Siento frio y trato de cubrirme con el edredón, pero descubro que estoy envuelta en él. No quiero abrir los ojos, pero el aire está muy alto y quiero que Sebastián me abrace.
Lo busco con las manos y descubro que estoy sola sobre la cama.
Abro los ojos aun cuando no quiero y observo una suave luz amarilla alumbrando la habitación y aunque trato de escuchar si está en el baño, el silencio hace que me incorpore.
Estoy desnuda y sola en esa habitación donde hacia un par de horas habíamos hecho el amor.
Me levanto aun envuelta en la sabana y me cercioro de que no está antes de enfurecer, pero no me he equivocado... Sebastián no está.
«Debe estar en el bar»
Abro la puerta con temor de que alguien más me vea, pero parece todo estar vacío. Observo un letrero de no molestar colgando de la manija y doy un paso fuera de la habitación para ver si encuentro a uno de los chicos que trabaja en el club para preguntarle por Sebastián.
Para mi buena suerte, Octavio es el que aparece y me sonríe.
—¿Y Sebastián? —le susurro, él hasta parece avergonzado.
—El señor se ha ido —la confusión me invade de inmediato— puede descansar un poco más... nadie va a molestarla.
—¿Se fue? —repito solo para estar segura, Octavio asiente con pesar— ¡Hijo de puta! —grito furiosa— ¿Cómo ha podido irse sin mí?
Octavio me mira avergonzado y me giro maldiciendo en voz alta.
Me meto a la habitación y me doy cuenta de que el muy imbécil ha tenido la delicadeza de dejar sobre el sofá mi vestido de forma ordenada.
«Maldito perfeccionista»
Furiosa me meto en el vestido y tomo mis zapatos en las manos. Encuentro también mi bolso y saco mi móvil para darme el gusto de maldecirlo a través de una llamada.
Salgo de la habitación cuando el sol empieza a iluminar el cielo y espero que Octavio pida un taxi para mí.
La llamada que le hago a Sebastián es rechazada y las ganas de golpearlo aumentan de forma peligrosa.
—¡Idiota! —grito mirando mi móvil.
—¿Tan temprano y ya estás peleando? —susurran detrás de mí.
Me giro para encontrar a Andrés caminando hacia mí con la camisa abierta y con un aspecto tan sensual que me distrae un poco el mal humor.
—No me mires así, Amelia —me ordena y yo me giro avergonzada, él se ríe de mí y yo lo miro sobre mis pestañas— ¿Con quién peleas?
—¡Con el imbécil de tu amigo! —grito de nuevo mirándolo.
—¿Dónde está? —pregunta mirando a su alrededor.
—¡Se ha ido! —me quejo, Andrés frunce el ceño.
—¿Cómo...? —sigue mirando a su alrededor y luego clava sus ojos verdes en mí— ¿Se ha ido y te ha dejado aquí? —pregunta ahora un poco enfadado— No es posible...
Octavio aparece y Andrés se gira hacia él.
—¿Dónde está Sebastián? —le pregunta al hombre.
—Se fue hace como una hora, señor... —Andrés parece realmente sorprendido—El taxi está en camino, señorita Amelia.
—Gracias —respondo furiosa y el hombre se aleja de nosotros— ¡Voy a matarlo! —me quejo.
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Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
