Había empezado con Marcela cuando éramos muy jóvenes, el pueblo era pequeño así que todos nos conocíamos, sus padres me conocían y ella conocía a los míos. No necesité presentaciones formales, no hizo falta ese incómodo momento, pero con Amelia no sería igual, debía conocer a sus padres, personas de mi edad que quizá podrían verme como un depravado, pero tenía un punto a mí favor, entre ellos también había una gran diferencia de edad y aparentemente les iba bien.
Admito que llegué a pensar que todo se había ido a la mierda, que ella había decidido dejarme para siempre, pero gracias al cielo me equivoqué y me sentía muy tranquilo de que haya sido así.
Conocer a su madre fue bueno, me di cuenta de que Amelia se parecía mucho a ella, pero imaginé que su seriedad la había heredado de su padre pues Victoria solo sonreía. Ella sugirió que conociera a su padre en otra ocasión, cuando él esté al tanto de que su hija tenía una relación con un hombre... mayor. Estuve de acuerdo y después de hablar con ambas me dediqué a trabajar.
Cerré mi laptop y la guardé en mi maletín. Eran más de las 10 de la mañana así que podría ausentarme de la oficina sin problemas.
Al salir Carol estaba al teléfono y levantó la mano para detenerme cuando me despedí en silencio.
—Te lo comunicaré en seguida —susurró a quien sea que estuviera del otro lado de la línea— fue un gusto saludarte, Marce...
Sonreí cuando ella me entregó el auricular, dejé mi maletín sobre su escritorio y saludé a mi exmujer.
—Buen día Marcela...
—Hola Sebastián —saludó con una voz alegre, una que hacía mucho no escuchaba en ella— ¿Estás ocupado?
—No, no... ¿Cómo va todo?
—Bien —susurró— se nos alargó el trabajo, pero creo que si todo sale bien esta semana estaremos de regreso.
—¿Estaremos...? —repetí, la oí reírse suavemente.
—Me refiero a Patricio y a mí...
—Oh... claro, había olvidado que viajaste con tu jefe.
Ella hizo silencio, uno largo que supuse traería algo más a la conversación.
—Estamos saliendo...
Durante años había deseado que ella dejara de esperar por mí, durante años deseé que apareciera alguien que llenara de felicidad el corazón que sabía yo había lastimado, pero al oírla, fue extraño. Había soltado su mano hacía una década, pero creo que en ese momento ella estaba soltando la mía y todos los años que vivimos juntos, nuestra relación, nuestro matrimonio, todo pasó en segundos por cabeza causándome nostalgia.
—¿Sebas? —su voz me alejó de ese sentimiento— ¿Me has oído?
—Sí, sí... lo siento... eh... wow... ¡Felicidades! —exclamé al salir de mi asombro—Realmente me alegro mucho por ti... ha pasado mucho tiempo y mereces ser feliz.
—Sí, ya me lo habías dicho antes, pero este viaje me sirvió para conocerlo más y... creo que merece la pena intentarlo.
—También lo creo...
—Ojalá tú consiguieras a una buena mujer para ti...
Por más que Marcela estuviera saliendo con su jefe, sentí que no era el momento para decirle que ya había conseguido a esa mujer, así que no comenté nada al respecto. Cuando estuviera de regreso nos tomaremos un café y hablaremos un poco de eso.
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Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
