JULIA

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El tren arrancó pero tardó lo suficiente como para que Natalia captara su gesto de sorpresa ante aquella última locura, porque debía ser una locura, se repetía Alba o más bien una burla. Desconcertada apoyó su frente sobre el cristal. Cuando llegó su parada descendió andando como si fuera una autómata, llegó al hall, saludó con un ligero movimiento de cabeza a sus demás compañeros, entró en el vestuario se cambió y con las mismas subió al despacho de Chelo quien había dejado orden de que así lo hiciera. Aún llevaba marcado en su rostro la sorpresa cuando tocó a la puerta y entró.

Chelo: Hola cariño, ¿cómo está tu pequeña?

A: Mucho mejor, a ver si ya hoy consigo que me den el alta

Chelo: Bueno si está allí no debes preocuparte, deben creer que es lo más oportuno. Además, tiene a una de las mejores Pediatras (ante su gesto cambió de tema) Te quería proponer algo, sé que es un poco desagradable y no quiero que te comprometas si no lo ves claro ¿eh?

A: Tú dirás (sonrió agradeciendo la preocupación de aquella jefa que le había caído como del cielo)

Chelo: Mi hermana trabaja en el Tanatorio, se ha quedado sin una de sus chicas para esta noche, pagan bastante bien y... me ha pedido ayuda (puso gesto no muy convencido)

A: Esta noche... vale, claro (aceptó de inmediato segura)

Chelo: No te comprometas por mí

A: No tranquila

Chelo: De acuerdo (suspiró un poco más tranquila) Te explico, son cinco horas, de las doce de la noche a las cinco de la mañana, y te abonaran 150 euros

A: Vale (pensó en los cien euros que tenía que devolverle a Maca)

Chelo: ¿Puedo preguntarte a que se debe ese gesto que llevabas cuándo has entrado?, parece que grite un nombre ¿eh?

A: ¿Tú cómo harías si le hablaras a una persona y nada de lo que dices te hiciera caso? (la miraba frunciendo sus cejas)

Chelo: Es lo que tiene Natalia, es un poco cabezota (en ese momento sonó su móvil) ¿Dígame?... hola... dame un minuto por favor. Disculpa

A: Nos vemos luego

Chelo: Buena suerte (le dijo sonriente) Estaba hablando de ti

N: ¿Con Alba?

Chelo: Que pesadita eres ¿eh? (le riñó)

N: ¿Hablaba bien?

Chelo: ¿Qué es lo que quieres? (negó lentamente con la cabeza)

N: Llamo para pedirte un favor (omitió la riña con gracia)

Chelo: Tienes un salero para hacerte la sorda cuando no te interesa el tema

M: Ya lo sabes (sonrió) Mira voy a entrar a trabajar y no puedo entretenerme demasiado, últimamente estoy haciendo muchas tonterías.

Chelo: Ya me han dicho algo

N: Dime sólo una cosa, ¿estaba... contenta? (preguntó esperanzada)

Chelo: Que ilusa eres hija, ¡qué ilusa!. A ver si te metes en esa cabeza que la chica no quiere nada contigo

N: Vale, vale. Mira, quiero que por favor le insistas en que acepte el trabajo en el hospital

Chelo: ¿Le han ofrecido trabajo?

N: Sí pero lo ha rechazado

Chelo: Por ti

N: Por mí (admitió sintiéndose culpable) Pero no puede rechazarlo, por favor insístele

Apuesta equivocadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora