Capítulo ciento cinco.

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Arribo

—Vaya, ya recordé que esto es Asia— Miré a mi alrededor.

Me fuí rápidamente al área de maletas, tomé la única que tenía y esperé a mi guía turístico.

— ¿Señor TN? — Preguntó alguien en inglés. —Ey, tengo apenas mayoría de edad— Discutí, luego de ver que si que era el guía.

Hablamos un poco y comenzó el recorrido, siendo por el centro y alrededores turísticos.

—Una pregunta, ¿Dónde están las zonas de los Goshiwon? — Pregunté yendo al grano. — Sacó su celular, me mostró en el mapa la ubicación de uno, y por suerte, estaba cerca, así que antes de terminar su tiempo conmigo, me llevó, registró y allí me quedé, con mis últimos trescientos dólares gastados para un mes de estadía sin tener claro que iba a hacer después.

Me dejé caer en la cama, dándome un golpe fuerte, por ser muy dura.

Cuando terminé de sobarme empecé a sacar cuentas.

—Bien, si en un día sin hacer nada gano unos entre quince y treinta dólares… y si vendo canciones desde aquí podría… no, la comida es cara, necesito un trabajo además…

Luego de pensar en esa opción, recordé mi básico y pésimo coreano.

— ¡Ahhh, porqué tenía que venir sin saber el idioma! — Exclamé con un poco de rabia. Para desahogarme abrí mi laptop y empecé a trabajar, ya que el principio sería difícil…

Pasada una semana, solo con venta de canciones y letras, más regalías pasivas, podría cubrir otro mes de estadía, pero me las estaba viendo muy apurado con el tema de comida, era realmente caro.

Empecé a buscar ofertas de trabajo en internet, enfocadas en Seúl, y de primeras, las más rápidas eran repartir comida, y ya que no tenía licencia de conducir, tendría que hacerlo a bicicleta.

Acudí a un restaurante, pero el incoveniente del idioma entró en juego, siendo imposible acordar algo, luego otro… dos más, una docena y tres días después había agotado casi todas las opciones que tenía.

En el transcurso de esos días y el recorrido entre lugares, pasé por muchas compañías de entretenimiento, mis minas de oro en potencia, dejé mi currículum y trabajos pasados, pero en esos días no hubo ninguna llamada.

Terminada la primera semana en Seúl, me di cuenta de que a menos de que practicara arduamente el coreano, no iba a poder sobrevivir, y si bien era tonto el hecho de pensar que más gente hablaba inglés en un país asiático, me lo tragué.

Fuí a iba biblioteca un lunes, buscando un libre para niños pequeños, al ver que sería de utilidad, vi el precio, pero era un poco más de lo que podía permitirme, pero tenía una idea para sacar dinero.

Salí del establecimiento, me coloqué en el medio del amplio lugar y empecé a cantar ópera, eso sí, o cantaba únicamente arias de hombres, o mujeres, no mezcladas.

Pero en quince minutos tenía dinero para comprar incluso seis libros.

Si bien no era lo que tenía planeado, servía, y de más, ya que compré ese y los tres niveles posteriores, y ya que aprendía rápido, los leería, prácticaría y luego buscaría algún trabajo por fin.

Otra semana pasó, pero ya tenía el nivel de un niño de cinco años, o al menos eso calculaba por las edades recomendadas de los libros, aunado, me empecé a meter más en el pop coreano, principalmente cuando vi en varias pantallas del centro, y fotos en el metro de «TWICE» el super grupo femenino coreano actual.

En ese mismo lugar, vi las fotos de las nueve con sus nombres.

—Na… Yeon— Leí juntando las vocales que estaba terminando de dominar. —Jeong… Yeon— Se me empezaba a hacer fácil. —O… M… Mo ¿Mo? — Leí repetido el carácter, por lo que suponía que lo había leído mal. Pero abrí mi celular y corroboré, se llama Momo.

Empecé a tener problemas con la que le seguía, ya que solo entendía el "Na" empecé a deducir por los caracteres que era una A pero no sabía que venía antes, por lo que empecé a intentar recordar, — ¿Sa? ¿Na? — Pronuncié algo raro. Luego de un momento recordé que si era así, por lo que deduje que esas dos últimas deberían ser japonesas por los nombres. —Ji…Hyo— Fué fácil ese último… levanté la vista viendo a la miembro y era realmente linda, pero pasé a la siguiente.

— ¿Mina? — Dije de golpe, ya que en donde vivía había una chica que se llama igual, aunque no terminaba de cuadrarme su rostro con uno coreano.

—Da… Hyun— Volvió a ser uno fácil. —Chae… Young— Otro aún más fácil, aunque los caracteres de Chae son muy parecidos y hay varios, ya empezaba a rendir frutos mi estudio.

Pasé a la última, la cual aunque quisiera, no podía traducir sus caracteres, eran fuera de lo común.

No me quería quedar con la duda, así que la busqué en internet, encontrado que se llama Tzuyu, asumí por su nombre que también era japonesa, luego corroboré los caracteres de su nombre y resultaron una fusión de varios más simples.

Y así fué como pude leer nombres coreanos y algunos extranjeros en una semana.

180 Grados - Tzuyu & Tú.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora