Recuerda que eres enfermera

3.2K 138 3
                                        

Se levantó como alma que lleva el diablo, se vistió con la primera ropa que encontró, ni siquiera se paró a mirarse, se recogió la melena en una coleta, tomó las llaves del coche, pero lo pensó mejor y se fue con la moto, adelantaría. Sacó su maletín de urgencias que solía tener en casa y cruzó la ciudad a todo gas. Se saltó un par de semáforos en rojo, no le importó que la lluvia en esos momentos se hiciera más fuerte, sólo llevaba en mente a Natali y como no podía ser de otra forma, la voz angustiada De Alba. No tardó ni diez minutos en presentarse en su casa, llamó y Alba que parecía estar esperándola le abrió al primer timbrazo, cuando iba subiendo por el ascensor, se percató que sus manos le temblaban, que su corazón latía con fuerza y desespero. Estaba nerviosa y no lo iba a negar, no sabía que se iba a encontrar tras la puerta, no sabía realmente el estado de la pequeña y repasando mentalmente las posibles causas de la fiebre se abrió la puerta del ascensor. Al salir, allí estaba Alba con la cara demacrada, asustada y con los ojos acuosos

A: Joder como has tardado (le espetó de golpe sorprendiendo a Natalia que casi se había dejado los puntos, el carnet y la vida en aquella carrera por llegar pronto) No sé que hacerle, no para de llorar
N: A ver déjame, haz el favor de estar tranquila, ¿vale?
A: Le he puesto paños pero no le baja de cuarenta
N: Vamos a tu habitación, prepara la bañera
A: No tengo (puso gesto incomodo)
N: Vale, ¿tienes una palangana grande?
A: No (la niña no paraba de llorar)
N: La pila de la cocina (la miraba intensamente porque veía que Alba cada vez estaba más y más desprotegida) No pasa nada con eso tendré suficiente (al entrar a la cocina, se dio cuenta de lo pequeña que era) Joder aquí no cabe
A: ¿Qué hacemos?
N: A ver, vamos a tu habitación, coge el maletín
A: Sí, sí (decía nerviosa yendo tras ella)
N: Venga pequeña... ya está... Natali cariño... venga a ver déjame mirarte, ¿eh?, se buena chica (su tono dulce no parecía hacer efecto con la niña) A ver hay que quitarle toda la ropa
A: Ya lo hago yo (le dijo de repente molestando a natalia) Aquí tengo agua le estaba poniendo paños
N: Venga... muy bien ... muy bien (la estaba auscultando y le hablaba a la vez bajo la atenta mirada De Alba)  bien... perfecto, ¿cuántas veces ha vomitado?
A: Dos, le he dado el biberón pensando que tenía hambre cuando empezó a llorar pero, lo dejó y fue cuando comenzó a vomitar (le decía con la voz compungida y mirada repleta de temor)
N: Vale, a ver la panchita (comenzó a tocar y la niña a berrear) Bien... esto está mejor (respiró aliviada)
A: ¿Qué es, es grave?
N: Alba eres enfermera, ¿recuerdas? (la miró intensamente)
A: ¿Qué quieres decir? (se puso a la defensiva)
N: Es un simple empacho, no entiendo como pierdes los nervios de esa manera
A: Mira... más vale que no te pases de lista
N: Calienta un poco de agua y ponle manzanilla, voy a inyectarle un paracetamol (ante la pasividad De Alba se giró y le dijo entre dientes ofendida sin alzar la voz pero con el suficiente ímpetu como para demostrar su malestar) ¡No voy a hacerle nada!

Alba salió algo avergonzada por ser descubierta ante su pensamiento y Natalia cerró sus ojos molesta, aquel encuentro no estaba siendo del todo tranquilo, le molestaba la actitud De Alba cada vez que Natalia tocaba a la niña, le molestaba su desconfianza. Sin embargo quería centrarse en aquella pequeña que se mostraba inquieta, le puso los paños de agua fría, la niña lloraba y agitaba sus brazitos ante la voz melosa y repleta de ternura por parte de una Natalia que le sonreía

A: Aquí está (entró Alba con gesto impaciente)
N: Ya le he puesto el paracetamol, ahora con esto y los paños bajara la fiebre
A: Yo le doy el biberón (dijo apresuradamente)
N: Bien (se apartó para que ella la cogiera en brazos) Intenta no darle mucho calor, es mejor (Alba la omitió y siguió haciendo daño a una Natalia que se pinzó el labio inferior un tanto dolida) Voy a traer más agua
A: Mi amor... cariño... (le besó la frente)

Aquellas palabras que salieron directamente de su corazón, dedicadas con todo el amor que sentía hacia su sobrina, cruzaron el aire, tomaron vida propia hasta penetrar directamente en el alma de una Natalia que por un momento engañándose a sí misma, las hizo suyas, las saboreó como si fueran exclusivamente suyas, las saboreó como si de un buen vino se tratara, cerró los ojos una vez salió de la habitación, entregándose a aquella voz, a aquella mujer

Mientras Alba le daba el biberón, se arrepentía de haberle llamado, se arrepentía de haberle demostrado que estaba muerta de miedo, y aquel arrepentimiento se transformó en un mecanismo de defensa, no quería mostrarse débil ante ella, pero en su fuero interno agradecía que estuviera allí, a su lado, ayudándola porque se había sentido más sola que nunca, más indefensa que nunca, más triste que nunca

N: Alba ha terminado ya (le dijo con tono amigable al ver que la niña se había dormido pero Alba continuaba dándole el biberón) Vamos déjala sobre la cama quiero ponerle...
A: ¿Te crees que no sé cuidar a mi sobrina? (la miró con furia)
N: No he dicho eso (ladeó un poco la cabeza para contemplarla)
A: No paras desde que has llegado de querer darme lecciones...
N: Solo te he dicho que estás muy nerviosa para lo que...
A: Ahora me llamas histérica (le espetó nuevamente)
N: No quiero discutir contigo, solo quiero que la niña le baje la fiebre, ¿vale?, en cuanto lo haga me iré. Por cierto ¿te importa dejarme algo de ropa, es que ya te he dicho que estaba lloviendo?
A: No sé porque te he llamado (murmuró enfadada consigo misma sin moverse del sitio omitiendo su pregunta)
N: Porque estás muerta de miedo y porque te sientes más sola que nunca (los ojos De Alba se clavaron en ella como si con esa mirada pudiera hacerle desaparecer. Mientras Natalia volvía a poner el termómetro en la oreja de la niña y sin mirarla le dijo) No me mires así, tengo razón
A: Es verdad... se me olvidaba que tú eres perfecta (se levantó y abrió el armario mientras rebuscaba)
N: Bueno... la fiebre está bajando, ves... no hay nada como darles tranquilidad para que se calmen
A: Pues ya te puedes ir (cerró el armario de golpe)
N: Oye... está lloviendo y hace un frío de mil demonios en la moto, digo que... ¿no me harías ni un café? (puso gesto de niña buena suplicante)
A: No
N: Eres dura ¿eh?
A: Con quien se lo merece sí (por primera vez desde que había llegado, habían intercambiado unas cuantas frases mirándose a los ojos)
A: Vale, lo he pillado (asintió contrayendo un tanto la barbilla) Necesitas descansar
A: Cuando te vayas descansaré
N: No voy a irme hasta que no esté segura que Natali está bien
A: Me has dicho que le ha bajado la fiebre (le dijo casi como si le tendiera un reto)
N: Claro, y así ha sido, pero me quedo un poco más
A: Quiero que te vayas
N: Creo que no estaría de más que descansaras. Tienes mala cara (Alba suspiró sin decirle nada pero su gesto era de inmensa tristeza. Natalia se le quedó mirando sin ocultar nada de cuanto sentía con una expresión enamoradiza que le daba una belleza a su rostro radiante) ¿Has decidido algo sobre el trabajo?
A: No creo que te importe (le contestó incomoda)
N: Yo creo que sí
A: No eres nadie para interesarte por mí (dio unos pasos que la alejaron de ella y la acercaron a la ventana)
N: Puede que no sea nadie para interesarme por ti, pero me intereso, de igual manera que tú... (se acercó a ella con cuidado sin más pretensión que endulzar su voz y provocar en ella la duda, y eso, Natalia sabía hacerlo perfectamente) que tú me has llamado para que viniera porque me necesitas

