Capítulo ciento cuarenta

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Resiliencia

— ¿Qué haces? — Me preguntó ella, teniendo una roca en la mano y más nervios que sangre fluyendo. —Estoy buscando una roca… — Dije, así como si nada.

Instintivamente ella se echó para atrás. — ¿No hay muchas en tu jardín? — Preguntó mirándome raro. —Es para unos clavos… — Dije levantándome, y llevándome la sorpresa del dolor de espalda.

—Además… no he estado allí en mucho tiempo… no regresaría solo por una roca— Bromeé, pero antes de que la cosa se pusiera más rara, escuché cómo la puerta se abrió.

Instintivamente me metí corriendo, primero, por el frío, segundo porque también estaba temblando por culpa de Tzuyu.

Rápidamente esquivé cualquier cosa y me metí al aún en construcción estudio.

Empecé a dar piedradas, que, aunque toscas, cumplieron su propósito, me dieron el soporte perfecto para cancelar el rebote de sonido.

—Tengo un problema— Dije mientras miraba el techo. Bajé mi mirada encontrándome a cinco cabezas asomadas por la puerta.

Volví a alzar mi cabeza. —Necesito que tres de ustedes sostengan las puntas de la alfombra del techo, y un gancho de ropa— Expliqué.

—Yo voy por el gancho— Dijo rápidamente Jihyo. —Yo no soy tan alta para llegar— Dijo ahora Chaeyoung.

—Eso nos deja a nosotras solo— Dijo Sana. — ¿Sana? — Pregunté aún viendo el techo, bajé mi vista y si, estaba allí, era la quinta cabeza de hacia rato.

Empecé a mover la mesa, dejándola exacta para que todas se subieran, yo usaría la silla, mi tamaño era el suficiente para no necesitar veinte centímetros de mesa más alta.

Unos segundos después de estar todas sosteniendo la cosa rara que iba en el techo, llegó Jihyo con mi petición, tomé un clavo y lo enrollé con el gancho. De un golpe certero lo clavé hasta la mitad. Quité el gancho y le di otro que lo terminó de clavar.

Empecé a mover la silla, pero resultaba que quien sostenía la otra punta era Tzuyu.

—Dame un segundo— Coloqué mi mano de apoyo a unos pocos centímetros de la de ella. —Ya puedes quitar tu mano— Dije, haciendo exactamente eso. Volví a repetir el proceso anterior y ya tenía dos puntas puestas, así que todas podían bajar.

Pero empezaron a bajar Sana y Dahyun, quedando Tzuyu allí aún. —Te podías bajar incluso antes que ellas— Le dije bajándome yo de la silla. Se bajó rápidamente con ayuda de las otras dos y proseguí con las otras dos puntas, siendo más rápido.

—Creo que ya está— Dije de espaldas a la puerta viendo el tapete en el techo.

Empecé a cantar ópera, desde mi nota más grave, probando distintos registros para probar la acústica, luego subiendo octava por octava haciendo lo mismo, así, siete veces.

—Está perfecto— Dije volteando, ahora viendo a las nueve asomadas. — ¿Cuándo llegaron? — Pregunté sin entender. — ¿Cuando llegaste tú? — Preguntó Nayeon. —Hace… — Revisé mi celular. — ¡¿Cuatro horas?! — Quería exagerar, pero hasta yo me sorprendí del tiempo que tardé haciendo algo tan simple.

—Es que tardaron mucho las entregas… — Dijo Jihyo como si mi tiempo no tuviera valor. —Cada segundo de mi tiempo vale… — Intenté sacar cálculos, pero ahora que era dueño de más de un cuarto de JYP Entertainment, ni yo sabía cuánto ganaba. —No lo sé… ¡Mucho! —Exclamé. —Pensé que tardaría media hora aquí nada más— Dije.

— ¿Alguien tiene una laptop? — Pregunté, negando todas. —Tu tienes una Mina, no mientas— Regañé, aunque ella era mayor que yo y como tal, mi superior.

—Esta en Japón… — Dijo, yéndose lentamente. —Ultimamente das miedo— Expresó Momo. —No quiero sonar malo… — Dije sintiéndome mal ahora yo.

—Usa la computadora de Tzuyu— Propuso Jihyo. — ¿Tiene algunos programas de música instalados o tengo que quedarme otras dos horas? — Pregunté, casi retóricamente.

—Tiene el mismo que la computadora de la compañía— Dijo Tzuyu.

—Bueno, entonces solo será media hora— Empecé a caminar, pasando por la puerta y por la mirada de las nueve.

Llegué hasta la computadora, me senté en el duelo y empecé a desconectar cables, uno por uno, siendo la misma maraña que la mía en casa, hasta eso era igual.

Pensé que iba a ser más liviana que la mía, pero en ese me equivoqué, de hecho era más pesada aún.

Si más mal no había entendido, muchos componentes de mi ordenador traían placas de metal para aumentar el peso, cosa que hice que eliminarán, tal parece que Tzuyu no sabía eso.

—Voy a necesitar ayuda, no puedo con esta cosa— Dije luego de hacer un intento. — ¿No eres hombre? — Preguntó Nayeon, casi burlándose. —Peso solo cinco kilos más que tú y hace poco casi me muero, mi trabajo no es cargar peso, es hacer música— Me defendí.

De un momento a otro se acercaron la dueña del ordenador y la líder del grupo, ayudándome a levantar esa cosa y llevarla hasta el estudio.

La dejaron cerca, pero no donde la necesitaba, así que moviéndola me llevé un buen golpe en la cabeza, haciendo reír a la mayoría.

Luego de encajar bien el sitio y empezar con el cableado, de nuevo, logré completar otra vez el orden y encendió, sin problemas, increíblemente.

Dió en una pantalla de bloqueo, en donde le dejé el camino libre a la dueña, volteando además mi vista.

Debido a los componentes tan caros y eficientes, en una fracción de segundo dio en la pantalla principal, dejando ver qué su fondo de pantalla era un aspecto de mi campeona favorita de League Of Legends.

Quería verla extraño, pero ya la situación era demasiado para hacerlo, así que solo abrí el programa de música y empecé a conectar los instrumentos MIDI.

Presioné una tecla aleatoria del piano, comprobando que estaba conectado y sonando. Luego empecé a tocar una pieza clasifica de alta velocidad, comprobando que efectivamente, grababa y sonaba.

Luego pasé al micrófono, haciendo una nota de cada octava, comprobando que también faltaba todas las frecuencias necesarias.

—Ya oficialmente está, tienen un estudio casero profesional— Dije para levantarme. Vi como Tzuyu le decía algo en el oído a Jihyo. —Necesito un último favor— Pidió la líder. — ¿Cuál? — Le pregunté ya un loco cansado físicamente. —Que conectes un cable de internet directamente a la computadora— Fué su pedido.

Sin más, simplemente empecé a caminar buscando el router, que al menos cerca tenía un cable muy largo, media hora de malabares y TWICE expectante, logré cumplir con su petición.

—Me parece tan surrealistas que hace como año y medio o dos yo no era más que un simple concursante de un programa de supervivencia que era su fan y ahora les hice todo esto… siendo mucho más famoso— Me senté en el sofá casi muriéndome del cansancio.

Solo por costumbre, pasé mi mano por mí cicatriz, sintiendo la específica sensación de la sangre.

El problema es que estaban todas mirándome fijamente.

Cómo pude, disimulé, aunque todas se preocuparon.

— ¿Estás bien? — Increíblemente la única en acercarse fué Tzuyu.

180 Grados - Tzuyu & Tú.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora