Observé con detenimiento el balance diario de la empresa y agregué una nota al pie de la página, envié el mail y cerré mi computador. Tomé la copa de vino y cerré los ojos mientras intentaba dejar de pensar en ella.
Bebí de mi copa mientras trataba de quitarme ese vacío que llevaba dos semanas en mi pecho, dos semanas desde que ella se fue, desde que ella me sacó de su vida incluso antes que yo entrara en ella.
Terminé de beber y la puerta de mi casa se abrió. Escuché los zapatos de tacón de mi hija y poco después ella pareció frente a mí.
La sonrisa hermosa que llevaba en los labios desapareció apenas vio mi copa.
—¡De acuerdo, ahora mismo vas a decirme quién es ella!
Dejó caer su bolso sobre el sofá y caminó hacia donde yo estaba sentado y le bajó el volumen a la música.
—Nunca en mi vida te había visto así, papá.
—¿Cómo así, mi amor? —su bello rostro se frunció al oírme— No pasa nada... estaba trabajando, pero ya terminé así que...
—¡Eres muy malo mintiendo, Sebastián Becquer!
Sonreí al oírla hablarme de ese modo. Ella se sentó a mi lado y se acurrucó en mi pecho.
—¿Qué pasa contigo? —me preguntó.
—No pasa nada, tu padre está cansado...
—Estás mintiendo —susurró mirándome— llevas días así, si no te conociera pensaría que estás triste porque mamá se fue —sonreí ante su comentario— no estás triste por eso, ¿o sí?
—No, ni por eso ni por eso ni por ningún otro motivo... —le besé el rostro y ella me abrazó con más fuerza— Solo es el estrés del trabajo...
—Fingiré que te creo —susurró mi niña.
—En dos días cumplirás años... ¿Qué quieres hacer? —ella se encogió de hombros— Estuve pensando que podríamos ir a la casa del abuelo...
¡Me encanta la idea! —exclamó alejándose y sonriéndome— Hace mucho que no voy... ¿podría invitar a algunos amigos?
Me obligué a no dejar de sonreír al imaginar el karma que sería pasar un fin de semana con sus amigos y terminé asintiendo
—¡Genial! —gritó— ¿Cuántos puedo invitar?
—Los que quieras, pero recuerda que tu padre es un anciano que no soporta el ruido —ella empezó a reírse.
—No te preocupes ahora tengo amigos decentes y tranquilos.
Ella besó mi mejilla y sonrió entusiasmada mientras tomaba su bolso y sacaba su teléfono móvil. La vi entusiasmada escribiéndole a sus amigos y aunque me asustó la idea que invitara a muchas personas, me dije a mi mismo que debía mostrar entusiasmo, mi hija cumpliría 22 años y debía intentar alegrarla ya que Marcela se había marchado.
El timbre sonó y me puse de pie. Caminé hacia la puerta y cuando la abrí mi mejor amigo me miró con mala cara. Tenía muchos días sin verlo, casi los mismos sin hablar con él.
Me extendió su mano y la tomé, entró y yo lo seguí de cerca.
—¿Qué pasa contigo? —preguntó Andrés sin detenerse— Te he llamado mil veces y ni siquiera me devuelves la llamada...
ESTÁS LEYENDO
Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
