Augusto conducía con calma por la autopista que nos llevaría directo a San Carlos. Roger, el padre de Amelia me ha enviado un mensaje avisándome el lugar y la hora de nuestro encuentro.
Amelia había insistido en venir, pero ese encuentro tenía que ser solo entre su padre y yo.
—Llegaremos a buena hora —aseguró Augusto desde el asiento delantero.
—Me alegro, llegar tarde siempre me puso de mal humor...
—Excepto cuando se iba a de fiesta y llegaba a su casa por la mañana —sonreí apenas lo mencionó.
—Dios bendiga tu memoria, Augusto.
—La edad todavía no me afecta lo suficiente, señor.
El hombre sonrió y siguió conduciendo con tranquilidad por la autopista que nos llevaría a San Andrés. Me sentía un poco ansioso, nunca había tenido que hablar con el padre de nadie, pero es lo que debía hacer.
Mi teléfono empezó a vibra sobre el asiento y lo tomé. El rostro de mi mejor amigo apareció en mi pantalla y respondí.
—Andrés, buen día —saludé.
—Hola Sebas, ¿ya estás con tu suegro?
—Aún no llegamos... ¿Cómo va todo?
—De maravilla, han llegado los ingenieros, se están ocupado de las luces y el sonido para esta noche...
—Excelente...
—Aurora ya recibió tu máscara y la tintorería envió tu traje.
—Genial, he pedido que envíen una máscara para Amelia, espero que llegue a tiempo.
—¿Para Amelia? —preguntó sorprendido.
—Sí, quiere ir a la fiesta... conmigo.
Andrés suelta un silbido que me hace sonreír.
—Vaya vaya... parece ser una niña valiente después de todo.
—Lo es —susurré con orgullo— Claro, no participará de la dinámica, la idea de que pueda tener la mala suerte que encontrarse de nuevo con Mario no me hace ni un poco feliz.
—Bueno, tendremos que hacer trampa para que ambos tomen el mismo número jajaja
Andrés parece estar de muy buen humor, más de lo usual.
—¿Y esa joven irá a la fiesta? —pregunté.
El auto pasó por el letrero de bienvenida del pequeño pueblo donde nació mi chica.
—No me lo ha dicho —respondió— con ella todo es un misterio, pero yo sí participaré así que hoy seré de quien tenga la suerte de tomar el mismo número que yo jajaja
Augusto detuvo el auto justo frente al restaurante donde el padre de Amelia me había citado casi 10 minutos antes de lo acordado. Lo cual me hizo sentir más cómodo por ser quien esperará por él.
—Igual te la pasarás bien...
—Más que bien —aseguró mi amigo— son 10 años, tengo que celebraron a lo grande jajaja.
—Cómo si necesitaras motivos —bromeé— Bueno, hablamos más tarde... he llegado al restaurante.
—Buen provecho —bromea el cabrón—Espero que el poli no te esté esperando con su arma cargada jaja
ESTÁS LEYENDO
Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
