Estaba tan apenada y triste, se sentía culpable entonces. Miraba la mesa de profesores y solo podía echarse la culpa. Esa mujer era la que se insinuaba, y Snape solo intentaba mantenerse al margen lo más posible porque estaban siendo evaluados. La castaña tenía recargada su cara sobre la mesa, no había comido nada, cuando llegó Ginny.
-No te ves muy bien, Herms, ¿sucedió algo?- La castaña volteó y le contó todo a Ginny con cuidado de que nadie escuchara. Una vez terminado lo dicho, miró con asco a la morena sentada en la mesa de profesores.- Que maldita.
-Ahora, Snape está enojado, y no quiero saturarlo con mi presencia... ¿qué opinas que debo hacer?- La pelirroja pensó unos segundos y luego de un rato, dijo.
-Creo que deberías presentarte como enferma ante Mcgonagall hoy y mañana, para darle un rato de espacio, luego, puedes preparar una disculpa. Mira, suena estúpido, pero el otro día Harry y yo discutimos, y para hablarlo, le entregué unas ranas de chocolate para hablar. Y funcionó.- Hermione vio algo ingenua a su amiga por insinuar que algo así podría resolver las cosas con Snape.- Lo que me refiero, es que luego de darle su espacio, deberías hablar con él, mientras tanto, no te presentes siquiera a las clases.- Luego de pensar un rato, Hermione se decidió.
-Ginny, necesito la capa de invisibilidad de Harry.
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Severus recibió la noticia de que Hermione se encontraba indispuesta ese lunes, y no que se presentaría a las clases habituales. No le llamó la atención. Pensaba que la había asustado con la bestialidad con la cual le había hablado la noche anterior. Así que solo asintió a Minerva de mala gana en el desayuno y al no verla en la mesa, solo se sintió un poco vacío, pero seguía enojado.
Ese lunes, no era distinto a otros, Snape estaba sentado solo en el escritorio mientras con dureza, corregía ensayos y libretas.
No se presentó ni al almuerzo ni a la cena y durante esa hora, siquiera comió, estaba ocupado controlando los estantes llenos de frascos con pociones, o especias. Estaba anotando cada uno de estos, cuando tocaron la puerta. Severus frunció el seño y con disgusto se acercó para maldecir al que estuviera del otro lado.
Pero para su sorpresa, en el aire estaba flotando una caja de chocolates, y en una de las caras de esta caja, estaba escrito: "Perdóname", y una carita triste. El hombre, cruzado de brazos, miró el detalle y el pasillo, cuando escuchó frente a él:
-No sabía qué dulce te gustaría...- La voz de Hermione sonaba a un metro de él, justo detrás de la caja. Snape se adelantó y extendió la mano, para quitarle la capa de encima. En ese momento, apareció una Hermione Granger, con el cabello atado en un rodete.- Y elegí chocolate amargo...- Dijo sonriendo amablemente. Tenía la varita levantada mientras hacía volar la caja frente a ella y él. El pelinegro, tardó, pero minutos después tomó con el seño fruncido la caja. Hermione sintió un pequeño retorcijón en el estómago.- No estuvo en el almuerzo y tampoco en la cena.- Severus volvió la vista a la castaña y arqueó una ceja.
-Usted no estuvo en la clase y no le ando reclamando.- Escupió y se cruzó de brazos. Hermione asintió.
-Toche.- Severus se sintió victorioso.- ¿Podemos hablar?- Decidió con valentía preguntar Hermione. Severus tardó unos segundos, y luego se corrió para dejarla entrar. Hermione lo hizo y vio como luego, el hombre se sentaba frente a ella en el escritorio. La castaña suspiró y comenzó.- Sé... que no me porté de la manera más madura.- Severus arqueó una ceja siendo obvio.- Y lamento haberte faltado el respeto. Pero...- Hermione rodeó el escritorio y se apoyó a un costado de donde se encontraba el pelinegro de brazos cruzados.- Severus Snape. Yo, quiero que sepa que lo quiero, como jamás quise a nadie y jamás, JAMÁS, me iría. ¿Cree que con lo insistente que tuve que ser para que me prestara atención, ahora que la tengo me iré? ¿En serio?- Severus rodó los ojos y Hermione sonrió. Le tomó de la mano y Snape la miró a los ojos, odiaba las cursilerias.- Sé que tengo inseguridades, pero debes aceptar que tú también las tienes y no me has dicho nada.- Reclamó entonces Hermione. Severus mirándola a los ojos, con severidad contestó.
-Toche.- Hermione le sonrió y se acercó un poquito más.
-Ahora, quiero que usted, Severus Snape, me exprese una de sus dudas, porque yo quiero estar con usted y deduzco que en el fondo de su orgullo, usted también.- Severus arqueó una ceja pero con decisión se acercó a la castaña y esta sintió su reconfortante colonia.
-Bien, Señorita Granger.- Dijo entonces el pelinegro.- Quiero que me diga una cosa, ¿Espesa se le ha declarado?- Hermione abrió la boca y frunció el seño.
-Oye, no vale, quería expresarte todo lo que me gustas y lo bien que me siento contigo y vos me preguntas eso.- Se cruzó de brazos frustrada, pero luego volteó a mirarlo.- No.- Contestó ante su duda.- Pero sí debo decirte algo.- Severus se cruzó de brazos mirándola serio.- La tarde que volvimos de la biblioteca, cuando te fuiste tomamos té con el profesor Espesa y me confesó que había terminado una relación que tenía con la profesora Sinistra.- La mirada de Hermione se abrió para darle un mensaje a Snape, y ambos recordaron la noche del baile cuando se besaban.- Y que creía, que los celos de la profesora, al final sí tenían sentido, porque pensaba que sentía algo por la muchacha en discordia.- Severus frunció el seño.
-¿Y tú sabiendo eso, seguiste juntándote con él?
-No quise creer que hablaba de mí...
-No, pues Sinistra esa noche dejó bien claro que claramente hablaba de ti, Hermione.- Severus miró hacia otro lado mientras negaba.- No, no dudo de ti, Hermione, dudo de ese... Estúpido.- Hermione sonrió y se acercó tomándole del rostro, hizo que la mirara.
-No te lo quería decir, pero en realidad, él no me gusta... Me gusta un hombre huraño, serio y con una nariz aguileña que me encanta.- Dijo con una sonrisa a unos centímetros de la boca de Snape. Este, levantó su mano para tomarle de la mejilla.
-No te lo quería decir. Pero me gusta una mujer, parlanchina, insistente y terca.- Hermione rodó los ojos.
-Ya lo sabía, Profesor.- Severus sonrió.
-Yo no dije que fuera usted.- Hermione entrecerró los ojos y lo golpeó en el brazo, Snape rió entre dientes.- Se llama extorción lo que hace, Granger.
-Usted hace el mismo conmigo cuando quiere lograr algo, Snape.- Severus la tomó del brazo y la sentó en sus piernas, Hermione estaba de brazos cruzados mirándolo.- No siempre puede tener usted el control.- Severus la tomó del mentón y luego acarició sus labios con sus dedos.
-Siempre tengo el control, Granger.- Hermione sonrió y lo besó en los labios. Luego pasó sus brazos alrededor de su cuello y Snape alrededor de su cintura, abrazándola levemente.
-¿Ya no estás enojado?- Interrumpió Hermione. Snape miró hacia otro lado. Y viendo que le dejaba intriga a la castaña, negó para reconfortarla. Esta le sonrió, le besó la mejilla y luego se recostó en su hombro. Mientras Snape, con su pulgar, acariciaba la espalda de Hermione en el reconfortante calor de su cuerpo.
-¿Le robó la capa a Potter?- Hermione sonrió sin levantar su cabeza.
-La tomé prestada...- Dijo entonces la castaña.- Vamos a comer los chocolates, tengo hambre.- La mirada de Snape se posó en la caja que estaba sobre el escritorio y cuando Hermione tomó dos bombones, este la miró desconfiado. Hermione rió.- Te juro, que fui a la cocina, los pedí yo misma y no tienen amortentia.- Le depositó un beso en los labios cariñosamente.- Porque no la necesito.
-¿Quién es ahora la orgullosa, Granger?- Hermione mordió un bombón ofreciéndole el otro a Snape, este lo tomó y lo comió, no estaba tan mal.
Ay, el amooor...
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Sobrevivir
RomanceLuego de la guerra mágica, Severus Snape se despierta de un coma de tres semanas deseando haber muerto. Pero las visitas casi diarias de Hermione hará que ambos entablen una nueva relación desconocida para ambos. La castaña acepta por medidas de San...
