Capítulo ciento tres.

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Memorias


Desperté con alguien a mi lado, después de algunas semanas sin poder decir lo mismo.

Silenciosamente me levanté, buscando no despertar ni hacer sonidos altos para interrumpir su sueño aun.

Una vez fuera de la habitación, empecé a hacer el desayuno para ambos, además de tener que apresurarme porque se tendría que ir temprano, mismamente yo desperté tarde.

Y gracias a ese retraso hice pan tostado, lo más rápido que había, porque cereal sería demasiado poco.

Tomé dos platos y los llevé a la habitación, encendiendo la luz al entrar con una complicación abismal. —Despierta cariño, ya es tarde— Dije sentándome en la cama, no se despertaba, así que empecé a moverme empujándola un poco. —Un poco más… — Pronunció quizá más dormida que despierta.

A lo que me levanté, puse el plato en la mesa de noche de un lado y empecé a comer yo solo mientras veía un vídeo en mi celular, al terminar yo y ella aún ni haber abierto los ojos, la desperté seriamente, tirándome encima de ella, ya que pesaba poco no le tantísimo daño, menos cuando ella es incluso casi tan fuerte como yo sin exagerar.

—Despierta ya— Dije mientras empezaba a rodar y la empujaba un poco, teniendo por fin éxito en mi misión.

Aunque cuando se sentó en la cama, tenía un ojo cerrado y tapado por la mitad de su cabello, aunado a una mirada fea me recordó el porqué me asustan más las películas de terror asiáticas.

—Allí está tu desayuno— Me excusé intentando evitar otra mala mirada.

Por suerte, me quitó su mirada de juicio y empezó a comer, yo mientras recordé algo, abrí mi clóset, busqué una de las pequeñas cajas que tenía, luego la llevé hasta la cama, Tzuyu mientras comía me miraba espectante sobre lo que haría.

Abrí la caja y empecé a sacar papeles, hasta que llegué a lo que quería encontrar. Saqué una de las fotos que estaban dentro.

—Mira, tenemos una foto juntos desde hace casi dos años ya— abrió su otro ojo, se quitó el cabello de este y empezó a detallar más la foto.

— ¿Tú eras él? — Preguntó rápidamente. —Tenía el cabello un poco más largo y castaño esa vez, pero si, era yo, cuando decía que era ONCE no mentía, aunque esa fué la única vez que pude asistir a un fansing— Respondí sonriendo.

—Oh dios… todas te molestamos ese día… lo siento— Se disculpó y su rostro pasó a ser uno triste. —Como fan no habría pedido un mejor evento, no te disculpes, lo recuerdo memorablemente, aunque hoy día sea tan famoso como ustedes, hace poco no lo era— Me acerqué a a ella y coloqué mi mano en su mejilla.

—De hecho eres el triple de famoso que nosotras— Respondió fríamente. — ¿El triple? — Pregunta como respuesta. —En todos lados nos triplicas los números, por ende eres más famoso que nosotras tres veces— Explicó.

—Bueno, quizá tengas razón en eso, pero yo aún sigo siendo su fan, pese a que yo soy el que les hace sus canciones y las ve practicar todo el tiempo que puede— Alcé mis hombros a lo que ella se rindió.

—Al final del día sigo siendo un ser humano con gustos… además de mi novia, también eres mi idol favorita de mi grupo favorito— Sonreí al decir eso.

Luego empecé a rebuscar en las demás fotos, mostrándole algunas fotos que yo mismo había tomado de los conciertos, tenía Polaroids de aquellas fotos ya que era más bonito, y por suerte, seguro, Sana hizo que perdiera esas fotografías en digital.

— ¿Ibas mucho a nuestros conciertos? — Preguntó ella al ver algunas fotos de su persona desde debajo de la tarima.

—A los conciertos siempre podía ir, no se agotaban tan rápido, y como siempre me sobraba dinero podía comprar hasta delante— Respondí. — ¿No que antes no ganabas mucho? — Cuestionó. —Antes Fantagio me pagaba alrededor de unos… ¿Diez mil dólares mensuales? — Miré al techo en un vago intento de recordar. — Siempre me queje del contrato ya que estaba metido mi tutoría y producción e incluso escritura y composición, esos diez mil dólares los hacía en la mitad de tiempo fuera de Fantagio sin tanto trabajo, por lo que casi siempre tenía de sobra unos cuarenta mil dólares en mi cuenta, Fantagio solo me servía para que no me deportaran— Reí al final.

— ¿Cuánto dinero tienes actualmente en tu cuenta bancaria? — Preguntó, quizá llevaba mucho con esa duda. —En mi personal, creo que veinte millones, en la jurídica quizá ochenta, esa suele variar mucho ya que todo el tiempo ese dinero se usa para rentar o comprar locales, además de que es el capital de la fabricación de mi gama de auriculares— Respondí con sinceridad haciendo que se sorprendiera.

—Yo apenas y si llegué una vez al millón… y fué por la canción que te hice… — Se entristeció. —Podré tener un millón, cien, un billón, pero últimamente no le estoy prestando nada de atención a cuánto dinero realmente tengo, si lo hago voy a terminar más loco de lo que ha estoy, además… cuando uno se acostumbra a no conseguir nunca lo que desea ¿Sabes lo que pasa? — Pregunté figurativamente, ya que luego me respondí yo mismo. —Que acaba por no saber incluso lo que quiere— Cerré mi pequeña reflexión de vida.

—Mi único sueño era vivir de la música, conocer a mis artistas favoritos y no mucho más, no me dí cuenta de que tenía el sueño de tenerte a ti hasta que pasó, en mi lista nunca estaba el hacerme rico— Tomé una de sus manos.

—Cambiaría toda mi fortuna, e incluso le vendería mi alma a lucifer por seguir contigo, así de tanto amo mi dinero y así de tanto a ti— Pese a mi momento acaramelado, ella seguía en shock.

180 Grados - Tzuyu & Tú.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora