Era primero de septiembre de 1991. Sienna desayunó tan rápido que casi vomitó.
—Te vas a enfermar —le dijo su madre.
—Perdón, pero es que ya quiero ir a Hogwarts —se excusó.
—Bien, pero recuerda que tienes que estudiar bien. No te pido la excelencia, pero no quiero saber que estás reprobando —le advirtió Rebecca.
—Está bien... ¡Mamá!¡Son las nueve y media!¡Nunca vamos a llegar!
Sienna corrió a su habitación y bajó el baúl con sus iniciales lleno de cosas. Rebecca dejó los trastes en el fregadero y ayudó a su hija con el baúl, Sienna llevaba la canasta con su gata negra de ojos verdes (Henriette) dentro.
—Iremos al callejón Diagon primero —le dijo Rebecca a Sienna—. De ahí tomaremos un taxi a King's Cross.
—Oh, bien...
—Te veré allá —le dijo Rebecca antes de desaparecer entre las llamas verdes.
Sienna contempló su cómodo hogar antes de entrar a la chimenea y gritar con voz fuerte y clara:
—¡Callejón Diagon!
Fue tragada por las llamas verdes y apareció en el Callejón Diagon. Su madre estaba ahí, le tomo la mano y la llevo al Caldero Chorreante, después salieron de ahí y Rebecca pidió un taxi que las llevaría a King's Cross.
El trayecto fue agradable, Sienna no solía visitar el mundo Muggle, pero cuando lo hacía, se quedaba maravillada por los aparatos extraños que los muggles usaban para reemplazar a la magia.
Cuando llegaron, Rebecca se aseguró de pagarle al taxista con dinero Muggle y no mágico por accidente y bajaron las cosas de la cajuela. Consiguieron un carrito y Rebecca se dirigió al andén 9¾. Sienna miraba como los muggles tenían más de un medio de transporte y todos siempre estaban abarrotados.
Rebecca se preguntó dónde podría estar ese famoso andén, cuando vio a una familia de rubios con porte elegante atravesar una pared de ladrillos, fue entonces que Rebecca entendió porqué tres cuartos.
—Sienna. Ve derecho a esa pared y no te detengas —le dijo a su hija.
—¿Estas loca?¡Me voy a matar!
—No boba. Es como un portal a prueba de muggles —le explicó—. Acaba de ver a una familia de magos mientras tú estabas ocupada curioseando la ropa de los muggles —la acusó—. Atravesaron la pared. Tenemos que hacer lo mismo.
—Bien —Sienna no dejaba de mirar a su madre como si hubiese perdido la cabeza—. Deséame suerte...
—Si no te vas a morir —repuso Rebecca.
Sienna tomó con fuerza el carrito y trotó hacia la pared, cerró los ojos justo cuando creyó que chocaría, pero en lugar de eso siguió trotando y jamás tocó la pared. Abrió los ojos y se encontró una multitud de personas que se despedían. Se quedó muda de asombro al ver un enorme tren color escarlata alzarse sobre las cabezas de los presentes.
—Wow —suspiró.
—Es más maravilloso que el viaje a Ilvermorny —Sienna estaba tan distraída que no se percató de que su madre estaba con ella—. Qué suertuda. Ve y busca un compartimiento antes de que te ganen, acá te espero.
—Está bien —se dirigió al tren y con ayuda de un prefecto de uniforme amarillo, subió su baúl y su canasta al tren
—Gracias —Sienna le regaló una sonrisa y el muchacho se retiró devolviéndole la sonrisa después de curiosear los ojos de Sienna.
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La Hija de Snape
Fanfiction-¿Acaso tengo cara de haber pedido ser tu hija? -rugió Sienna-. Si vas a reclamarle a alguien asegúrate de que sea a mi madre... -Cambie ese lenguaje, señorita Snape -interrumpió Snape, aunque se veía dolido por la actitud de su hija -, le recuerdo...
