Capítulo ciento setenta

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Luz

— ¿No te dije que no te quería ver aquí otra vez hasta que estuvieras viejo? — Escuché perfecta y claramente la voz de mi verdadera madre regañándome.

Abrí los ojos inmediatamente, sabiendo donde estaba ya.

— ¿Ahora sí me morï? — Pregunté viendo mis manos. —Esta vez si, estás muerto— Confirmó ella.

—Pero si solo me tomé un litro de alcohol y una pastilla— Argumenté en mi favor.

—Ese alcohol tiene demasiado grado de alcohol, además de que de por sí tiene azúcar aún, y esa pastilla sola, recuerda que es demasiado potente en comparación a las anteriores porque empeoró tu transtorno, ¿Cómo puedes no saber que esas cosas no se mezclan? — Me regañó, aunque le quitaba credibilidad el hecho de que se viera de diez años.

—Soy demasiado tonto… — Suspiré diciendo eso. — ¿Así quieres terminar? — Preguntó, aún enojada. —No, no quiero—Empecé a llorar en ese momento.

—Yo solo quería hacer las cosas bien… — Seguí llorando sin control. —Lo arruiné una y otra vez— Empecé a limpiar mis lágrimas, pero incluso allí, eran demasiadas.

—No quiero morir aún… — Miré a mi pequeña madre.

—Por desgracia, ya estás muerto, enteramente estás aquí— Se sentó en la cama.

—Me alegra estar contigo… pero es triste… todo lo que dejaste, a todas las personas que lograste hacer que te amaran como yo lo hice— Miró al horizonte, mientras, yo seguía llorando a mares.

—Bueno… — Dijo, aún mirando al horizonte. —En realidad, hay una cosa que puedes pedir desde aquí— Se levantó.

—Al llegar aquí, sabía que si pedía revivir, volvería a morir por el cáncer, así que pedí que todo te saliera bien con respecto a la música— Siguió mirando hacia la misma dirección.

—Aunque estos deseos suelen venir con algo de letra pequeña… — Paró un segundo. —En mi caso, te va de maravilla en la música, demasiado, tanto que tú no puedes controlarlo, la fama te controla, la fama te está destruyendo, o bueno… ya lo hizo— Empezó a caminar un poco. —Eso es mi culpa— Me puse de pie y empecé a seguirla.

—Lo siento por arruinarte así la vida, cariño, pensé que serías fuerte, pero ni siquiera yo podría con todo lo que tienes a tus hombros ahora— Se detuvo.

—Por allá, sigue caminando derecho, podrás pedir tu deseo una vez llegues al punto indicado— Indicó con su mano.

—Estos deseos solo se los dan a las personas que creen que son dignas, pero honestamente… — Empezó a llorar ella. —Creo que nunca tuviste una pizca de maldad en tu corazón— Al decir eso, se desvaneció.

Empecé a caminar en la dirección que me había indicado, mientras más lo hacía, más se desvanecía todo, una niebla empezó a tragarse todo, hasta que dos metros a mi alrededor era demasiado para decir que era visible.

De un momento a otro, un viento extremadamente fuerte en dirección contraria a mi, soplo, lo suficientemente fuerte para tener que cubrirme y cerrar los ojos.

— ¿Realmente se fué? — Escuché ahora la voz de Tzuyu.

Volteé a mirar rápidamente, estando ella encima de su cama mirando hacia el lado donde debería de haber estado yo.

Desde allí pude divisar como empezó a llorar levemente.

Intenté acercarme, pero había un muro invisible que me lo impidió.

—Pensaba decirle que volviéramos justo hoy— Río y empezó a llorar más.

De un momento a otro sentí como dagas afiladas empezaban a llover a todo mi alrededor.

Volteó a ver su teléfono, una vez se había quitado las lágrimas.

— ¿Asunto de emergencia? — Leyó la nota, y justo en ese momento sentí como una de esas tantas dagas me atravesó la pierna derecha, haciéndome caer.

Me arrodillé del dolor, viendo mi herida. Cuando volví a alzar mi vista, Tzuyu estaba más lejos.

Empecé a caminar cojeando hacia ella, el muro invisible ahora no estaba.

Me acerqué lo suficiente ignorando las dagas cayendo, pero cuando estaba a punto de lanzarme hacia ella, una más me atravesó, ahora siendo mi hombro, aunque con la fuerza que cayó, me obligó a caer.

Me levanté rápidamente, pero ella solo estaba más lejos aún.

Con lo que aún me quedaba, seguí y seguí, sintiendo otra dará en mi pierna izquierda, que también me hizo caer, alcé la vista una vez más, estando ella aún más lejos.

Quizá así iba a morir, atormentado por mi último y más fatal error. Me lo tenía merecido.

Saqué mi último apice de fuerza, levantándome, pese al horrendo dolor en mis piernas y caminando lentamente.

Una daga más cayó ahora en mi otro hombro.

Estando en el suelo, cayó otra, seguida de otra, ambas en mi espalda, hasta que me hicieron desvalecer en el piso, dos más cayeron.

Sentía que estaba en mis últimos momentos, pero antes tenía algo que decir, me levanté, poco a poco, sintiendo espinas arropandome.

Miré en dirección a Tzuyu, tosiendo sangre levanté un poco mi mano.

—Tzuyu— di un paso hacia adelante. Ese paso fué el que hizo que una lanza me atravesara, manteniéndome en el aire sostenido.

Cuando bajé mi vista, pude notar como ella estaba allí, a menos de un metro de mi.

—Te… amo— las dos últimas lágrimas que tenía salieron de mis ojos. —Lo… siento… — Mis ojos terminaron de cerrarse, dejando de sentir.



180 Grados - Tzuyu & Tú.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora