Andrés empieza a guardar todos los documentos y yo me pongo de pie. Había tenido un día horrible, de reunión en reunión y con el vacío en mi interior que había dejado la conversación con Amelia la noche anterior todo pintaba fatal.
No había dormido nada, no había logrado hacerlo y me sentía agotado para cuando la noche empezó a caer.
—Ya el abogado empezó los trámites de mi divorcio —susurró Andrés aún con la mirada fija en los documentos.
—¿Cuándo hablaste con él?
—Hoy... quiero terminar con ese asunto lo más pronto posible.
Andrés se puso de pie y caminó hacia el estante donde guardaba toda la documentación, sinceramente parecía tranquilo, no lograba comprender cómo podía estarlo si él hasta hace unas semanas daba la vida por Luciana.
—Pensé que lo pensarías un poco...
—No —respondió girando hacia mí— le he dado mi vida a esa mujer, pero no desperdiciaré mi tiempo con alguien que no me ama —me sentí mal de pensar que era responsable de ello— no es tu culpa lo que está pasando... podía haber sido cualquier otro.
Asentí y juntos salimos de su oficina, yo dispuesto a marcharme y él a disfrutar de su nueva soltería.
—No te marches aun —sugirió en la entrada del club— Ambos necesitamos distraernos...
—No participaré —advertí mientras Paul, sacaba las pulseras. Andrés tomó la azul y yo me negué a usar alguna— quien te ve va a creer que estás feliz con la separación.
—No, quien me ve sabrá que estoy necesitando cariño jajaja
Admiraba a mi amigo, su buen humor y la forma como canalizaba sus problemas.
Juntos entramos al club y fui consciente de que algunas parejas con las que había hecho un trio buscaron la pulsera en mi muñeca. Le sonreí a una de las mujeres y esta solo me devolvió el gesto.
Sexo y pasión era lo que me rodeaba, parejas disfrutando de otras personas. Solteros que llegaban al club buscando un poco de diversión y otros que solo estaban allí, como yo, solo para distraerse.
Durante muchos años ese lugar fue mi favorito, solía pasarme tres veces por semana y me unía a las parejas buscando un poco de diversión, pero en ese instante de mi vida, no estaba buscando diversión.
Nos detuvimos en el box de una pareja de amigos, pareja con la que Andrés y Luciana solían relacionarse y con la que yo había hecho trio alguna vez.
—Llevas mucho sin usar una pulsera —Susurró Michael— El amor te tiene satisfecho...
—Muy satisfecho —respondí. Ella caminó hacia mí y besó mi mejilla— ¿Cómo estás?
—Encantada de verlos...
Michael tampoco usaba una pulsera esa noche, me contó que había estado agripado y estaba un poco cansado para unirse a la fiesta, pero que su esposa había tenido una semana terrible en el hospital donde trabajaba y merecía distraerse.
Andrés se sentó frente a mí y Carolina tomó un lugar justo sobre sus piernas. Mi amigo sonrió ante el movimiento sensual de ella sobre su miembro. Michael sonrió cuando su esposa se inclinó hacia él y lo besó.
Llevaban casi 15 años de casados y desde hacía cinco había llegado al club. Eran personas estables, serias y amables. Ella era hermosa, dulce y muy apasionada, por eso Andrés disfrutaba del sexo con ella.
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Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
