En casa

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Todo estaba preparado, bajo los rayos flojos del sol de otoño, acompañada por las hojas arrastradas con la fuerza del viento, llegó Alba por fin a casa de Natalia. Habia preferido llevarla ella en el coche junto a Maria, buscando así que estuviera más relajada y mejor. Al llegar al garaje la habían ayudado a subir a la silla de ruedas, si bien, podía andar, no podía tener ningún exceso y Natalia había insistido ante la mirada un poco cansada De Alba para que hiciera lo que Cruz le había dicho. Se estaba dando cuenta que iba a ser un tanto dura con la recuperación. En el fondo lo agradeció, pero muy en el fondo

En los dos días que habían pasado hasta llegar a su alta, ninguna de las dos hizo referencia a la situación que habían vivido, aquel abrazo había quedado borrado del recuerdo, pero sellado en sus corazones, Alba había dejado de atacar a Natalia, aunque sabía que su mejor defensa sin duda era un buen ataque continuado. Sin embargo, después de la conversación y el abrazo, después de escuchar en su voz aquella promesa le era realmente imposible hacerle daño. Natalia se había percatado de su cambio y de sus reticencias en muchas ocasiones en las que ella le hacía algún comentario con doble intención, los cuales también fueron a menos. Parecía que habían sellado esa paz entre ellas que les hacía estar más tranquilas. Hasta la buena de Maria lo había notado, y tal como quedaron aquellas cuatro mujeres que estaban dispuestas a ayudarlas en lo que fuera necesario, tan solo se mostraba a su lado, siempre a su lado, dispuesta a ayudarla pero sin agobios ni consejos sobre lo buena que era Maca, todas parecían haber pactado con la calma, aunque todas eran conscientes que aquella calma no sería por mucho tiempo, era inevitable, una vez estuvieran juntas en casa las chispas volverían a saltar como si fueran las ruedas del tren chirriando sobre la vía

En el ascensor había preferido Natalia dejar a Maria con Alba , no quería incomodarla había poco espacio y sabía que en el fondo se sentía más segura con Maria que con ella, aunque desconocía que no era del todo cierto. Al llegar al piso, abrió la puerta Maria con un suave golpe de culo, y al hacerlo allí estaba su marido esperando para ayudar.

Ma: Hola cariño... mira Alba, es mi Pablo
A: Encantada (le sonrió ampliamente aunque en su rostro se reflejaba cierto malestar al moverse tanto)
Pablo: Lo mismo digo mi mujer me ha hablado mucho de ti (comenzó a empujar él la silla)
A: ¿Y Natali?, tengo unas ganas de verla
Ma: Ahora mismo, ahora mismo (abrió la puerta sonriente) ¡Ya estamos aquí!
M: ¡Hola! (saludó con una amplia sonrisa aunque al ver el gesto De Alba un tanto molesto al verla con su sobrina en los brazos, su rostro cambió de la alegría a la seriedad, entonces carraspeó) Mira quien está aquí Natali
A: Mi niña (por primera vez tanto Maria como Marta, vieron en ella una sonrisa amplia, sincera, aunque también su emoción reflejada en los ojos) Cariño
N: ¡Ya estoy aquí! (interrumpió la escena una Natalia que llevaba en dos bolsas la poca ropa que Encarna le había llevado al hospital a Alba
Pablo : Deja que te ayude
N: Gracias , es para llevarlo a mi habitación
M: Yo te acompaño Pablo (quiso salir de aquel círculo que se había formado alrededor de una Alba compungida más que nada, porque veía como estaba afectando a Natalia aquella escena) Vamos
Ma: Voy a preparar algo para que tomes calentito Alba
A: Gracias
N: Parece que estaba deseando verte, ¿eh? (le dijo poniéndose delante de la silla con una sonrisa tierna)
A: Está muy bien (le dijo a modo de agradecimiento)
N: Sí, resulta que Natali nos ha descubierto a una Marta diferente, pero no sé lo digas (entonces bajó la voz hasta susurrarle próxima a Alba quien bajó la mirada hasta la niña) Nos ha resultado una madraza
Ma: Vamos... vamos... vamos... a comer (repetía feliz al verlas tan próximas y relajadas)
N: Creo que es mejor que la llevemos a la cama, luego podrá levantarse
Ma: Está bien (aceptó la opinión de Natalia con una sonrisa mientras ponía sus manos unidas en la barbilla a modo de una súplica callada a Alba para que cambiara su expresión cansada)
M: Bueno te he dejado la ropa en el armario tuyo Natalia...
N: De acuerdo... tendré que ir a traerte cosas Alba
A: Ya (dijo un tanto asombrada se sentía el centro de atención de todos y no estaba acostumbrada, aunque no por ello dijo nada a nadie y seguía con su gesto serio)
M: Yo me voy
N: ¿Te vas? (la miró seria)
M: Sí cariño, tengo que acomodar mi piso
Ma: Venga yo te ayudo marta
Pablo: Ya está todo
M: Gracias Pablo (le dijo sonriendo) Estaré bajo por si necesitas cualquier cosa
N: Gracias Marta (la abrazó fuertemente pillando de sorpresa a una marta que no pudo más que sonreír emocionada)
M: ¡Qué tonta! (murmuró mientras salía)
N: Sube a tomar café anda
M: No... tengo mucho que hacer y vosotras debéis descansar
Ma: El ascensor Marta
N: Oye que digo yo que... que te vas tres pisos más hacia abajo, ¿no?
M: Sí (sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas)
N: Pues eso... que podrás ver a la niña cuando quieras
M: Ya veremos... venga me voy
N: Luego te digo algo
Ma: Comer que yo me voy a trabajar
N: De acuerdo Maria, tranquila (cerró la puerta y al girarse vio como Alba la estaba mirando fijamente un tanto aturdida) Bueno... pues voy a dejar a la niña en la cuna y vamos a comer, ¿te parece bien?
A: ¿Dónde voy a dormir? (preguntó volviendo a mostrar su lado más serio)
N: En mi cuarto, la niña y yo dormiremos en el pequeño, damela Alba, voy a dejarla en su capazo, ¿verdad mi cielo? (le dio un beso repleto de ternura)

Apuesta equivocadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora