Capítulo 54

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Las reuniones me han tenido tres días metido en San Mateo. Las reparaciones, el arranque de la molienda, las exportaciones... todo me ha tenido agotado desde que volví de Madrid.

Ni siquiera me he dado el tiempo de sentirme mal por lo sucedido con Amelia y aunque sé que me afectará en algún momento, decido que hoy no será ese momento.

Helena ha estado dando vueltas a mi alrededor, pero solo cumpliendo su trabajo, creo que está enojada, no sé por qué, pero tampoco he tenido tiempo para preguntar.

Ya hicimos todos los reportes —me dice Gregory— se iniciará las inspecciones de inmediato.

Bien —respondo palmeando su espalda—¿Estás bien?

Sí, tío... todo bien.

Me alegro, salúdame a tus padres...

Le beso la mejilla al muchacho y camino de regreso a la oficina.

El calor en San Mateo empieza a sentirse agradable, después del crudo invierno que hemos vivido, esto se siente muy agradable.

Helena está saliendo de la oficina de materia prima cuando estoy llegando a la mía, me ve, pero finge que no es así y toma el camino contrario al mío.

Helena... —la llamo.

Se detiene y me mira con indiferencia.

Buen día, ingeniero —susurra.

Buen día... ven un momento.

Saludo a los que están cerca y entro a mi oficina, ella también lo hace, pero no cierra la puerta, algo que me hace gracia, pero no sonrío.

Cierra la puerta, por favor —le pido.

Ella suspira y lo hace.

No voy a seducirte —le prometo, su mala cara se relaja un poco— ¿Estás bien? —le pregunto.

Muy bien, gracias.

Estás enojada conmigo... —ella solo me mira— me gustaría saber la razón.

No lo estoy —miente—¿Por qué lo cree?

Dejo mis cosas y me aproximo a ella, se muerde los labios y yo me cruzo de brazos a la espera de que me diga la razón de su molestia.

Tengo clara las cosas —empieza a decir—No estoy formándome una novela romántica con lo que ha pasado entre nosotros, pero tampoco me gusta pasar la noche con alguien y que este desaparezca por la mañana sin siquiera despedirse.

La señorita Helena ha levantado la voz y todo dentro de mí lo disfruta con tanto descaro que termino sonriéndole, pero no es a ella, sino a lo que me recuerda... ella frunce el ceño.

Olvídala, deja de pensar en ella siempre, me regaño mentalmente y regreso a la realidad.

Lo siento —susurro— tenía mi vuelo para las seis de la mañana y no quería despertarte...

Hubiera preferido que lo hagas y no despertar sola en un cuarto de hotel... no fue agradable.

Lo siento —tomo su mano y ella me mira nerviosa— la próxima vez te despertaré...

Su ceño se frunce y me digo a mí mismo que no estoy haciendo nada malo. Me repito que desde hace exactamente 17 meses soy un hombre libre y debo asumir ese hecho de una buena vez.

¿La próxima vez? —me pregunta.

¿Por qué no vamos a almorzar? —pregunto y ella aun a la defensiva solo me mira— Me ha dicho que hay un restaurante muy bueno en el centro de la ciudad...

DespertarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora