Ella caminó delante de mí con ese vestido ceñido y sus zapatos de tacón que la hacían lucir tan hermosa. Me recordó a aquella primera vez que salimos juntos y cómo terminó esa noche. Me hizo desearla y empecé a arrepentirme de haberla castigado en la ducha porque la resentida ni siquiera me dejó tomar su mano.
Fuimos guiados hasta una de las mesas. El restaurante tenía música instrumental y velas iluminando el centro de las mesas. El hombre retiró la silla para ella y le sonrió en agradecimiento.
Era tan hermosa que me fue imposible dejar de mirarla mientras tomaba mi lugar a su lado.
El mesero nos dejó la carta de vinos y se retiró. Ella observó el lugar y luego me miró.
—Es lindo —comentó refiriéndose al lugar.
—Tú más...
Solo llevó su mirada hacia mí y ni siquiera sonrió. Se había enfadado y me provocaba follarla estando así para saber a qué sabía el sexo con ella furiosa.
—¿Te parece si yo elijo el vino? —le pregunté, ella solo asintió— ¿No volverás a hablarme?
—Estoy eligiendo qué comeré —respondió sin mirarme— ¿Qué me recomiendas?
—No he comido nunca aquí.
Ella parece sorprendida cuando me mira.
—Oh... pensé que solías traer a tus conquistas aquí...
Su comentario no me hizo gracia y le regalé una mala cara.
—Si estás molesta porque te dejé en la ducha puedo entenderlo... —susurré — pero no dejes que tu mal humor hable por ti, porque si logras enfadarme no va a gustarte.
Le aconsejé con tranquilidad. Ella se acomodo en su asiento y cruzó sus brazos en una postura desafiante.
—Oh... y si hago eso, ¿qué castigo me darás? —respira Sebastián, respira— ¿Me dejarás sin teléfono?
No le respondí, solo la miré y me recordé que en esta relación yo debía ser el maduro así que respiré profundo.
Me di cuenta de que, aunque para mí no había sido gran cosa, para ella sí. Estaba ofendida, o quizá se sentía rechazada, no lo sabía, pero estaba molesta, más de lo necesario.
—Entiendo que estás enfadada...
—No, creo que no entiendes —me interrumpió— no me molesta que me hayas dejado en la ducha, me molesta que siquiera pienses que tienes derecho a castigarme como si fuera una niña.
—A una niña no se le castiga de ese modo —le aclaré, ella giró los ojos— Si te he lastimado con mi actitud, me disculpo.
Ella ni siquiera me respondió, solo continuó mirando la carta y luego la cerró.
—No me gusta que estés enfadada conmigo —le susurré, ella me miró— pero seré sincero al decirte que te deseo el doble estando enfadada.
Otra vez no me respondió, pero vi el efecto que causaron mis palabras en el rubor de sus mejillas.
—Podría hacerte tantas cosas para quitarte el enojo...
—¿Y crees que te dejaría?
—Intentaría convencerte —respondí inclinándome más hacia ella— un buen orgasmo siempre se lleva el mal humor.
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Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
