Capítulo 40

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El informe de producción me advirtió que pronto tendría que viajar a San Mateo para ocuparme personalmente de los problemas que aparentemente no se están resolviendo.

Mi teléfono se iluminó sobre mi escritorio y respondí.

Carol...

Hola jefe —me saludó divertida— Hablé con Rick, el problema con los balances es a causa del stock que tiene materia prima, aun no han sido enviados al almacén y por eso no cuadran los números.

¿No se supone que materia prima debe enviar el informe de acuerdo con su stock disponible?

Sí, pero al hacer el inventario el supervisor no tuvo en cuanta que aún había stock sin entregar.

¿Quién es el supervisor? —pregunté malhumorado.

Gregory...

Masajeé mi ceño al sentirme impotente.

Si fuera cualquier otra persona la hubiera suspendido, pero al tratarse del sobrino de Marcela, me sentí con las manos atadas.

El sábado iré San Mateo... parece que a Gregory le hizo mal el amor... está muy distraído, no es la primera vez que comete un error.

Es verdad, pero se ha solucionado, no seas tan duro.

No lo soy... pero debe ser responsable.

Sí, pero a veces el amor no los deja trabajar.

No puedo evitar sonreír a su comentario porque sé que lo dice por mí.

Otros ni siquiera aparecen por el trabajo...—me dijo.

Ya... ya dejaste claro ese punto.

Ella se rio de mí.

Les pasa a los hombres de 40, imagínate a los de 25.

Estoy a punto de responderle, pero ella se adelantó.

¡Nos vemos, jefe!

Mi teléfono se encendió cuando ella terminó la llamada y yo solo puedo sonreír porque tenía razón. Si yo, un hombre maduro y responsable he faltado al trabajo y cancelado unas reuniones por quedarme en casa con la mujer que amo, ¿qué le puedo pedir a Gregory?

Cerré mi computador y me levanté de mi sillón.

Había pasado casi una hora revisando los informes y había dejado a Amelia duchándose.

Salí del estudio y caminé por el largo pasillo hasta mi habitación.

Abrí la puerta y escuché su voz en el vestidor.

El clima está bien...—dijo alguien al teléfono— ya me he instalado y estoy paseando por la ciudad intentando conocer antes de que empiecen las clases.

¿Es tan lindo como en las fotos? —pregunta Amelia.

Ame, es mucho más hermoso... es que es como un sueño.

«Es Pamela»

Su amiga se había mudado recientemente y aunque ese distanciamiento entristeció a mi chica, le hacía feliz que su amiga cumpla sus sueños.

Ya te enviaré fotos, pero, ¿tú cómo estás? Te escucho feliz, ¿o es idea mía?

Estoy feliz...

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