampoco, y las borracheras de su nuera tampoco, solo Natalia
Ma: Ya sabes... es una vergüenza (dijo poniendo mueca de repulsa por aquellos padres que no dejaban tranquila a su hija) De todos modos ella sabes que no hace mucho caso ¿eh?
M: Sí, sí, pero le afecta. Además esta enamorada hasta las trancas De Alba
Ma: Lo sé
M: Si pudiera hablar con Alba (murmuró)
Ma: ¿Para qué?
M: Espera, anda pon las tazas, haz algo guapa
Ma: Ya voy, ya voy (le repetía poniéndose en pie) ¿Sabes lo qué me preocupa de mamá Lacunza?
M: A mí todo (le dijo en voz en grito desde su cuarto)
Ma: La veo muy decidida a hacer entender a Natalia que prefieren a Julia divorciada a cualquier otra, que si volviera con ella, la aceptarían sin rechistar cara a la sociedad en Pamplona
M: ¡Julia!, pues se va a joder, mira (le dijo de pronto enseñándole una foto que lleva en su mano) Esto es lo que tiene mamá Lacunza. ¿Tú que ves?
Ma: ¡Pues hija así de buenas a primeras... nada! Si no me pongo las gafas
M: Venga va, di, ¿qué ves?
Ma: ¡Pues que voy a ver!, a Natalia haciendo la payasa y a Alba... espera (se puso las gafas que llevaba colgadas) Sí, sí, a Alba la veo sonriendo, ¡vaya!
M: Por eso quiero hablar con ella
Ma: Pues mira, viene dentro de diez minutos
M: ¿Aquí? (puso expresión de miedo)
Ma: ¿Cómo va a venir aquí? (la miró como si hubiera dicho la mayor tontería del mundo y Marta sonrió) Va a dejarme a la niña, ella trabaja
M: Podríamos hacer una cosa
Ma: Dime, ¡jo si que has cargado el café! (cerró sus ojos un tanto molesta)
M: Es que no he dormido y tengo que estar espabilada (se disculpó) Pues creo que tú deberías hablar con Alba, no sé, hacerle entender que Natalia no es ese monstruo que ella cree. Sabes que la madre le pidió ayuda a Natalia
Ma: ¿De verdad?
M: Sí (asintió seria) Y yo en esa foto capto una Alba con una sonrisa que no debería tener en su rostro...
Ma: Bueno, yo es que veo a Natalia así y me muero de la risa
M: Ya, pero tú eres tú y la otra es la otra
Ma: ¿Tenemos un mínimo rayo de luz?
M: Yo creo que sí
Ma: Pues entonces hablaré con ella, con tacto, es una chica muy complicada
M: Vale pero de todo esto ni palabra a Natalita ¿eh?
Ma: ¿Natalita? (la miró extrañada)
M: Ay, es que mi argentinito me lo pega todo
Ma: Mientras no te pegue algo que se haga grande (le dijo seria)
M: Serás... (dio una carcajada enorme pero de repente se calló y puso gesto serio) ¿Sabes quién ha vuelto a escena?
Ma: Tienes esa expresión que pones cuando se trata de Julia, ¿sí?
M: La misma que viste y calza
Ma: Natalia podría montar un circo, total, seguro le crecen los enanos
M: No lo habría resumido mejor, ¡sí señora!, eres grande Maria. Por cierto, a todas estas me ha llamado Natalia  y me ha dicho que nos vamos de cena
Ma: ¿Quién?
M: ¿Quién va a ser?, tú, Natalia y yo
Ma: ¿Y eso?
M: Es para darte la bienvenida, además creo que esta noche Natalia la ha pasado con Alba y entre dos es más fácil sacar información que solo una
Ma: Por eso me has echado de menos
M: Claramente. Venga, ve a por Alba que yo espero a Natalia
Ma: La verdad (se apoyó una mano sobre la barbilla, miró con detenimiento la fotografía que reflejaba a una Natalia radiante y susurró) Hacen muy buena pareja


La mañana en el hospital había sido muy movida, a penas habían podido hablar Cruz y Natalia, en un momento en que la intensidad de trabajo había bajado, Natalia se fue al despacho de Cruz, allí habló con ella

C: Me parece algo muy serio Natalia, deberías meditarlo bien
N: Ya lo sé, pero no quiero imponer nada, solo quiero saber si puedo o no
C: Lo veo muy complicado, no por ti, sino, por ella (le dijo lentamente)
N: Ya... (aceptó con un movimiento ligero de barbilla)
Patricia: Cruz rápido a quirófano
C: Voy Patricia. Oye...
N: Tranquila... ya hablamos
C: No hagas más locuras Nat, por favor. Piénsalo bien, piensa bien cuales van a ser tus actos y sus consecuencias
N: Claro Cruz, gracias (le sonrió con una mueca triste) Joder... ¿qué hago? (se apartó la melena con un golpe seco, tenía sus piernas cruzadas y sobre su rodilla, apoyó su codo quedando su mano extendida sobre su sien. Dio dos golpes afirmativos con la cabeza, buscó sus contactos y llamó) Hola, soy Natalia, quería saber si Paco me puede atender... gracias, espero (cerraba sus ojos tratando de suspirar fuertemente para controlar los latidos nerviosos de su corazón, parecía que últimamente el riesgo en sus acciones era su mejor amigo) Sí, dime (se incorporó un poco) de acuerdo, vale mira me quedan dos horas de trabajo y le llamo ¿vale?. Gracias a ti. ¡Espero no equivocarme!

Apuesta equivocadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora