Su pecho y el sonido de su corazón me hacían sentir a salvo. Era fuerte cuando él estaba junto a mí, cuando sus brazos rodeaban mi cuerpo y sus besos me llenaban de amor.
—¿Estás dormida?
Su voz volvió a ser pausada, elegante, amable.
—No —respondí— aunque creo que estoy soñando.
Me apretó a su cuerpo y besó otra vez mi cabello.
—Estar a tu lado es la realidad que quiero en mi vida.
Levanté la mirada y el amor me golpeó con fuerza el corazón.
Lo amaba tanto.
—Dime que estaremos bien —susurré.
Él me miró en silencio y suspiró.
Me dejó sobre la almohada y se giró para mirarme mejor.
—¿Qué necesitas para confíes en mí? —preguntó.
Amaba su voz.
—Confío en ti... —respondí.
Sebastián me miró con pesar y acarició mi mejilla.
—Si confiaras en mí no estarías pensando que me voy a follar a cualquier mujer...
Quise defenderme, pero seguí en silencio.
—Sé que te sientes insegura —me dijo acariciándome el cabello—, pero Amelia... en este momento de mi vida, eres todo lo que necesito para estar bien.
Me sentí tonta por ser tan insegura de su amor, pero no podía evitarlo. Sebastián lucía como esos hombres a los que cualquier mujer admiraría con solo verlo pasar, pero además de su belleza física, era un ser humano maravilloso, inteligente y tan educado que me resultaba increíble que yo fuese la mujer que él necesitaba.
Me costaba trabajo pensar que realmente era todo lo que quería en su vida.
—Dime qué necesitas que haga para que dejes de sentirte insegura respecto a nosotros.
«Que no vayas nunca más al club»
Quise decirle, pero en realidad ni siquiera sabía si ese era el problema porque cuando estuvimos allí, la había pasado tan bien que sería hipócrita decir que no me gustaba el lugar.
—Pídeme lo que desees, Amelia —acarició mi mejilla y me hizo suspirar—, haré que lo esté a mi alcance para que estemos bien.
«Quiero que regreses a Fernanda a Europa»
No puedo pedirle eso, «¿o sí?»
No podía ponerme dramática, no después del ridículo que hice en los últimos días y no quería mencionar el club porque, aunque ese era mi más grande temor, también sentía mucha curiosidad al respecto.
—Dímelo, cielo —susurró acariciando mi nariz con la suya— Tenemos que arreglar nuestros problemas para poder continuar...
Salí de la cama solo usando su camisa y me detuve junto a la ventana para intentar pensar con claridad.
«¿Qué necesito para sentirme segura de él?»
Respiré hondo y me atreví a mirarlo.
—No estoy preparada para compartirte...
«Listo, lo dije»
Sebastián frunció el ceño como si no entendiera mis palabras.
—¿Compartirme? —preguntó— ¿Te refieres al club?
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Despertar
RomansaAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
