Capítulo 5

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Las sábanas olían a él y aunque me pidió que durmiera no pude hacerlo más. Los recuerdos de la noche anterior acabaron conmigo.
Todo fue maravilloso, la mejor noche que había tenido en toda mi vida.

No pude reprimir una sonrisa al pensar en él, no pude evitar los bichos en mi estómago cada vez que recordaba su cuerpo sobre el mío.

Dios, él no puede ser real.

Mi teléfono empezó a sonar y supe que Pamela estaba llamando otra vez. Lo tomé de la mesa donde supongo él la había dejado y le respondí.

¿Dónde estás? gritó mi amiga.

En una cama suave y grande.

¡Dios mío! exclamó como aliviada No estás con Sergio, ¿verdad?

¿Qué? ¡No!

¡Gracias al cielo! La tonta de Ivonne me dijo que Sergio le contó que saldría contigo...

Está loco, ni siquiera le he respondido los mensajes.

¿Entonces con quién estás? preguntó mi mejor amiga.

No lo conoces...

Eso ya lo dijiste ayer —se quejó— ahora quiero que me expliques quién es el hombre que ha hecho que mi amiga correcta se meta en su cama a la primera cita.

No pude evitar reírme y tuve que hacerle un resumen distorsionado de las cosas, pues no quería decirle que lo había conocido en el estacionamiento de aquel club.

Después de parecer más tranquila me interrogó sobre la noche que había pasado y no pude ocultar lo emocionada que me sentía. Pamela casi se desmayó cuando le dije que pasaría el día con él, estaba rogando estar en casa cuando vaya a buscar ropa.

Después de mil preguntas se despidió porque se iba a trabajar. Era miércoles así que era normal que todo el mundo estuviera corriendo al trabajo mientras yo disfrutaba de ese pequeño placer llamado vacaciones y que en esa oportunidad sí era agradable.

Busqué en la habitación mi vestido negro, pero no lo encontré así que me metí en una de sus suaves y esponjosas salidas de baño y caminé fuera de la habitación. Todo estaba en silencio, tanto que pensé estaba no había nadie.

Bajé las escaleras y terminé de asustarme al mirar su casa. De día lucía aún más hermosa y elegante que la noche anterior, aunque claro, después de lo que me hizo en el auto no estaba del todo consciente cuando entré allí.

Buen día... saludaron detrás de mí.

El corazón se me aceleró y salté asustada. Cuando giré vi a una mujer adulta sonriéndome con amabilidad

Perdón, no quise asustarla se disculpó. Soy Aurora, trabajo para el señor Sebastián desde hace algunos años...

Buen día... Soy Amelia respondí aún avergonzada— eh... estaba buscando mi ropa.

¿Un vestido negro? La vergüenza aumentó cuando asentí. La acabo de meter a la lavadora... en 20 minutos estará lista.

Gracias...

¿Le sirvo café o té?

Café...

¿Negro, con leche... claro?

Con leche, uno de azúcar.

Enseguida se lo traigo... susurró con una sonrisa amable antes de desaparecer por una puerta vaivén.

DespertarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora