Capítulo ciento veintidós

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Ilusión

— ¿Puedes contarnos cómo se siente tener el álbum más vendido de la historia y haber derrocado a Michael Jackson y Katy Perry en solo un mes? — Preguntó carismáticamente el host.

— ¿La verdad? — Pregunté yo de vuelta. —La verdad es que odio ese álbum, el problema es que lo hice, cómo tengo costumbre de hacer todas mis canciones, enviarlas a Universal, mi disquera, ellos se encargan de lo demás y aquí instantáneamente programé los teasers y eso… — Revelé, dejando atónitos a todos en la sala. —Quizá este álbum tuvo un impacto tan inmenso porque si que le hice publicidad… hasta bueno… aquel incidente— Expliqué.

— ¿Cómo estás ahora? — Me siguió la conversación. —Han pasado tres meses ya… me recupero rápido, aunque solo puedo hablar, sentarme y caminar poco, por algo mi tan «anhelado» regreso fué en programas de radio y de televisión— Bajé mi mirada hacia mi zona media. —Aunque aún me duele, supongo que es normal— Lo miré después. — ¿Y cómo fué la recuperación? —

— ¿La recuperación? — Dije para mí mismo.

Tres meses antes.

— ¡Tranquilo, tranquilo! — Gritaba al mismo nivel que yo la enfermera.

Luego de unos cuantos minutos de ajetreo en la camilla por todo el hospital, por fin se dejó de mover todo.

Y seguido sentí una inyección que me dejó más dormido que despierto, el efecto duró unas cuantas horas, hasta que se acababa, gritaba y volvían a inyectarme.

Ese era el plan y rutina por semana y media.

Hasta que por fin era consciente y podía sentarme, antes necesitaba ayuda de las enfermeras para todo, literalmente todo.

En medio de un día, se me notificó que por fin tendría acceso a visitas, pero que incluso ese mismo día ya tenía planificada una visita, y lo que elevó aún más mi sorpresa es que los que me venían a visitar eran mis «figurales legales» o así los llamaron.

Si bien el día estaba siendo una sorpresa, lo fué aún más cuando los mismísimos padres de Tzuyu pasaron por la puerta.

Aunque teníamos confianza, me habían visto sin maquillaje, aunque eso era realmente común y casi todos en alguna vez lo habían hecho, estaba en ese momento con la cara llena de moretones e hinchado, puesto a que aunque las operaciones estéticas eran rápidas de sanar, diez días tampoco eran para devolverme a un escenario.

— ¡Hola! — Exclamaron ambos, mientras iban caminando hacia mi cama. —Hola… — Respondí muy apenado. — ¿Ya te sientes mejor? — Preguntó el padre, en mandarín obviamente.

—Estoy mucho mejor ya— Respondí, en mandarín obviamente, sorprendiendo a ambos. — ¿Cuándo aprendiste? — Preguntó la mamá, refiriéndose a mi nuevo lenguaje. —Cuando dejé de necesitar de clases de coreano opté por el mandarín— Pese a mi obvia complicación en ese nuevo idioma, aún podía hablar lo suficientemente fluido.

—Supongo que ya te enteraste que ahora somos tus figuras legales en cuanto a asuntos médicos… Tzuyu nos contó de tus problemas y entre ambos pensamos que si algún día te pasaba algo grave como esto, podríamos ponernos cómo personas que decidieran por ti, y eso hicimos, hablamos con tu abogada y contadora y firmamos todo— Dijo la mamá, quién ahora me daba miedo porque se parecía mucho a mi mamá aunque en versión taiwanesa.

—No sabía nada de eso— Respondí, siendo completamente sincero. —Lo hicimos cuando más ocupado estabas, aunque igual no nos sirvió de mucho, nos llamaron para avisarnos de tus operaciones cuando ya te las habías hecho— Dijo.

—Les quedan dos minutos— Asomó una enfermera. Y tenía sentido el poco tiempo, ya que usualmente tenía una rutina muy ocupada en el día para recuperación de cada parte de mi cuerpo.

—Tzuyu nos dijo que hoy mismo te vendría a visitar para darte ánimos, aunque supongo que ya te habrá avisado, nosotros tenemos que irnos… vamos a verla antes de su regreso— Así como llegaron, se despidieron, dejándome con más de una intriga y si ya mis órganos revolviendose físicamente no eran un problema, sentía otro remolino de emociones por esa noticia.

Luego de su pronta partida, empecé con los ejercicios para siquiera enderezarme. Los cuales eran tan dolorosos como los primeros días de la operación.

Luego de aquel infierno, me visitó alguien más, o bueno, un par.

Yeonjun, causante de mi pequeño gran problema, y YuJu, persona que según mi sueño lúcido mientras me estaba muriendo, gustaba de mi.

Antes de que siquiera pudiera hablarles, Yeonjun se arrodilló y pidió perdón casi gritando. — ¡Tranquilo… estoy bien! — Le respondí intentando sonar alto. Por mí pequeño problema de no poder enderezarme,  solo me senté en la cama y al menos tenía más rango de visión. —Estás aquí por mí culpa… — Escuché cómo realmente empezaba a llorar. Por suerte YuJu lo logró levantar, ayudándolo a ponerse a mi vista. —Los accidentes pasan, al menos no me sacaste el cuchillo y terminaste de matarme, igual iba a venir a operarme algunas cosas— Agregué para intentar quitarle peso de encima.

—Entiendo que Yeonjun venga porque se siente culpable, pero, ¿Y tú? — Pregunté a la otra persona presente. —Todos en la compañía teníamos curiosidad por ti… digamos que soy la embajadora de Gfriend— Respondió, aunque no tan segura de lo que había dicho.

—Los vería a la cara, pero creo que ya sabemos que no puedo, además dentro de un rato les digan que se vayan— Dije para aligerar el ambiente, y efectivamente les dieron los dos minutos más. Luego de que ambos vieran mi cicatriz del tamaño de una cesárea, se fueron, y aunque sabía que Tzuyu no iba a venir, esperé incluso hasta que fueran pasadas las doce AM, pero al final nunca llegó…

180 Grados - Tzuyu & Tú.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora