Capítulo 19

213 22 3
                                        

Aquellos fueron los días más duros y largos de mi vida. He llorado como jamás lo había hecho antes y he sentido una guerra en mi interior en la que la única perjudicada seria yo.

Un golpecito en mi puerta y esta se abrió. Pamela apareció con una taza en sus manos y se acercó a mí. Me acomodé sobre la cama y ella me miró con pesar.

No es tan malo —aseguró mi mejor amiga, sabía que se refiere a ese lugar o a lo que hacían allí—. Solo tienes que ser un poco más... abierta a cosas nuevas.

No quiero seguir hablando de eso.

Ella me entregó la taza con chocolate caliente y suspiró. Llevaba días contándome que ella y su novio frecuentaban ese lugar, llevaba días tratando de decirme que esas personas no son desleales, ni infieles y logré entenderlo, si pienso en Pamela la puedo entender, el sexo es muy diferente en cada persona, en cada pareja, pero si pensaba en Sebastián y yo, no era capaz de vernos allí, no era capaz de creer que un hombre como él pudiera llevar ese tipo de vida.

Creo que es normal que reacciones así —continuó Pamela— Creo que debió hablar de ello contigo y no dejar que las cosas sucedieran así, pero porque sé lo que es el mundo swinger te puedo asegurar que las personas que vamos allí también somos capaces de amar y ser fieles, porque para estar allí tu pareja debe estar al tanto y de acuerdo.

No estuve al tanto ni de acuerdo —le aclaré— él estaba allí, habíamos discutido y estaba allí, a punto de follarse a alguien.

No todos los que están allí van a follar —me aclaró— algunos solo miran... además es el dueño del lugar —respiré profundo y no dije nada— No seas tan cerrada, debes dejar que él te explique mejor las cosas.

Pamela se puso de pie, besó mi frente y salió de mi habitación. Miré mi teléfono inmóvil sobre la mesita junto a mi cama, ese mismo teléfono que no había tenido ni un solo mensaje de Sebastián. Él solo se había quedado en silencio y había cumplido con lo que le había pedido... se alejó de mí.

Estuve agradecida de haber podido trabajar en casa, estaba agradecida de haber pasado mi mal momento sola, sin que los demás estuvieran preguntándome lo que me sucedía.

El fin de semana llegó y Pamela apareció con una botella de vino y muchas cosas ricas para comer.

¡Vamos a embriagarnos! —fue todo lo que dijo.

La vi tomando dos copas y luego caminó hacia el sofá donde yo estaba. Me entregó una copa y la llenó para mí.

Brindemos—susurró chocando su copa con la mía— por el amor, ese que duele, pero al que no quieres renunciar... —la vi beber de su copa por completo y luego volvió a llenarla— él me pidió tiempo...

Respiré profundo y bebí de mi copa para acompañarla en ese momento. Yo no me sentía mejor que ella, pero en ese momento parecía necesitar más que yo desahogarse.

Media botella de vino después ambas estábamos adormecidas.

Creo que se enamoró de alguien más... —susurró con dolor— siempre que íbamos al club nos encontrábamos con esa pareja... el hombre es guapo... y Diablos es fuego.

No me cuentes sobre eso...—pedí.

Escucha... quizá puedas entender —me dijo.

No creía poder entender pero el alcohol me había relajado lo suficiente para no sentirme asqueada con el tema.

Sabía que la mujer y él se atraían mucho, pero era sexo ¿no? Debía atraerle... pero entonces solo era con ellos, incluso sin estar el marido, ella se unía a nosotros y terminábamos siendo un trio.

DespertarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora