Capítulo 51

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Otra vez observo el jardín y trato de que ese vacío que de nuevo se ha apoderado de mí, desaparezca, pero no sucede, todo sigue igual.

Tengo una mezcla entre felicidad y tristeza, un revoltijo en el corazón, una felicidad en el alma y una confusión en la cabeza.

¿Aún lo amo?
Definitivamente sí.

Me he negado a aceptarlo, me he negado a admitir en voz alta que después de todos estos meses el amor que siento por él no se ha ido, pero lo cierto es que después de tanto tiempo las cosas cambiaron.

Yo cambie... no soy la niña que él cautivaba con solo sonreír, dejé de actuar de ese modo, deje de sentirme de ese modo.

Mi cuerpo cambió, mi mente lo hizo también y hoy no basta con amarlo porque el recuerdo de la ridícula mujer que fui a su lado, no me agrada.

La mujer que soy hoy, que sonríe... que es libre y que además tiene a alguien que le llena el alma y le da paz es la versión de mí que más me gusta.

Así que no es suficiente ese amor que golpea mi corazón, no es suficiente que él siga siendo hermoso, que sus ojos sigan brillando al mirarme, porque siento que, a su lado, no soy yo.

Admito que me equivoqué... —dice Anto al acercarse a mí.

Cierro los ojos y me preparo para esto.

Giro y la miro sin decir absolutamente nada.

Pensé que estabas cometiendo un error al decidir venir aquí —me dice con el ceño fruncido— Pero la que estaba en un error era yo al creer que realmente te habías enamorado de mi padre —se burla de sus palabras y yo solo la miro— Pasé meses exigiéndole a mi papá que viniera por ti, pasé meses reprochándole su indiferente hacia ti... —eso duele, saber que ella le pedía eso y él no hizo nada, duele— Hoy me alegro de que no me haya hecho caso...

Respiro profundo y solo la escucho sin decirle nada.

Fuimos injustos con papá —me dice—el tío Andrés, Carol... hasta mi madre porque todos le reprochamos que te haya dejado ir, que te haya sacado de su vida sin pensárselo... y ahora que te he visto me he dado cuenta de lo injustos que hemos sido con él.

Tu papá hizo lo que pedí...

Sí, eso dijo mil veces —me responde molesta— las mil veces le dije que cuando uno amaba no abandonaba y que él te estaba abandonando... y hora mírate, estás aquí, trabajando para una editorial buena, vistiendo muy bien, luciendo bien, pero sobre todo estás aquí... siendo feliz sin mi padre —su reproche le llena de lágrimas los ojos— pensé que ibas a arrepentirte, pero la arrepentida soy yo por no haber dejado en paz a mi padre.

Ella trata de controla sus emociones y se gira para marcharse.

Espera —le digo, ella se detiene, pero no me mira— ¿no escucharás mi defensa?

Antonieta Becquer se gira y me regala una mirada dolida.

No —responde molesta— porque no me interesa... porque no solo me equivoqué al pensar que amabas a mi padre... también lo hice al pensar que éramos amigas.

No voy a decir nada con respecto a mi relación con tu papá —le claro— pero me disculpo por haberte alejado.

¿Alejado? —me grita— ¡Fui a verte cuando papá dijo que te marcharías! Toqué tu puerta mil veces y jamás abriste y sabía que estabas allí....

No quería ver a nadie... lo siento.

Te llamé cien veces y jamás respondiste... ¡me bloqueaste! —ni siquiera puedo defenderme de eso— Te escribí muchas veces y jamás respondiste —las lágrimas mojan sus mejillas y ella las seca con molestia— No solo mentiste al decir que amabas mi padre, también al decir que éramos amigas —no me defiendo porque sé que no vale la pena... ella no va a entenderme nunca— Pero bueno, valió la pena y te felicito... tienes todo lo que soñaste.

DespertarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora