Capítulo cuatro.

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Pequeñas grandes amistades

Pasadas mis buenas nueve horas de sueño, desperté, además de más tonto, desorientado, siendo las cuatro de la madrugada.

Un pequeño inconveniente era que todo tipo de comida estaba en la recepción, una forma de tenernos a todos comiendo en un solo lugar, por lo que me tocaba bajar para "desayunar"

Emprendí mi pequeña, muy pequeña travesía al elevador, por suerte mi celular y su pantalla fueron una buena guía, al estar ya allí, solo oprimí el botón correspondiente y la magia moderna empezó.

Las puertas se abrieron y empecé a caminar, aunque con cautela, las luces no estaban encendidas, mayormente apuntaba mi celular al piso.

Sentí un pequeño sonido a mi izquierda, volteé mi cuerpo hacia esa dirección y alcé el celular para ver más.

—Hola—

Mi celular salió volando del susto, y yo me caí del sobresalto.

— ¡¿Estás bien?! — preguntó aquella voz. —Si, si… todo está bien— dije controlando mi ritmo cardíaco y respiración. —Solo que no esperaba a alguien aquí a estas horas y sin ningún tipo de luz, en mi mente fué exactamente como la chica del aro— Dije en tono sarcástico ya más recuperado.

—Lo siento… — Con el tono más bonito que había escuchado en esas palabras se disculpó. —Tenía hambre, así que bajé a comer algo, y no quería encender nada, luego de unos minutos me empezó a molestar la luz del celular—

—Hablando de celulares, ¿Me ayudas a buscar el mío? — Pregunté teniendo cero idea de dónde habría caído, porque además, no emitió sonido.

— ¡Si, si, claro! — Artículó más amable y animadamente. Haciendo uso de la orientación espacial por medio de tacto, tomó su celular y encendió la linterna, y la vista era un tanto graciosa.

Mi celular cayó exactamente en su comida, la cual era un trozo de pastel, la cosa es que cayó exactamente parado, tal cual una bomba de la segunda guerra mundial que no hubiera explotado.

—Bueno… — lo sacó del pastel. —Ten— me lo entregó tal cual. En mi mente pasaban dos cosas distintas. Bueno, mucho cosas pero en esta situacion del celular, dos.

Limpiarlo con un dedo y comerme el resultado, o solo limpiarlo con agua ya que es resistente a esta. Por cuestión de higiene y parecer normal, opté por la última. Fuí al baño, lo limpié efectivamente y volví, esta vez ella tenía su celular encendido en la mesa.

Tomé lo primero que vi que era sano y a la mesa con ella, todo lo que tomé fué un pan, uno solo.

— ¿Lo limpiaste con agua? — Preguntó. —Exactamente— Confirmé. —Yo lo hubiera limpiado con el dedo y comido— en mi mente la indignación tomó fuerza.

— ¡Me llamo Choi Yu Na por cierto, aunque mi nombre artístico es Yuju! — Exclamó.

180 Grados - Tzuyu & Tú.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora