Sin previo aviso, el cielo se encapotó de tal manera que parecía que alguien había apagado el interruptor de la luz de la ciudad, comenzaron a caer suaves gotas de lluvia, que calaban en la gente que desprovista de paraguas, caminaban acelerando el paso. Todos excepto una persona que no podía hacerlo, Alba caminaba con lentitud, su cuerpo no le permitía nada más, le dolía todo y deseaba llegar a casa, tomar un caldo caliente y acostarse, su madre tenía razón había sido muy duro trabajar en esas circunstancias y era consciente que por mucho que Maria y Chelo quisieran ofrecerle un trabajo, distaba de cuanto podían ofrecerle en el Hospital, y no solo ofrecerle, sino, poder realizar su sueño de trabajar en un Hospital como enfermera. Respiró profundamente parada en un semáforo esperando que los coches y las motos se detuvieran para poder cruzar. Un escalofrío le hizo agitarse, el agua en la cara le molestaba, y aunque había decidido poner sus manos en los bolsillos del anorak, podía sentir el frío en todo su cuerpo. Estaba destemplada, cansada y agobiada. Resopló, una mujer no podía detener su sueño, una mujer no podía evitar que hiciera realidad aquello que llevaba tanto tiempo esperando, la decisión estaba tomada, pero no quería que ella pensara que había sido por su influencia, eso le revolvía el estómago. Sacudió su cabeza, el disco había cambiado pero ella seguía con sus pensamientos, tan solo el movimiento de los demás peatones le hizo moverse solo una calle y estaba en su casa
Estaba siendo observada sin ella saberlo por unos ojos que se escondían avergonzados tras un casco, la moto de Natalia se detuvo en el mismo semáforo, tuvo todo el tiempo del mundo de verla pasar, de contemplarla y sentir en su corazón la más profunda de las tristezas. Jamás se había sentido así, ni había imaginado nunca sentirse tan sucia, amando tanto, le parecía una falta de respeto tan solo mirarla, y no solo había sido capaz de eso, sino de mucho más, se avergonzó de cada uno de sus actos, estaba hundida en el más espeso fango y tan solo los pitidos de los coches lograron sacarla de su castigo personal que se estaba inflingiendo arrancando la moto hacía ningún lugar
Lejos de Madrid, en Pamplona, Elena terminaba de llegar a la estación, por el camino había estado sumergida en los problemas de su hermana, ¿cómo podría ayudarla?, no era capaz de ver una salida a cuanto le había sucedido, recordó aquella fiesta y recordó como sus ojos perseguían una y otra vez a la mujer, que en esos momentos más daño le estaba haciendo con todo merecimiento. Sabía que debía guardar aquel secreto, si quería ayudarla debía hacer caso a su amiga Marta. Allí en el andén la esperaba su madre, y aquello todavía le produjo mayor temor. Sabía que iba directa a la yugular de Natalia.
E: Hola mamá
Rosario: Hola, ¿qué tal todo?
E: Bien, cansada pero bien
Rosario: Me lo temía. Vamos a tomar algo anda (le pasó su brazo por la espalda y la acercó a ella. Una vez se sentaron y pidieron Rosario que sabía no tendría muchas oportunidades le habló de frente) ¿Cómo está tu hermana?
E: Natalia mamá, ¿recuerdas, es tu hija?
Rosario: No me vengas con reproches (enarcó su ceja del mismo modo que lo hacía Natalia)
E: Pues está bien, yo la vi bien, con mucho trabajo pero bien
Rosario: Sé que se ha encontrado con la camarera (Elena abrió sus ojos ante la mueca de desprecio de su madre) Tal y como me temía, se ha liado con ella
E: ¿Qué has hecho mamá? (la miraba perpleja con temor)
Rosario: Con una vez ya tuvimos suficiente, no puedo permitir que se líe con ella, con la tal Julia ya hubo suficiente
E: Natalia no se ha liado con nadie mamá. Te lo puedo asegurar
Rosario: ¿Le vas a cubrir su indecencia?
E: Pero a ver... vosotros sabéis que es lesbiana, habéis aceptado a duras penas su condición, ¿por qué no podéis aceptar que tenga una pareja?
Rosario: Puede tener una pareja, pero adecuada a ella, no una amante como era la otra, ni una pobretona como es ésta (lo dijo con todo el malestar que había en ella)
E: Pero es la elección de Natalia en el hipotético caso que así fuera
Rosario: Está bien (buscó su bolso y sacó unas fotografías de Natalia arrodillada en la calle con un ramo de flores ante Alba, Natalia sujetando algo en su mano ante la sonrisa De Alba, algo que impactó a Elena)
E: ¡Le habéis puesto un detective!
Rosario: Quiero evitar que tu padre tenga un disgusto, quiero ir a Madrid a hablar con ella
E: ¡No lo puedo entender!, ¡no puedo aceptar esto mamá!. Ella no tiene nada que ver con Alba, tan solo le estaba pidiendo perdón
Rosario: ¿Perdón?, ¿por qué? (la miró atónita)
E: Por un malentendido que hubo entre ellas (contestó algo nerviosa porque había respondido sin pensar sus palabras)
Rosario: Y hace así el ridículo (confirmó señalando la foto donde salía Natalia con rodilla en tierra mirando a Alba) No lo voy a permitir, ¡es una Lacunza!
E: Es su vida mamá, por favor, ya ha sufrido bastante, eres su madre no entiendo como puedes mantener esta actitud fría y distante con ella, no darte cuenta que Natalia es una desgraciada por vuestra culpa, que ha sufrido y en lugar de tener el apoyo de sus padres, ha tenido que labrarse la vida sola
Rosario: Ella lo buscó
E: Pues entonces, dejarla en paz (le recriminó mientras cogía las fotos y las guardaba en su bolso ante el gesto perplejo de su madre) Ella no os pide nada, ¡dejarla en paz!
Rosario: Pero pone en ridículo nuestro buen nombre
E: Vuestro buen nombre ella no, lo pone la gente intransigente con la que os codeáis y seguís pensando que vale la pena, mantener una amistad a una hija. ¡Estoy cansada, vámonos por favor!
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Apuesta equivocada
FanfictionTodo empezo con una simple apuesta entre amigas.....dinero, poder, egocentrismo, necesidad, infidelidad, engaño, lujuria, sexo, placer ..... Amor. Una historia dura. Adaptación de fic escrito hace un tiempo.
