Andrés estaba de pie frente al espejo del baño, acomodó su antifaz y sonrió, parecía feliz, aunque sabía que no lo estaba del todo.
Él y Luciana habían firmado el divorcio dejando atrás una historia que durante varios años creí nunca terminaría y sabía que eso debía dolerle.
—Solo habla con ella —me dijo, lo miré sin entender— Con Amelia, habla con ella, dile cómo te sentiste y ya.
No le respondí y continué mirando a todas las personas que empezaban a llegar al club.
—Soy el menos indicado para darte consejos —me dijo— sobre todo porque no gozo de una paciencia envidiable, pero tú sí y estás enamorado de ella... solo háblale.
—Hoy no —fue todo lo que dije— Hoy solo quiero descansar.
Él se alejó del espejo y caminó hacía mí.
—¿Hablaste con Fer? —le pregunté.
—Sí, ya le advertí que, si vuelve a comportarse así, estará en problemas conmigo.
—Ni siquiera podía creerlo cuando Anto me contó —admití— No puedo creer que haya querido golpear a Luciana.
—Es una loca irresponsable —se quejó— Pero ya está advertida... si puedes llámala.
—Lo hice —le conté— estaba furiosa, Luciana le contó que había ido a verme ayer y que comeríamos hoy, lo cual le aclaré que era mentira.
Andrés me dejó ver su molestia por lo sucedido.
—Le expliqué a Fer que solo fueron dos minutos, que ni siquiera entró a mi casa y solo fue para disculparse.
—Creo que quería celebrar su libertad contigo —comentó el idiota.
—Solo se disculpó, de nuevo por lo que sucedió.
Fue todo lo que dije con respecto a la visita que Luciana me hizo ayer.
—Sí, claro —respondió Andrés con molestia— da igual, lo que haga con su vida ya no me importa... —mentía, lo sabía— ahora somos libres.
Él se giró y me sonrió, yo intenté imitarlo, pero era malo fingiendo.
—No te dejes llevar por tu molestia —me dijo de pronto— Habla con Amelia, arregla las cosas con ella... estaba molesta, es normal que actuara por impulso.
—No creo que haya sido impulso —respondí— Acaso no escuchaste a sus padres... ella sueña con esa vida lejos de aquí.
—Soñaba —me aclaró— Su padre mismo lo dijo... ella soñaba con ella, pero las cosas cambiaron...
Miré hacia salón rojo que de nuevo había cambiado su decoración y en esa ocasión estuvo lleno de llaves doradas colgadas de forma delicada por el recinto.
—Ella no necesita irse de país para cumplir sus sueños —me dijo Andrés sin dejar el tema— Contigo puedo hacerlo y si cuando termine de estudiar quiere viajar, puedes vas con ella...
—Es muy joven —susurré, él me miró sin entender— No quiero detenerla, no quiero truncar su camino, no quiero atarla a mí.
—¡Por favor! —se quejó mi amigo— A lo único que podrías atarla sería a una cama y para follarla.
—Tú mismo me lo dijiste —le recordé— me dijiste que ella tenía sueños y que merecía hacerlos realidad.
—Lo sé, lo recuerdo, pero si ella te ha dicho que no quiere irse, entonces deberías creerle y si piensas que sacrificará su futuro por quedarse contigo, entonces hazle un futuro increíble a tu lado... puedes hacerlo, tienes el dinero y el amor para hacerlo.
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Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