El cuerpo De Alba, cansado de su propio cansancio, tembloroso por el miedo a lo que pudiera suceder con su sobrina, y hastiado por la voz dulce y pretenciosa de Natalia, se giró como si llevara un resorte en sus pies que le hubieran facilitado aquella vuelta al pasado, los ojos de Natalia reflejaban deseo, sus pupilas parecían contraerse para centrarse tan solo en el cuerpo De Alba, como si de aquella manera abandonaran todo el entorno en el que ambas estaban situadas, y estuvieran eligiendo a su presa para atacarla, ni siquiera un movimiento podía demostrar lo que podía hacer, pero Alba sabía que no necesitaba demostrar nada porque era veloz como una tigresa para atacar. Estaba enjaulada en aquel cuarto con su devoradora, era una presa fácil y podría hacer con ella lo que quisiera, todos estos pensamientos se reflejaron en los ojos nerviosos de una Alba que quería deshacerse de ella, de su voz, de sus pretensiones, de lo que sabía podían albergar sus manos en su piel, de lo que era consciente que podía abarcar su cuerpo, en su cuerpo. Suspiró, tratando de defenderse con lo único que ella podía defenderse, con aquel ataque que la marcó, con aquel ataque que la humilló, y era consciente también había dejado tocada a la tigresa

Alba sonrió de lado, un tanto burlonamente, con esa actitud provocativa y borde, dio unos pasos acercándose a ella, desafiando con la mirada y el movimiento de su cuerpo, sabía que andaba como un fonambulista del circo por una cuerda demasiado floja, era consciente que un falso movimiento podría avivar a la otra en su deseo más salvaje y primitivo, y entonces, su caída al vacío a un vacío sin red le causaría la muerte, en su caso, la muerte del alma

A: Hay dos cosas que odio, la prepotencia y la vanidad, y ambas las posees tú, con lo cual, ¿sabes cómo funciona la regla de tres, verdad? (enarcó una ceja)
N: Sí (sonrió algo dolida pero no le quiso dar el gusto de que entendiera el daño que le había provocado) Pero por mucho que digas sé como funcionas tú
A: Claro... claro... ¿por haberme violado una vez? (ante el silencio incómodo de Natalia le dijo con tono firme) ¿Puedes marcharte?
N: No (la miraba devorando sus ojos, sus labios) te he dicho que hasta que Natali no esté mejor, no. ¿Serías tan amable de prepararme un café?
A: No (sus ojos entrecerrados por el odio se clavaron en ella) Te he dicho que no
N: ¿Ni darme algo que me pueda cambiar? (la miraba fijamente sin esconder que la estaba volviendo loca con esa actitud, por mucho que no quisiera, por mucho que no lo entendiera)
A: He mirado y no tengo nada de tu talla, ¡claro! (acentuó la palabra con énfasis) quizá cuando te llevaste mi pijama aquel día que querías nuevamente pasar por encima de mí como mujer, si me lo hubieras devuelto, ahora te lo podría dejar (sonrió cínicamente)
N: ¿Quieres jugar? (trataba de no demostrar que aquella regla de tres y su referencia a lo que más le avergonzaba en su vida, le había tocado el corazón) ¿Es eso, verdad?
A: No suelo jugar con quien no sabe perder y no respeta al contrario
N: Me encantas (le soltó de golpe sin la otra esperarlo dejándola muda. Se cruzó de brazos y le espetó) ¿Por qué me has llamado, realmente?
A: Te he llamado porque pensaba que el estado en el que se encontraba Natali podría ser del golpe en la cabeza, sólo eso. Pero si ha servido para que tú te creas imprescindible en mi vida, lo siento, te has equivocado
N: Puedo no serlo ahora, pero estoy segura que lo seré (le dijo con seguridad cuando Alba salía del cuarto)
A: ¿Otra apuesta?
N: No (dijo débil, volvía a hacerle daño) Simplemente porque lo siento en mi corazón
A: Eres detestable y ridícula (susurró saliendo de allí)
N: Y tú maravillosa (deslizó lentamente las palabras de su boca, aunque tenía el corazón roto, cerró sus ojos y volvió a susurrar) Maravillosamente, maravillosa

