Su auto se mueve por la autopista y yo observo por la ventana la ciudad sin poder creer que estoy aquí, en su auto, con él a mi lado, con el aroma de su piel en la mía.
Me siento un poco mejor de saber que sus palabras en el elevador fueron provocadas por sus celos, aunque sé que su dolor y sus miedos son reales, pero por lo menos no tiene la intención de echarme.
Recordar a la mujer con la que sale me duele, me asusta y aunque quiero decirle muchas cosas me mantengo en silencio esperando el momento correcto para hablar.
—Fue Fernanda —susurra Sebastián.
Lo miro aun con la vista fija en el camino y no entiendo lo que ha dicho.
—La razón por la que te dejé en el club... —me aclara mirándome un segundo—Intenté avisarte que tenía que irme —me cuenta— pero estabas muy dormida...
—¿Lo hiciste? —pregunto, él asiente.
—Te besé y te dije que tenía que irme —saberlo mejora un poco más mi ánimo— no me escuchaste y no quería despertarte —vuelve a mirarme cuanto se detiene en la esquina— esperaba volver antes que despertaras, pero todo se complicó...
—¿Ella está bien? —le pregunto.
Él me mira y sonríe como si le sorprendiera mi pregunta.
Quiero decirle que ahora entiendo el tipo de amor que siente por ella y puedo actuar como una mujer racional.
—Estará bien... —asegura aun sonriéndome.
Cruza la calle y me sorprendo cuando estaciona fuera de su casa.
Él apaga su auto y yo sigo mirando hacia su hogar, ese lugar que visité antes de irme, ese donde tomé la decisión de marcharme.
—¿Bajamos? —me pregunta.
Suspiro y me quito el cinturón sin mirarlo. Salgo del auto mientras él camina hacia su maletera para tomar sus cosas.
—Entra —me dice cuando estoy de pie esperando en la puerta.
—Está cerrada —le digo.
Mi estómago se llena de insectos cuando lo veo cerrar su maletera y caminar hacia mí con esa seguridad y elegancia que solo él posee.
—Ábrela —me dice.
Por un segundo no entiendo lo que me pide, pero cuando veo el tablero digital, mi memoria recuerda aquella mañana cuando puso mis huellas en su sistema de seguridad y las ganas de llorar me invaden al pensar que después de todo este tiempo él no lo ha borrado.
Levanta mi mano temblorosa y la presiono contra la pantalla digital. La luz verde se enciende y la puerta principal de su casa se abre para mí.
Me muerdo los labios para reprimir mis ganas de llorar.
Él se acerca y me rodea con su brazo la cintura. Lo miro y se inclina para besar mis labios y calmar esa abrumadora felicidad que siento.
—No llores —susurra, respiro profundo— Entremos...
Trato de calmar mis lágrimas y camino delante de él hasta la puerta principal, de nuevo me indica que la abra y vuelvo a presionar mi mano sobre la pantalla y la puerta también se abre.
Me tomo un segundo para olvidar el triste momento que viví aquí la última vez que vine y Sebastián se acerca y me acompaña hasta el centro de salón.
Todo allí luce igual que la primera vez que visité su casa, aquella primera noche para nosotros... aquella primera vez.
Sebastián camina hasta la mesa del comedor y deja sus cosas allí.
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Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
