PERDIDA

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H: Necesito este box, aquí la guapa se ha despertado ya, así que le pinchas un Torecan, la sientas en una silla, la metes en un taxi y para casa. Por cierto, tú eres nueva (la miraba con detenimiento)

A: Si, me llamo Alba

H: Héctor, ¡qué suerte! (ella le lanzó una mirada repleta de cierto malestar) Siempre me toca con la enfermera más linda

J: ¡Héctor!

H: Voy, boludo no puede verme quieto (le guiñó un ojo)

Marta: Que guapo eres, despertar así es como hacerlo en la gloria (repetía Marta sin cesar aún con los ojos cerrados)

A: Tengo que inyectarte, gírate (le habló con voz fría y distante al reconocerla)

Marta: ¡Ay qué malita estoy, pues no veo a la mujer que vuelve loquita a mi Natalia!. ¡Ay! (gritó desesperada al sentir la aguja)

A: Ya está

Marta: ¡Tú, eres tú! (dijo incorporándose un poco) Lo has hecho a traición, me has clavado la aguja hasta el alma. ¿Pero qué haces aquí? Que alguien me diga que hace una camarera pinchando mi lindo trasero (decía elevando la voz)

A: Levanta tienes que irte

M: ¿Me echas? (la miró aterrada) Pero si estoy malísima, ¿dónde está mi argentino?

A: No podía ser de otra manera (le murmuró mientras le acercaba la silla de ruedas)

M: Oye. ¿Qué quieres decir?

A: Tú y tu amiguita, ¿también has apostado por él?

M: Mira... me callo... te iba a decir algo... pero me callo ¡carallo!

A: Venga siéntate

M: ¿Dónde me llevas, no me fío de ti?

A: Eso se lo dices a tu argentino que me ha mandado que te meta en un taxi

M: ¿Pero tú no eres camarera?, como no me iba a doler, en tres días no voy a poder sentarme nena (decía graciosamente apoyando su mano sobre la frente de manera dramática, mientras Alba sonreía victoriosa) Ya me voy yo, deja, no quiero que me estampes contra ninguna pared.

V: ¡Eh tú, ven aquí!

A: ¿Es a mí? (reconocía aquel hombre del día que llegó para hacer la entrevista)

V: ¿Estás preparada para asistir una operación?

A: Sí

V: ¿No te desmayarás, verdad?

A: No

V: Así me gusta, ¡ve al quirófano tres! Por el pasillo se marchó a toda prisa Vilches mientras se ponía la bata, ella le siguió agradeciendo que se la llevara de allí y la metiera en un quirófano durante horas alejada de aquellos ojos, alejada de aquella mirada que no le gustaba y que sabía tarde o temprano si se quedaba en urgencias, tropezaría con ella.

Abrió la puerta y entró a la zona Séptica, se estaba lavando las manos cuando la puerta se abrió de golpe, y entró corriendo Natalia. Al verla allí vestida de verde, se quedó completamente paralizada, era ella, era la mujer de su vida y volvía el destino a ponerla delante. Sin entender que hacía allí pasó, lo hizo tragando la saliva que se le había paralizado en medio de la garganta, ante el desconcierto de encontrarla allí, otra vez allí tan cerca suya. Respiró profunda e intensamente, quiso demostrarle que podía cumplir su palabra, no quiso tener más problemas con ella, de esa manera se lavaron las manos en silencio, Alba no levantó ni una sola vez la mirada, Natalia tuvo que luchar contra si misma para no caer en aquella maravillosa visión, Alba llevaba el pelo recogido en una coleta, podía ver perfectamente aquel cuello que le producía un escalofrío en su cuerpo, con gran velocidad retiró los ojos de ella porque notó como Alba elevaba un tanto su cabeza para tomar el papel y secarse, no quería que la descubriera observándola

Apuesta equivocadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora