Salí del baño con el cabello totalmente alisado. Me senté sobre la cama y observé la caja que habían dejado para mí. La abrí de nuevo y sonreí como tonta al ver el hermoso antifaz que él me ha enviado. Era totalmente plateado con un lado que parecía un ave y tenía pequeñas aplicaciones de piedras amarillas que brillaban de forma maravillosa.
Estaba tan encantada que me sentía ansiosa por usarla, por tener esto de recuerdo de mi primera vez en el club y junto a él, que era lo que más me emocionaba.
Decidí dejar de perder el tiempo porque en nada llegaría su chofer por mí y me apliqué crema sobre todo mi cuerpo. El aroma a coco de mi marca favorita me hizo sentir satisfecha así que cuando estuve lista tomé el vestido de seda color perla, ese que compré hace casi unos años y que jamás había encontrado el momento especial para usarlo.
Me había encantado el cuello de piedras que caían en delgados hilos hasta la cintura y rompían con la sobriedad de la seda, era elegante y sexy, el vestido perfecto y lo había elegido para usarlo esa noche.
Los zapatos de tacón fueron mis favoritos desde niña, mamá solía dejarme subir a los suyos y aunque siempre estaba cayéndome, nunca desistí por ello ahora que soy una adulta puedo usarlos sin problemas, aunque claro, los dejaba en el armario con más frecuencia de la que me gustaría porque no quería enfermar de los riñones tan joven.
Un poco de perfume, retoqué mi maquillaje y respiré profundo para calmar mis nervios, pero todo empeoró cuando Pamela golpeó la puerta y poco después se quedó boquiabierta frente a mí.
—¡Diablos! Estás para echar un polvo —me ruboricé apenas lo dijo y ella se carcajeó— Solo bromeo, ya te dije que yo soy de tríos con hombres.
—No hace falta que lo menciones —me quejé.
Ella siguió riendo y se acercó a mí, me tomó la mano y me hizo girar logrando que mi vestido tomara vuelo y gire conmigo.
—¡Me encanta! En verdad llegué a pensar que desperdiciarías este vestido con el idiota de Sergio —giré los ojos cuando menciona a mi ex— No me puedes culpar, te dejó muy afectada cuando se fue...
—No me esperaba que se fuera —aclaré— pero no es que me hayas visto llorando en las esquinas...
—No, gracias a Dios —ella sonrió y luego su mirada se fue sobre el antifaz que aún reposaba sobre mi cama— ¡Oh Diablos, que cosa más hermosa!
Pamela lo tomó y lo observé con detenimiento pasar sus dedos sobre las piedras que decoran el obsequio.
—¿Sabes qué piedra son? —niego de inmediato— Estoy segura de que debe tener un significado... —el timbre nos interrumpió y ella sonrió de nuevo cuando me la entregó— Espero que Sebastián pueda hacer trampa y quedarse contigo de lo contrario otro disfrutará de tanta belleza...
—¡Cállate! —Pamela volvió a reírse mientras caminaba hacia la puerta— No me ayudas...
—Ya te dije —susurró deteniéndose antes de salir— Lo único que no tienes permitido esta noche es sentir vergüenza...
—¿Por qué no vienes? —pregunté de nuevo.
—Lo siento —susurró— ya hice planes, de lo contrario te acompañaría y quizá con suerte, Andrés podría ser mi pareja esta noche.
Ella mordió sus labios al mencionar al mejor amigo de Sebastián y luego se alejó de mí.
Tomé mi bolso, guardé las tarjetas que incluyó Sebastián en el envío, mi identificación y dinero. Guardo mi móvil y salí de mi habitación con la máscara en mi mano y el bolso en mi hombro.
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Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