En la cocina, una nerviosa Alba andaba de un lado a otro, aquella lucha aunque pareciera que la había ganado ella, había afectado a su interior, antes de irse su madre le había recalcado que pensara mucho las cosas, que necesitaba ayuda de alguien, tenía a Maria y estaba segura que podría contar con Cruz, no necesitaba a nadie más, sobre todo, no necesitaba a la que allí la miraba desde la puerta, no le hizo falta girarse para verla, sintió su mirada y su presencia. La ira marcó su expresión en el rostro, al saberse observada por aquellos ojos que sabía donde se perdían, en ella, en su cuerpo, en su pecho, aquel pensamiento le produjo más rabia todavía e hizo que el vaso que llevaba en la mano se le cayera y al ir a recogerlo se cortó, su quejido fue amargo y Natalia se precipitó hasta ella velozmente

N: No te lo toques (le dijo volviendo a su estado natural de médico, había dejado su lado de vampiresa de mujeres para convertirse en médico de apoyo) Joder vaya corte
A: No es nada, suelta (trataba de zafarse de ella con lágrimas en los ojos, no sabía porque estaba llorando, rabia, impotencia, dolor, desespero, necesidad...)
N: Claro que es, ¡dame el brazo coño! (le espetó enfadada cogiéndole más fuerte)
A: No necesito que me toques...
N: ¡Quieres dejar de hacer la idiota!
A: ¡Vaya, gracias!
N: Oye... yo no tengo la culpa de lo que ha pasado, no lo cargues contra mí, ¡vale! (le habló con rabia sin poder contener la herida que llevaba en su corazón y sangraba de igual modo que lo hacía el dedo De Alba)
A: Veo que tienes buenos amigos, lo chivan todo
N: No necesito ningún chivato para saber como te sientes (le limpiaba el dedo deteniéndole la pequeña hemorragia que se había producido) Esto te va a doler pero por lo que veo eres muy fuerte y aguantaras
A: Si te aguanto a ti, puedo aguantar lo que sea
N: ¿Te importa parar de herirme? (la miró fijamente con una alta dosis de cabreo)
A: Eres...
N: Si ya lo sé, despreciable (le apretó el dedo para limpiar bien la herida bajo el grifo y Alba cerró sus ojos por el dolor producido mientras cerraba su mano sobre su chaqueta) soberbia (le echó un poco de alcohol y Alba gritó) ahora puedes añadirle también vengativa
A: ¡Déjame! (las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos de manera continuada)
N: También soy una bestia, una mala bestia eso no hace falta que me lo digas tú, eso me lo digo yo (finalizó con la voz acusadora a si misma, para tras un suspiro y unos segundos en silencio decirle finalmente) Pero solo te pido la oportunidad de demostrarte que fue un error, que no soy así

No dijeron nada más mientras Natalia terminaba de arreglar aquel corte que necesito de un par de puntos de sutura, entre el silencio y el llanto De Alba, terminó de curarla. Entonces levantó sus ojos, y con ternura pasó su mano por la cara De Alba. Alba que no cesaba de llorar, no rechazó la caricia, ni siquiera cuando Natalia con toda la dulzura que poseía, recorrió con su mano lentamente el camino hasta su cuello y la acercó hasta ella, quedando la cabeza De Alba sobre el hombro de una Natalia que aunque trató de evitarlo, no pudo, y dejó un beso sobre el pelo de aquella mujer a la que sabía, la sucesión de hechos, la habían desbordado

No fueron más de diez segundos... no fue más que sentir a una el dolor y a otra el arrepentimiento... pero para Natalia fueron los diez segundos más maravillosos de su vida... para Alba los más perturbadores de la suya

Cuando el cuerpo vencido por si mismo De Alba se recuperó, se apartó con cuidado del otro cuerpo, como queriendo despistar, como si de esa manera al deshacerse de su caricia, borrara el instante compartido

N: Creo que te haría bien descansar... (susurró como si estuviera hechizada por aquellos segundos donde sintió morir de amor, Alba no contestó solo sentía dolor y paz, algo que no lograba entender) Olvidar es la mejor manera de vivir y seguir adelante, si te aferras al pasado quizá te estés perdiendo la posibilidad de un presente mejor
A: Lo dices para salvaguardarte (murmuró abatida y respiró con fuerza para tratar de apartar aquellos sentimientos que no quería)
N: No, lo digo para que tú puedas volver a ser como siempre
A: ¡Qué sabrás tú! (susurró con malestar entre hipos producidos por el sofoco porque con un gran esfuerzo había logrado detener su llanto)
N: No puedes juzgar a todo el mundo por un solo hecho que te haya ocurrido en tu pasado (sabía que estaba entrando en un terreno movedizo pero necesitaba, quería ayudarla) Sé que no soy la mejor persona para decirte esto...
A: Tienes razón (le dio la espalda pero siguió con su voz respetuosa) no eres la más indicada, más bien deberías callar si fueras sensata
N: Alba... deja de pensar en ti y en tu dolor (le dijo y al instante se arrepintió, no solo por como vio que Alba se irguió, sino, por lo que vio en sus ojos cuando se giró, demasiado odio en ellos)
A: En mi pasado (repitió con cuidado y cuando Natalia imaginaba que iba a explotar se sorprendió al escucharla con calma decir) ¿Y qué sabes tú de mi pasado?, o... ¿también lo sabes?... te has informado bien por lo que veo, me pregunto con que fin
N: Solo quiero ayudarte
A: ¡Vete de mi casa! (exclamó mientras cerraba los ojos, elevando un poco la voz sin convertirla en un grito, tan solo, un timbre más autoritario)
N: Alba tienes una niña por la que luchar
A: Ah claro, ahora vienes disfrazada de Santa Teresa de Calcuta
N: Alba conmigo no te van a funcionar tus salidas de tono (le dijo sin pensar frunciendo su frente mostrándose fuerte)
A: Lo último que necesito es escuchar tus estúpidas palabras... tus consejos... tus mentiras... ¿has cambiado tu táctica?, es eso (asintió con la cabeza sonriendo como quien sonríe al descubrir al ladrón en pleno robo) Ahora has decidido conquistarme con otras armas, la de mira que buena soy... me preocupas tanto... (trató de imitar su voz. Para luego con un tono más fuerte decirle) ¡Me parece detestable!
N: Y a mí me parece más detestable que te esté tratando de ayudar y te comportes como una niña
A: ¡Mira...!
N: No mira no, no tienes el porque juzgarme a mí por ser lesbiana con lo que te pasó a ti con esa otra persona, no tienes el porque pagar conmigo todo el resentimiento que te provocó un desgraciado como aquel...
A: ¡Cállate... cállate! (le repitió entre dientes dándose la vuelta porque le estaba haciendo daño escuchar su vida pasada en su boca mientras se tapaba los oídos)9
N: ¡No me callo Alba!, ¡haz el favor de escucharme (le exclamó furiosa al ver su gesto, se acercó hasta ella y le apartó los brazos para que la escuchara, mientras Natalia hablaba la miraba con sus ojos cargados de dolor) Y mucho menos Alba, tienes que pagar contra mí el miedo que sientes por no poder adoptar a tu sobrina... (le dijo lentamente tratando de calmarse ella también pues se había alterado demasiado) No puedes vivir en la pena constantemente, no puedes ser así... no vale mostrarte miedosa o rencorosa, no vale conmigo. No puedes esconderte tras ese sentimiento constantemente, debes superarlo, debes olvidar porque yo...
Entonces en ese mismo instante donde había hablado sin medir las consecuencias, vio la mano De Alba volar hasta su rostro, le dio tiempo suficiente a dar un paso atrás para sortear aquel sopapo que se había merecido sobradamente, era un secreto que Encarna le había contado para ayudar a su hija, no para destrozarla más. De repente se vio sin ojos, Encarna era capaz de arrancárselos como le había dicho. Pero no pudo pensar en nada más porque la furia De Alba se giró sobre ella, comenzó a tratar de pegarle rabiosa sin sentido , pero  Natalia con decisión le tomó de los brazos le dio la vuelta, le cruzó sobre su propio pecho sus manos y la mantuvo aferrada mientras curvando su propio cuerpo le obligó a Alba a no poderse mover, su cabeza sobre el hombro derecho de Natalia, y lo único de aquel ataque de ira que le dio que podía hacer era gritarle como si todo su pasado se hubiera agolpado en su garganta, y aquellos gritos enfundados en rabia, arrancasen de su interior tanto sufrimiento

N: Alba por favor... Alba... solo quiero ayudarte
A: ¡Suéltame! (le decía llorando y tratando de separarse de aquel cuerpo que la tenía retenida contra si misma)
N: Alba quiero que te tranquilices, así no puedes continuar, solo quiero ayudarte, cariño (le susurró cerca de su oído mientras Alba trataba de librarse de sus brazos)
A: ¡Déjame en paz, te odio! (le gritaba llorando mostrándose herida mortalmente en su alma)
N: Mi amor...  (su respiración jadeante ya no sólo por la lucha que llevaba con ella, sino, también por el deseo de tenerla comenzó a llenar su interior. Aunque lo hizo con cuidado y cariño la puso enfrente suyo apoyándola contra la nevera, mirándola con amor) Cariño...
A: ¡No soy ni tu amor, ni tu cariño! (se zafó de ella de un solo golpe volviéndose con la cólera del basilisco) Jamás lo seré... ¡jamás! (su respiración se alteraba con la facilidad que cada palabra volaba para darse contra el muro de Natalia, un muro con muchos agujeros provocados por ella) Y tienes razón en algo (se apartó de un manotazo las lágrimas de su rostro, y con cada palabra que le dedicaba, su voz iba alzándose, lo mismo que parecía haber destapado totalmente aquel sentimiento contra ella, porque pudo percibir su odio desmesurado en cada acción en cada palabra) la única persona que me ha hecho daño realmente, has sido tú, tú y tu maldito orgullo, tú y tus malditas maneras de apropiarte de mi cuerpo, tú y tu egoísmo, tú eres la única que me ha destrozado la vida ¡y te odio!

Explotó en un llanto que le dolía en su interior agachó la cabeza, se tapó la boca con sus manos temblorosas, y el silencio roto tan solo por su sollozo, se iba acumulando en ambas. Natalia la miraba con tristez. Natalia sentía ese daño pero no podía entender que ella hubiera provocado todo el dolor, sin duda, la relación de nueve años con su novio, y el descubrimiento de aquel engaño era mucho más trascendental, mucho más doloroso...

N: Sé lo que duele cuando te engañan... no creo que yo sea la razón de tu dolor
A: No sabes lo que duele cuando alguien fuerza a hacerte lo que no quieres, lo que ni se te ha pasado por la mente, eso no lo sabes (le dijo lentamente)
N: Solo te haría daño si te hubieras enamorado de mí
A: Claro (sonrió mirándola mientras negaba con su cabeza) No podías pensar en otra cosa... tu lado ligón salió, anda vete de mi casa (le dijo de manear despectiva)
N: No voy a dejarte así, lo creas o no, lo quieras o no, voy a ayudarte (la miraba con sus ojos repletos de pena)
A: No te necesito
N: Vas a necesitar toda la ayuda del mundo Alba
A: Claro, y la persona idónea para ayudarme eres tú ¿verdad?
N: Aunque no te lo creas sí (la miró intensamente tan solo como Natalia sabía mirar)
A: Ya, tengo que fiarme de una mujer que me ha violado (Natalia cerró sus ojos suspiró, siempre el reproche a punto para salir como una flecha contra ella, para causarle una nueva herida) de una mujer que se cree dueña de mi vida, una mujer que quiere hacerme creer que está enamorada de mí cuando yo odio a los homosexuales y una mujer que además tiene pareja. ¿Qué le vas a decir?
N: Yo no tengo pareja... y tampoco obligación de explicar nada a nadie, solo a ti, no juzgues a Fernando, a veces no es tan sencillo como parece (Alba la miró entrecerrando sus ojos un tanto sorprendida y un mucho ofendida) Lo siento cuanto te digo es cierto, sólo espero que algún día puedas olvidar lo que pasó y veas lo que te ofrezco, para mí eres la mujer ideal
A: Los ideales antes o después caen (cerró los ojos pues sintió un mareo)
N: Vamos a la cama, acuéstate, yo me ocupo de Natali
A: Solo espero caer pronto de ser tu ideal
N: No lo creo, sé discernir de lo que es un capricho, a un amor verdadero, si pierdo, que no sea por no haberme mostrado tal y como soy, como soy verdaderamente, no como reaccioné una única vez en mi vida, y de la que te he dicho estoy arrepentida y yo misma avergonzada (Natalia manejaba los silencios mucho mejor que las palabras, y le regaló uno oportuno para respirar y modular su voz, volver a la calma para decirle) Déjame llevarte a la cama por favor, has sufrido muchas tensiones Alba... por favor...

La acompañó hasta la habitación sin más palabra, Alba estaba agotada, no cesaban de caerle una y otra vez lágrimas, no quería mostrarse débil ante Natalia, pero no podía dominar ese sentimiento que se había apoderado de ella. Una vez en la cama, Natalia le dio un vaso de leche caliente, mientras lo tomaba, acudía a una Natali que parecía tranquila. Alba la miraba de reojo, estaba cuidando de ambas, estaba ayudándola ¿por pena?, ¿por ganarse el perdón?, ¿por qué era así?

N: Está tranquila, intenta dormir (le cogió la taza y le dijo un tanto cortada después de pinzarse el labio inferior algo nerviosa) Siento lo que te dije, de verdad
A: No sé porque mi madre ha hablado contigo
N: Porque está preocupada por ti, quiere recuperar a su hija (elevó los hombros mientras ladeaba algo la cabeza y hacia a su vez, un gesto de lastima) Descansa

No quería darle la razón, ni quería obedecerle, y pensó que le había echado algo en su bebida, porque un sueño rápido llegó hasta ella, y eso que últimamente prefería no dormir si no estaba muy rendida, su mente le jugaba malas pasadas cuando dormía porque entonces decía y hacía cosas que ella no podía tolerar, que no quería asumir. Se durmió pensando "que no se acueste conmigo", fue lo último que pensó antes de quedar agotadoramente dormida.

Apuesta equivocadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora