La Primer Prueba

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—Va a comenzar...

Llamaron a Cedric y Sienna aplaudió con mucho entusiasmo.

—¡Vamos, Cedric! —rugió Sienna a la par con muchos más.

Cuando la prueba inició, Cedric convirtió una piedra en perro. Pero al cabo de unos minutos el dragón prefirió a Cedric que al perro.

La multitud gritaba, ahogaba gemidos como si fueran uno solo, cuando Cedric hacía lo que fuera para burlar al hocicorto sueco.

—¡Lo va a matar! —lloró Sienna cuando el dragón estaba demasiado cerca de Cedric.

«¡Ah, qué poco ha faltado, qué poco...! ¡Se está arriesgando, ya lo creo...! ¡Eso ha sido muy astuto, sí señor, lástima que no le haya servido de nada!»

Y luego, tras unos quince minutos, Sienna oyó un bramido ensordecedor desde el hombro de Neville que sólo podía significar una cosa: que Cedric había conseguido burlar al dragón y coger el huevo de oro.

—¡Me lo perdí! —exclamó mientras lamentaba haber escondido su rostro en el hombro de su mejor amigo por miedo a ver a Cedric hecho pedazos.

—¡Muy pero que muy bien! —gritaba Bagman—. ¡Y ahora la puntuación de los jueces!

Fue una puntuación generosa considerando el sacrificio de Cedric para conseguirlo.

—¡Uno que ya está, y quedan tres! —gritó Bagman cuando volvió a sonar el silbato—. ¡Señorita Delacour, si tiene usted la bondad!

Fleur salió, Sienna tomó los binoculares que colgaban de su cuello y enfocó a Fleur, lanzó una risa como la de una rana electrocutada al ver a Fleur con la expresión más fea de la tierra: estaba verde y parecía que prefería morir. Duró unos minutos riéndose sin control hasta que los comentarios de Bagman la sacaron de su sesión de risa.

—¡Ah, no estoy muy seguro de que eso fuera una buena idea! —oyeron
gritar a Bagman, siempre con entusiasmo—. ¡Ah... casi! Cuidado ahora... ¡Dios mío, creí que lo iba a tomar!

Diez minutos después Sienna aplaudió con la multitud, Fleur lo había logrado. Se hizo una pausa mientras se mostraban las puntuaciones de Fleur. Hubo más aplausos y luego, por tercera vez, sonó el silbato.

—¡Y aquí aparece el señor Krum! —anunció Bagman cuando salía Krum
con su aire desgarbado.

—¡Muy osado! —gritaba Bagman, y Sienna oyó al bola de fuego chino
proferir un bramido espantoso, mientras la multitud contenía la respiración, como si fueran uno solo. Sienna fue incapaz de mirar y escondió la cara en la túnica de Neville—. ¡La verdad es que está mostrando valor y, sí señores, acaba de tomar el huevo!

El aplauso resquebrajó el aire invernal como si fuera una copa de cristal fino. Krum había acabado, y aquél sería el turno de Harry.

Sonó el silbato y tras unos segundos, Harry salió.

Y allí, al otro lado del cercado, estaba el colacuerno agachado sobre la nidada, con las alas medio desplegadas y mirándolo con sus malévolos ojos amarillos, como un lagarto monstruoso cubierto de escamas negras, sacudiendo la cola llena de pinchos y abriendo surcos de casi un metro en el duro suelo.

—¿Es es fin? —susurró Sienna preocupada.

Harry levantó la varita.

Gritó algo pero no se vió nada por un instante. Y entonces la vieron atravesando el aire tras él. Harry se volvió y vieron la Saeta de Fuego volando hacia allí por el borde del bosque, descendiendo hasta el cercado y detenerse en el aire, a su lado, esperando que la montara. La multitud alborotaba aún más...

La Hija de SnapeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora